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Solo el 1 por 1.000 de los abusos sexuales tienen lugar en la Iglesia

  • Siete de cada diez casos tienen lugar en el ámbito familiar, desvela la revista de los jesuitas Sal Terrae
  • El bien jurídico protegido y el bien público fundamental de la Iglesia no es la evitación del escándalo, sino la justicia a las víctimas”, defiende el canonista Miguel Campo Ibañez

 

Imagen de archivo alusiva a los abusos sexuales a menores/CNS

Una lacra que se busca erradicar bajo la máxima de “tolerancia cero” marcada por Benedicto XVI y aplicada con todos los medios a su alcance por Francisco. Los escándalos en la Iglesia y el eco mediático que alcanzan puede hacer pensar que en su seno se producen la mayoría de los abusos sexuales a menores. Sin embargo, en su último número, la revista Sal Terrae desvela cómo “las estadísticas fidedignas señalan que en torno al 70% de los abusos ocurren en el ámbito familiar, y un 30% en otro de los ámbitos en que los menores desarrollan su vida, como colegios o grupos deportivos”.

Así, la publicación de referencia de los jesuitas españoles, valorada por sus estudios especialmente en el ámbito de la teología pastoral, afirma que “solo el 1 por 1.000 de los abusos han tenido lugar en el ámbito de la Iglesia”.

Con esta premisa, el número de verano de Sal Terrae analiza estadísticas, consecuencias personales, legislación y acompañamiento como contribución a la lucha contra lo que denomina como un “cáncer” desde  la restauración de la dignidad de sus víctimas.

La actuación de las autoridades

Esta radiografía de la pederastia cuenta, entre otros artículos, con un amplio informe de la ong Save the Children, así como con la aportación del profesor de Derecho Canónico en la Universidad Pontificia Comillas y asesor jurídico de CONFER, Miguel Campo Ibáñez, SJ, que aborda la actuación de las autoridades de la Iglesia sobre los abusos sexuales a menores cometidos por clérigos.


¿Tolerancia cero en la Iglesia española contra los abusos? 


“Todos debemos asimilar, especialmente los pastores, y de una vez por todas, la inversión del orden de prioridades de la Iglesia en este campo. El bien jurídico protegido y el bien público fundamental de la Iglesia, no es la evitación del escándalo, sino la justicia que se debe a las víctimas”, enfatiza Campo Ibáñez.

El canonista apunta en el artículo cómo “la constatación de esta realidad de abuso a los más pequeños y desprotegidos no puede llevarnos a quedarnos en el llanto y la petición de perdón, siempre necesarios, sino que debe movilizar a todos en la iglesia, comenzando por los pastores”.

Así, la primera línea de actuación pasa, según Campo Ibáñez, por la sensibilización: “Cuanto antes tomemos conciencia de esta realidad de los abusos a menores y personas vulnerables, antes se producirá dentro de la iglesia el cambio cultural necesario para que todos nos comprometamos –activamente– a ser agentes de creación de un entorno que podamos calificar como seguro dentro de la Iglesia”.

Además, en el documento elaborado por el responsable del área jurídica de CONFER, aborda los retos de futuro en esta materia, entre los que se encuentra una llamada al “rigor” en el tratamiento a las víctimas: “Por expresarlo en términos gráficos: obispos y superiores tienden a colocarse con las víctimas en una mesa redonda; las víctimas, por contra, les recuerdan que no, que ellos están del lado de la institución que ha permitido, muchas veces por negligencia, que los abusos sucedan, que la mesa debe ser angular. el perdón requiere ser expresado en el encuentro entre dos miradas”, apunta.

Protocolos de actuación

En esta misma línea, insta a que los protocolos de actuación y la creación de entornos seguidos tienen que ser “correctamente seguidos”, lo que exige dotación presupuestaria y evaluación periódica, con programas de acreditación interna y externa que vayan “más allá de un certificado negativo de antecedentes penales por delitos contra la libertad sexual”.

“No podemos garantizar absolutamente que en la iglesia no vuelvan a existir abusadores, pero sí podemos y debemos decir a los abusadores que la Iglesia ya no es un lugar donde poder cometer sus crímenes, que no hay lugar para ellos, y decir a las víctimas que siempre estaremos con ellos y por ellos”, concluye con contundencia el jesuita su artículo para Sal Terrae.

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