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Dos Francias, dos cines

La clase y Bienvenidos al Norte

(J. L. Celada) Comparten cartelera estos días dos producciones francesas que no sólo suponen dos miradas bien diversas sobre el país vecino, sino que encarnan dos modos diferenciados de entender este arte. Con la Palma de Oro de Cannes bajo el brazo, Laurent Cantet nos invita a pasar a La clase, excelente oportunidad para explorar las raíces de la siempre compleja asignatura de la multiculturalidad y entender algo más el porqué de aquellos disturbios con tintes racistas acaecidos en los suburbios de París y otras grandes ciudades. Un fenómeno que traspasa fronteras y pone en guardia (y cuestión) la eficacia de cualquier plan de estudios.

El alcance universal de su propuesta contrasta, sin embargo, con el viaje que emprende Dany Boon por la geografía gala para acompañar al protagonista de Bienvenidos al Norte, un retrato de las peculiaridades regionales empeñado en desmontar tópicos a base de risas, cuyo derroche de humanidad y buen humor da forma y sentido a la cinta más taquillera en la historia del cine francés. Claro que si aquí se trata de un problema de acentos, como fuente de equívocos, “entre las paredes” del aula (de hecho, ése es el título original del filme de Cantet), la lengua se convierte en inestimable vehículo de comunicación, herramienta pedagógica en la ardua tarea de enseñar y aprender.

Un empleado de correos y un profesor de instituto encarnan, respectivamente, la esencia de dos géneros -la comedia de corte costumbrista y el realismo social de tono semidocumental- con precedentes importantes del otro lado de los Pirineos: ahí están el espíritu del inolvidable Jacques Tati o el compromiso de Bertrand Tavernier. Ahora bien, mientras la saludable y contagiosa -aunque sobredimensionada- Bienvenidos al Norte queda lejos de Mi tío, las experiencias de François Bégaudeau (guionista e intérprete principal de La clase) a lo largo de todo un curso superan incluso a la más que notable peripecia escolar de Hoy empieza todo.

Una distancia que se transforma en abismo cuando la comparación se establece con Hollywood y sus tramposas (Mentes peligrosas) o descafeinadas (El club de los poetas muertos) creaciones en torno al medio educativo. Porque La clase no sólo es un instructivo -que no discursivo- tubo de ensayo sobre las posibilidades y límites de una profesión que exige altas dosis de paciencia y responsabilidad, sino el espejo y anticipo de la Francia futura. De la actual y sus sempiternas disputas indentitarias ya se hace cargo Dany Boon en Bienvenidos al Norte, una obra de menor calado que la de su compatriota pero seguramente de mayor recorrido.

Dos películas dispares de un mismo país que, en contra de etiquetas y prejuicios, certifican la riqueza de una cinematografía por descubrir y, sobre todo, por apreciar.

En el nº 2.645 de Vida Nueva.

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