La Iglesia española denuncia que en 2018 ya han fallecido 600 personas en la frontera sur

Una semana después, el mar aún sigue expulsando cadáveres. Ya ascienden a 19 los migrantes fallecidos encontrados en la costa gaditana procedente de una embarcación a motor con más de 40 tripulantes –de los que 22 fueron rescatados con vida– que zozobró entre un fuerte oleaje a apenas 150 metros de la orilla el 5 de noviembre. La mayoría, de nacionalidad marroquí. “Esta es una realidad para que la Iglesia se la tome muy en serio. La Iglesia tiene que ser, por un lado, una madre misericordiosa, sin fronteras, que acoge con gran cariño a todos estos migrantes, pero también una madre que se rebela, que lanza un mensaje profético de denuncia para que las cosas puedan cambiar”, afirma el padre Gabriel Delgado, al frente del Secretariado de Migraciones del Obispado de Cádiz y Ceuta.

Un drama que deja, una vez más, fotos impactantes. “Lo lamentable es que este mismo mes se cumple el 30º aniversario del primer fallecido, justamente en las costas de Cádiz. Desde entonces, no ha cesado la tragedia”, añade Delgado, que dirige la Fundación Centro Tierra de Todos –dedicado a la atención de jóvenes y migrantes– y es capellán del Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) en Tarifa. “Lo grave de la indiferencia, aún así, no está en la sociedad, sino en quienes gobiernan. Y, ciertamente, en la política es peor que nunca –añade–. Si el Papa denunció en Lampedusa que se estaba globalizando la indiferencia, ahora estamos pasando a otra globalización mucho más dañina: la del rechazo y el racismo”.

“Vías seguras y legales”

Delgado pide, justamente, lo contrario: abrir “vías seguras y legales” de inmigración. “En la frontera sur, que es donde estamos, vamos por más de 600 migrantes muertos en lo que va de año, un auténtico drama de dimensiones incalculables –manifiesta–. Si no se pone a la persona en el centro de la acción política –en este caso concreto, de la política migratoria–, no se van a encontrar soluciones. Lo que se pone en el centro ahora es solo la seguridad, y eso lleva a fortalecer la frontera. Pero es un fracaso absoluto. Porque ni impide que venga gente, ni está impidiendo que mueran”.

Entre tanto, la Iglesia, la de Cádiz en este caso, está siendo una Iglesia muy cercana, pero “siempre podemos hacer más”, admite. “Desde mi punto de vista, si no somos capaces ahora de dar un testimonio de Evangelio, de cercanía, de fraternidad, ¿cuándo lo vamos a hacer?”. Esta misma semana se han celebrado en la diócesis Círculos de Silencio. “En Cádiz, Barbate, Conil, Tarifa, Ceuta, Tánger, Tetuán… en un amplio número de ciudades, en las dos orillas, nos hemos manifestado para decir que no queremos olvidar esta tragedia –señala–. Es un testimonio de que somos ciudadanos que no queremos olvidar a los migrantes ni a los refugiados. Y tampoco ser indiferentes ante la muerte de estos hermanos nuestros”.

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Actualizado
16/11/2018
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