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La música sacra, herramienta pastoral

imagen de archivo del coro de la escolanía de Montserrat dirigido por Bernat Vivancos

Un congreso en el Vaticano relanza el interés por un género en el que los autores apuestan por la novedad

imagen de archivo del coro de la escolanía de Montserrat dirigido por Bernat Vivancos

La música sacra, herramienta pastoral [extracto]

JUAN CARLOS RODRÍGUEZ | La Semana Santa es el gran escenario de la música sacra. Los festivales de música religiosa en torno a la Pasión se han convertido en referente de calidad, éxito y espiritualidad a lo largo de la geografía nacional: la Semana de Música Religiosa de Cuenca, el Festival de Música Religiosa de Canarias, el Festival de Música Antigua de Sevilla, entre otros muchos. Pero, ¿cuál es realmente el estado de la música sacra en el seno de la Iglesia? Es la pregunta a la que el Vaticano ha intentado dar respuesta con la reciente celebración del congreso Música e Iglesia: culto y cultura a 50 años de la instrucción Musicam sacram.

“Ha sido, en primer lugar, una oportunidad para reflexionar sobre el interés por el fenómeno musical, un lenguaje siempre presente en la tradición litúrgica de la Iglesia. Al mismo tiempo, ha habido la posibilidad de subrayar la importancia de los diversos ministerios musicales en la celebración, animando a una formación, que es siempre formación al servicio de la fe”, explica el padre Daniel Escobar, profesor de Liturgia en el Seminario Conciliar de Madrid y uno de los tres españoles que han participado como ponentes. Los otros dos han sido el sacerdote Jordi-Agustí Piqué, quien preside el Pontificio Instituto Lutúrgico de Roma, y el compositor Bernat Vivancos.

Escobar, doctor en Liturgia y en Música Sacra por la Universidad San Anselmo de Roma, defendió en el encuentro organizado por el Consejo Pontificio de la Cultura y por la Congregación para la Educación Católica “la inclusión de la música sacra en los asuntos ministeriales” y, especialmente, en la formación del seminarista. “En efecto. Pero es algo más que una defensa. He tratado de sacar a la luz cuanto sobre esto afirma Musicam sacram (1967), la instrucción que desarrolla el capítulo sobre música sacra de Sacrosanctum Concilium (1963), la constitución sobre liturgia del Vaticano II. Y no podemos saltar este paso, porque de estos documentos bebe la regulación actual sobre la formación musical de los clérigos”.

También director de la Schola Cantorum del seminario Conciliar de Madrid, Escobar manifiesta a Vida Nueva: “En particular, he puesto de manifiesto el relieve que el nuevo decreto para la formación sacerdotal, presentado el año pasado, da a la música, ya que la considera una materia ‘ministerial’, a diferencia de la anterior reglamentación, de 1970, que la valoraba más genéricamente como un instrumento al servicio de la formación integral, pero sin una finalidad pastoral o ministerial tan clara como ahora. A mi juicio, un gran avance”.

Abiertos a la novedad

No obstante, más allá de la nueva Ratio fundamentalis institutiones sacerdotalis, a la música sacra –y así se concluyó en el congreso de Roma–, no se le saca como herramienta pastoral todo el partido que debiera. “Porque, en general, no se considera un elemento de expresión de la fe ni, por tanto, un medio de comunicación de la misma. Hay dos términos utilizados en Sacrosanctum Concilium 112 que, sin pretenderlo, de ser vistos aisladamente, minusvaloran la música litúrgica: solemne y tesoro”, responde Escobar.

compositor Bernat Vivancos con papa Francisco y cardenal Gianfranco Ravasi durante el Congreso celebrado en el Vaticano sobre música e iglesia marzo 2017

El compositor Bernat Vivancos, con Francisco y el cardenal Ravasi durante el congreso

Y lo explica: “Asociar la música sacra con la liturgia ‘solemne’ hace pensar que es un elemento prescindible, una especie de lujo para celebraciones de mayor intensidad ceremonial. Y ‘tesoro’ remite a algo preciado, pero al alcance de una élite, incluso algo anticuado que debe ser guardado en una vitrina… o en una sala de conciertos”.

