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¿Qué le espera al Papa en Tailandia y Japón?

 

El obispo de Japón, Isao Kikuchi, en una imagen de archivo/IK

La sola evocación de los nombres de Tailandia, “el país de la sonrisa”, y de Japón, “el imperio del sol naciente”, suscita imágenes exóticas, ritos y culturas milenarias. Las leyendas que acompañan al lejano Oriente resisten el paso del tiempo a pesar de que ambos países figuran hoy en la vanguardia de las nuevas tecnologías y han alcanzado un espectacular crecimiento económico. Los dos son regidos por unas monarquías milenarias que desafían el desgaste de siglos de poder.

Pero no son estas las razones que han movido a Francisco a visitar, entre este martes 19 y el martes 26 de noviembre, dos naciones geográficamente muy distantes de Roma (el Papa recorrerá más de 26.000 kilómetros para llegar a Bangkok y regresar a Roma desde Tokio; en total, pasará en el avión más de 30 horas).

Clara minoría

Pero, además de la distancia geográfica, tanto en Tailandia como en Japón el número de cristianos no llega al 1% de la población y los católicos representan solo el 0,59 por ciento de los tailandeses y el 0,4% de los japoneses. Son dos exiguas minorías dentro de un universo dominado por el budismo, en sus diversas formas, y el sintoísmo. Religiosamente, pues, representan un ejemplo perfecto de lo que Bergoglio entiende por periferia.

En los dieciocho discursos que espera pronunciar el Santo Padre, abordará temas muy diversos. Algunos de ellos los ha anticipado en los video-mensajes enviados antes de abandonar Roma al pueblo tai y nipón: la búsqueda de la paz, la armonía y la coexistencia pacífica, no solo entre sus gentes, sino en todo el sudeste asiático; “una paz –dijo– que, cuando es real, no retrocede, se la defiende con los dientes”; la necesidad y urgencia del diálogo interreligioso, “que puede ayudar a superar la división, promover el respeto por la dignidad humana y avanzar en el desarrollo integral de todos los pueblos”.

Contra las armas nucleares

Visitando las ciudades de Nagasaki e Hiroshima, salvajemente bombardeadas con ingenios atómicos durante la II Guerra Mundial, lanzará al mundo un mensaje sobre las armas nucleares, cuya fabricación, posesión y uso son inmorales. Será para él una ocasión de advertir al planeta sobre su posible destrucción, incluso por un error humano.

En el vuelo entre Bangkok y Tokio, el avión papal atravesará Taiwán, la isla china de Sanya (que compite por su belleza con Hawai) y Hong Kong, y enviará sendos telegramas a sus dirigentes, que, como es habitual, contendrán un mensaje cordial para sus poblaciones, aunque políticamente anodino.

Relaciones con China

Finalmente, resulta más que probable que una de las preguntas que le formularemos a Francisco en su habitual conferencia de prensa en el vuelo de regreso a Roma verse sobre las relaciones con Pekín –un año después del histórico acuerdo sobre el nombramiento de obispos– y su lectura de lo que está sucediendo en la antigua colonia inglesa de Hong Kong, asunto sobre el que el Vaticano y el mismo Papa han observado un absoluto silencio.

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