Los obispos españoles quieren sacerdotes humildes, cercanos y misericordiosos

“El Seminario tendrá que ser la escuela de formación inicial en la que se enseñe el arte del discernimiento”, señala la Comisión Episcopal para el Clero en su mensaje a los presbíteros y seminaristas en la solemnidad de San José

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“El seminario tendrá que ser la escuela de formación inicial en la que se enseñe el arte del discernimiento”. Con estas palabras se refiere la Comisión para el Clero y los Seminarios de la Conferencia Episcopal Española a los centros de formación de nuevos sacerdotes en su mensaje a los presbíteros y seminaristas en la solemnidad de san José, patrón de los seminarios, que este año se celebra en el marco del Año de san José convocado por el papa Francisco.



Los obispos españoles han hecho pública hoy su carta, en la que afirman que, “en estos momentos, la búsqueda de consuelo y orientación que anida en el corazón de cada hijo de la familia humana se convierte en un clamor que resuena en el corazón de la Iglesia Madre y que nosotros, como sacerdotes y vocacionados, tenemos la misión de elevar a Dios en nuestra plegaria litúrgica y personal”.

“En nuestro ánimo de pastores, también nosotros vivimos momentos de oscuridad e incertidumbre”, reconoce la Comisión, presidida por Joan Enric Vives, arzobispo de Urgell. Por eso, “debemos confiar con especial intensidad en la intercesión de san José, que él aliente el ánimo y renueve la esperanza teologal en el corazón de todos vosotros, presbíteros y seminaristas, especialmente encomendados a su patronazgo y discreta protección”, añaden.

En el texto, los prelados insisten en la necesidad de que “los seminarios fijen los ojos en el modelo de san José, para seguir aprendiendo de su pedagogía”. Y destacan tres rasgos de la pedagogía paterna de san José para que los curas y los futuros clérigos reflexionen con el objetivo de “iluminar con su ayuda la educación y la renovación interior de la vocación que hemos recibido como sacerdotes en continua formación o en formación inicial”.

Los sacerdotes deben ser padres

En primer lugar, “san José asume la misión de actuar como representante de la paternidad de Dios. Respecto a Jesús, él ejerció una paternidad de representación, una paternidad de adopción. Pero, en el fondo, esta es la verdadera realización de la paternidad como imagen del único Padre, que es Dios. Para nosotros, sacerdotes, ser padres debe significar representar al Padre celestial entre los hombres, adoptándolos como hijos y dándoles la firmeza que proviene de la fe en el Padre del Cielo”.

Así, “el seminario debe ser el lugar donde aprendemos el sentido del sacrificio de José, y nos eduquemos en la entrega total que conlleva vivir nuestra paternidad personal como testimonio de la única paternidad divina, garante de la humanidad del hombre. Aprendiendo a renunciar a toda posesión –del tipo que sea– sobre nuestros futuros ‘hijos’, respecto a nuestra labor pastoral, desde una paternidad espiritual que engendre libertades y despierte a todos a una vida plena, de entrega consciente, libre y alegre”, explican.

Valentía, humildad y discreción

En segundo lugar, “san José desarrolla heroicamente sus cualidades vocacionales, especialmente la valentía, la humildad y la discreción, para proteger la vida de María y del futuro Mesías, en medio de un ambiente hostil. El seminario tendrá que ser la escuela de formación inicial en la que se enseñe la humildad, profundizando en el significado último de las cosas, en el valor del trabajo compartido con los hombres en la vida real, y con el corazón siempre abierto a crecer en el amor, en una peregrinación continua”.

“Sin dejar morir la pasión misionera ni dejarse instalar en una vida individualista, acomodada y aferrada al presente, que busca tan solo sobrevivir, o protegerse con mil cosas para no tener que entregar la vida en el trabajo paciente de cada jornada”, agregan.

Con corazón misericordioso y cercanos

En tercer lugar, “san José ejercerá también con gran sabiduría su labor pedagógica imprescindible como preparador inmediato de la misión pública de Jesús. Los futuros sacerdotes con corazón misericordioso, deben entrar en el corazón de las casas, estar cerca de las personas, de los sufrimientos y las alegrías del Pueblo de Dios, para consolar y restablecer las relaciones de libertad y de amor que construyen la Iglesia, evitando y curando el mal de nuestro tiempo caracterizado por una regresión al individualismo, que dificulta la transmisión del Evangelio”.

Por último, los prelados concluyen su mensaje invitando a no caer en el desánimo: “Cuando estamos sufriendo el dolor y el cansancio de la pandemia, frente a la tentación de la caída en el desánimo y la desesperanza en nuestra vocación sacerdotal y nuestra entrega pastoral, se hace más urgente aún la reconstrucción del tejido evangelizador eclesial y la cercanía a todos”.

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