Bernat Vivancos, actual profesor de composición principal, instrumentación y orquestación en la Escuela Superior de Música de Cataluña (Esmuc), intervino, precisamente, para “defender la novedad en la música litúrgica” con una mayor repercusión de composiciones contemporáneas. “El problema es que hay un sello muy particular sobre lo que es música sacra. No todo es gregoriano. La Iglesia es muy plural y a veces cuesta un poco avanzar. Lo que es relevante es que personalidades con gran cultura como el cardenal Gianfranco Ravasi lo ponga sobre la mesa desde el Pontificio Consejo. Se pueden hacer cosas nuevas y más atrevidas y eso no va contra el mensaje cristiano”, según Vivancos, quien regaló al papa Francisco en la audiencia con la que finalizó el congreso su último disco, Requiem, con el Latvian Radio Choir, y también In Montibus Sanctis, grabado con la Escolanía de Montserrat, de la que fue director musical entre 2007 y 2014.

“El papa Francisco se refirió a ello en su discurso cuando pidió una renovación también cualitativa. Tenemos que creer lo que dice el Salmo: ‘Cantad al Señor un cántico nuevo’. Eso quiere decir no siempre hacer lo mismo y estar abierto a la novedad”.

Daniel Escobar, precisamente, ahonda en qué debemos entender en la actualidad como música sacra y también en cómo acertar en la elección de un repertorio de este género. “Lo que define la música sacra es su vinculación íntima con la celebración litúrgica, tal y como expresa el número citado de Sacrosanctum Concilium. Y belleza formal, transcendencia y espiritualidad son características también de la liturgia”, explica el sacerdote.

Y en cuanto a proponer un repertorio concreto –añade–, “es necesario pensar ante todo cómo deben ser nuestras celebraciones, poniendo en primer plano el que remitan a Dios, aunque se busque un lenguaje sonoro acorde con una época histórica determinada. Se debe buscar también un tipo de obras que una de modo especial la palabra y la música. Este es el motivo fundamental, y no el arqueologismo, de que el Magisterio sitúe como paradigma de música sacra el gregoriano o la polifonía clásica”.

De la belleza a la “experiencia de trascendencia”

El congreso, que se celebró entre el 2 y el 4 de marzo, contó con la colaboración del Pontificio Instituto de Música Sacra y del Pontificio Instituto Litúrgico del Ateneo San Anselmo, que actualmente dirige el monje de Montserrat Jordi Agustí-Piqué. El propio monje benedictino participó con una ponencia, Música, estética y teología, en la que defendió que “la música es un lenguaje que puede llevar a la percepción, a comprender algo del Misterio de Dios, y en ese sentido es, también, teología. La Iglesia siempre la ha adoptado como elemento fundamental de su liturgia. Pero creo que, incluso fuera de la liturgia, puede ser una clave de apertura a la trascendencia”. En ese sentido, pone el ejemplo de Taizé o el canto gregoriano, como “dos experiencias estéticas que abren a una experiencia de trascendencia”.

O, según Bernat Vivancos, también muchos compositores contemporáneos, tanto católicos como de otras religiones, que trabajan con textos sagrados. Y así también se comprende su definición de música sacra: “Hay un aspecto que sobrepasa la música sacra, que es la belleza, entendida como admiración. En la música sacra añadiría un grado: abrir el aspecto trascendente. Puede sonar pretencioso, pero es nuestro trabajo como artistas. Es importante ofrecer al mundo de hoy esta posibilidad de apertura, de belleza y de espiritualidad. Como cristiano hago la música desde mi creencia porque me siento cómodo. Y que después de eso pueda beber o pueda interpelar a otra persona, creyente o no”.

Publicado en el número 3.030 de Vida Nueva. Ver sumario

 


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