.


Desafíos en España para una pastoral de la creación

sequía y tierra rota en España

sequía y tierra rota en España

FERRÁN LLUCH I GIRBÉS, presidente de la Comisión para la Pastoral del Ambiente y Ecología Humana del Arzobispado de Valencia | En España hay graves problemas ecológicos, pero cuesta ver cómo nos afectan, y eso está en relación con que, en nuestras diócesis, el tema queda bastante relegado, si es que se plantea, en la pastoral. Por eso, desde nuestra breve existencia como Comisión, el primer problema que encontramos es el la sensibilización.

Ciertamente, aquellos que trabajan en movimientos sociales rápidamente captan la necesidad de salvaguardar el medio ambiente para salvaguardar la dignidad del ser humano. Es cierto que los jóvenes son receptivos; es más, qué lástima que se comprometan en movimientos ecologistas ajenos a la Iglesia (algo loable) porque no encuentran una Iglesia preocupada y convencida de su misión de cuidar la creación (algo no tan loable).

Pero hay una gran masa de gente a la que le resulta complicado entender el deber, como cristianos, de trabajar en la cuestión ecológica, ni siquiera a través de las parroquias. Hablo como sacerdote en parroquia: la mayoría de los sacerdotes bastante trabajo tienen con las tareas acostumbradas como para añadir otra más y que, encima, no tienen clara o les parece ajena.

Y aquí viene otro problema: nuestro requerimiento pastoral es muchas veces más asistencial (“que me ayuden a resolver los asuntos pastorales de mi catequesis, mis jóvenes, mis matrimonios”) que promocional (“vamos a afrontar, además, nuevos retos a los que hemos de dar respuesta desde la fe”). Y no lo olvidemos: muchísimos de nuestros inmigrantes, por poner un ejemplo, lo son por el mal uso de los bienes de la tierra que se hace en sus países.

No menos problemático es que demasiados fieles, a pesar de su formación bíblica, aún entienden la creación en clave utilitarista. Nos quedamos en aquello de “someted la tierra”. Con ese tipo de lectura no hacemos de la creación una puerta abierta para el encuentro con Dios, a la vez que, al ser humano, ministro responsable de ella.

Un antropocentrismo utilitarista es otro factor que choca con la preocupación por la salvaguarda de la creación. Cuando el agua se convierte en negocio, por ejemplo, nos olvidamos de ella como fuente de vida. En ocasiones, ante el peligro del panteísmo, el panvitalismo o el biocentrismo, caemos en el efecto pendular, subrayando tanto al hombre que lo convertimos en destino absoluto de la creación, ocultándole su papel de responsable y ministro de la creación.

Cuando estudiábamos Teología, el tratado de la creación seguía planteamientos excesivamente teóricos, especulativos, y desligados de la historia de la salvación. A pesar de que el magisterio de la Iglesia manifiesta una y otra vez que la cuestión ecológica es una cuestión moral, la moral de a pie y la de otras alturas mira a otras partes (no menos importantes, por supuesto).

Es verdad que la doctrina del magisterio respecto a la cuestión ecológica es, en cantidad y calidad, muy abundante. Pero también lo es que lo que les llega a los fieles en un tema tan preocupante y urgente como presente en nuestra sociedad, es mínimo, o simplemente no es. La distancia entre la doctrina de los pastores y el conocimiento de su grey, en esta cuestión, es tan grande que no nos queda más remedio que pensar que algo estamos haciendo mal.

Y para terminar con esta enumeración de desafíos para una pastoral del ambiente, no cabe duda de que el proceso cultural de desacralización no es solo una cuestión provocada por un “laicismo proselitista”, pues hasta a los propios cristianos nos cuesta encontrar lo sagrado en la belleza de la creación. Perdemos capacidad de admiración ante lo bello y bueno (kalós). Moisés no encontraría en Valencia apenas montes sagrados donde descalzarse y encontrarse con Dios: los han ocupado las urbanizaciones, las redes eléctricas y los repetidores de señal; y además, ya se llega en autobús.

Nuestras acciones pastorales son sencillas. Colaboramos con Cáritas, Manos Unidas, Justicia y Paz… en publicaciones, en reuniones de formación o en algunos simposios; elaboramos un temario de formación que impartimos en cursos de especialización del Instituto Diocesano de Ciencias Religiosas; colaboramos con Pastoral del Turismo para fomentar el turismo sostenible; realizamos anualmente un CD con materiales para colegios, profesores de Religión, grupos parroquiales…

No son grandes eventos, pero en este Año de la fe, y en el que tenemos en cuenta la nueva evangelización, recuerdo una conferencia de un tal Joseph Ratzinger donde decía: “Las grandes cosas comienzan siempre con un granito”. Así se creó hace menos de una década esta Comisión, que el cardenal Agustín García-Gasco “plantó” y que nuestro actual arzobispo, Carlos Osoro, acierta en continuar regando.

Lo que sí echamos de menos es el encuentro entre tanta gente que en muchas diócesis, y en la nuestra, trabaja por la salvaguarda de la creación y que, a falta de espacios pastorales, van como pueden, que no es poco.

En el nº 2.833 de Vida Nueva.

 

LEA TAMBIÉN:

Compartir