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El papa Francisco pide, en la solemnidad de San Pedro y san Pablo, “rezar por los gobernantes”

El papa Francisco en la misa de la solemnidad de San Pedro y San Pablo

Los católicos no deben lamentarse de las autoridades políticas, sino ofrecer oraciones por ellas. Fue la recomendación que dejó el papa Francisco en la misa que celebró este lunes, solemnidad de san Pedro y san Pablo, en la basílica vaticana. En la ceremonia, el Pontífice bendijo los palios destinados al decano del colegio cardenalicio, el cardenal Giovanni Battista Re, y a los arzobispos metropolitanos nombrados en todo el mundo a lo largo del año, que recibirán esta estola confeccionada con lana de cordero en sus respectivas sedes de manos de los nuncios apostólicos.



“Que les juzgue Dios, pero recemos por los gobernantes. Recemos: necesitan la oración. Es una tarea que el Señor nos confía. ¿La cumplimos o hablamos e insultamos?”, dijo Jorge Mario Bergoglio en su homilía. Dios espera que, a la hora de rezar, los fieles se acuerden también de quien “no piensa como nosotros, de quien nos ha cerrado la puerta, de a quien nos cuesta perdonar”. Solo la oración, insistió, “deshace las cadenas”, como le ocurrió a san Pedro, al tiempo que “allana el camino a la unidad”.

En la primera misa concelebrada por el Papa con los cardenales en la basílica de San Pedro desde el inicio de la pandemia del coronavirus, Francisco consideró que resulta “inútil e incluso aburrido” que los cristianos “pierdan el tiempo lamentándose del mundo, de la sociedad y de lo que no funciona”. Se trata de quejas que “no cambian nada” y que suponen una “segunda puerta cerrada al Espíritu Santo”.

Lengua tranquila

La primera es el narcisismo, la segunda el desánimo y la tercera, el pesimismo, dijo el Pontífice. “El narcisismo te lleva al espejo, a mirarte continuamente. El desánimo, a los lamentos. Y el pesimismo a la oscuridad. Estas tres actitudes cierran las puertas al Espíritu Santo”. Como hicieron los primeros cristianos ante la condena sufrida por san Pedro de parte de Herodes, también los fieles hoy deben preguntarse si “custodian” la unidad de la Iglesia por medio de la oración. “¿Rezamos los unos por los otros? ¿Que pasaría si se rezase más y se murmurara menos, dejando la lengua un poco tranquila?”

Se lograría así que se abrieran “muchas de las puertas que separan” mientras que “caerían” tantas de las cadenas que paralizan. “Y nos quedaríamos maravillados”, consideró Francisco, en cuya homilía hubo además una petición para que la Iglesia consiga hoy una “profecía verdadera”. “¿Tú quieres una Iglesia profética? Empieza a servir y quédate callado. No teoría, sino testimonio”.

A continuación ofreció las claves para lograr ese objetivo: “No necesitamos ser ricos, sino amar a los pobres; no ganar para nosotros, sino gastarnos por los demás”. Hacen falta pastores que “ofrezcan la vida” y estén “enamorados de Dios” y no proyectos pastorales que se tratan como si fueran “sacramentos” porque “parece que contengan la propia eficiencia”.

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