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Pulmones de la Iglesia

Alberto Iniesta, obispo auxiliar emérito de Madrid ALBERTO INIESTA | Obispo auxiliar emérito de Madrid

Como país turístico, el mismo Estado español dispone de una cadena de albergues de alto nivel –¡y altos precios!– en antiguos castillos o palacios, dotados de moderno confort.

Naturalmente, no voy a hacer propaganda de los conocidos paradores de turismo, sino de otra clase de instalaciones que bien podríamos llamar de turismo espiritual; o sea, las casas de ejercicios de la Iglesia. Según me informan en la Vicesecretaría de la Conferencia Episcopal, son 795, pertenecientes a diócesis o congregaciones religiosas.

Distribuidas por toda España, la mayoría en medio de hermosos parajes de mar o de montaña, aunque algunas están en ciudades, pero aun en esos casos disponen de amplio jardín alrededor: en residencias sencillas, pero confortables; comidas sin lujos, pero razonablemente buenas; y pensiones al alcance de todos los bolsillos.

Yo he conocido muchas de ellas, y aunque ya estoy retirado de esta actividad por mis limitaciones, quiero recordar aquí una de esas realidades de la Iglesia que son poco conocidas, aun para los de casa. Porque si tanta gente trabaja modestamente día a día en esas residencias, al servicio de los ejercitantes; y si tantas instituciones sostienen unos edificios tan valiosos, es simplemente por amor a Cristo y por anunciar la alegría del Evangelio, como dice el papa Francisco en su hermosa exhortación.

Durante esos días, las casas de espiritualidad se convierten en una imagen viva de la Iglesia doméstica, donde todo se convive: charlas y liturgia, comidas y paseos, y, finalmente, la alegría de la vida cristiana renovada.

Además, en este tiempo de verano se abren a diversas actividades pastorales, de las cuales Vida Nueva ofreció una abundante oferta en el nº 2.947. Las casas de espiritualidad son durante todo el año como los pulmones de la Iglesia en la Tierra, donde el Espíritu sopla con fuerza, renovando la vida cristiana.

En el nº 2.953 de Vida Nueva.

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