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Alberto Álvarez: el “misionero más feliz del mundo” vive en Japón

El jesuita malagueño Alberto Álvarez cumplió su deseo de ser enviado como misionero a Japón. Su compañero jesuita Jorge Mario Bergoglio compartía la inquietud persona sus derroteros lo llevaron por otro lado. Álvarez, en una entrevista a Demófilo Peláez de la agencia Efe, se confiesa como “el misionero más feliz del mundo”. El religioso saludará al pontífice durante su visita a los miembros de la Compañía de Jesús en Tokio durante el viaje a Japón, tras la primera etapa en Tailandia.

“Para nosotros ha sido una alegría. En toda la historia de la Compañía de Jesús nunca había habido un jesuita papa”, confiesa orgulloso este anciano jesuita que reside en la casa de enfermos de la Compañía en Nerima, al oeste de Tokio. Los ancianos de esta residencia se sumarán a una misa privada con el pontífice tras enviar una carta a propuesta del español.

7 décadas de misión 

“Él tenía un interés grandísimo en venir como misionero aquí y, como no pudo, siempre que tiene una chance, ha venido. El padre Arrupe le dijo que no podía ser porque acababan de quitarle un pulmón y el clima de Japón era demasiado húmedo para él”, rememora. Por su parte, Alberto Álvarez llegó a Hiroshima 5 años después de los ataques atómicos. A esta había sobrevivido Pedro Arrupe, del que Álvarez fue secretario.

Ahora el malagueño lleva 7 décadas en Japón donde se ha dejado la piel en la labor misionera. “96 años, Dios mío. Empecé con dieciocho años. Estoy contentísimo espiritualmente hablando por haber podido ofrecer mi vida a la conversión del Japón. Y ese misterio, ofreciendo y ofreciendo y ofreciendo, y no hay conversiones. Por ahora. Por ahora”, confiesa.

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