Así funciona un cónclave: de la misa para la elección al saludo del nuevo papa

papeleta Eligo in Summum Pontificem elección papa en cónclave

papeleta Eligo in Summum Pontificem elección papa en cónclave

MANUEL GONZÁLEZ LÓPEZ-CORPS, presbítero, profesor de la Facultad de Teología San Dámaso | La celebración del cónclave es un tiempo de gracia para la Iglesia que, unida a los padres cardenales, se dedica a la oración implorando del Señor misericordioso un nuevo Obispo para Roma, Pastor de la Iglesia Universal. La reunión denominada cónclave se desarrolla según una liturgia propia y dos meditaciones. Así lo establece la constitución apostólica Universi Dominici Gregis (22 de febrero de 1996) del beato Juan Pablo II , “donde se pone de manifiesto la importancia que esta reunión tiene en la vida del Pueblo de Dios donde se elige al Sucesor del Apóstol san Pedro”.

El Ritual del Cónclave (Ordo Rituum Conclavis) prevé varias celebraciones que jalonan los cinco momentos de este acontecimiento particular en la Iglesia:

  • 1. La Misa para la elección del Romano Pontífice:

A esta concelebración solemne de los cardenales electores, presidida por el decano del Colegio Cardenalicio [en este caso, el cardenal Angelo Sodano], están convocados otros obispos, presbíteros, diáconos, consagrados y los fieles cristianos presentes en Roma.

Esta eucaristía que celebra al Pastor eterno está caracterizada por textos de la Palabra de Dios donde el mismo Señor escoge al profeta para anunciar su mensaje (Is 61, 3a.6a.8b-9); el pueblo responde con el salmo 88; el Apóstol recuerda que los ministerios existen para edificación en la caridad (Ef 4, 11-16); y el Evangelio muestra la elección para dar fruto (Jn 15, 9-17).

La Plegaria Eucarística –la primera del Misal, también denominada Canon Romano– se inicia con el Prefacio donde se contempla la misión del Espíritu en la Iglesia. La última oración, tras la comunión, pide al Señor “un pastor santo que ilumine al pueblo con la verdad del Evangelio”.

  • 2. La entrada en el cónclave y el juramento:

Los padres electores se dirigen a la Capilla Sixtina cantando procesionalmente las letanías de los santos de Oriente y Occidente. Lo hacen precedidos por la Cruz y el diácono que porta el Libro de los Evangelios, que será entronizado para presidir las celebraciones y deliberaciones de los cardenales.

Ante el altar de la Capilla, se invoca solemnemente al Espíritu Santo con el canto Veni Creator. Después de pronunciar el juramento sobre el Evangelio, todos los presentes son despedidos con el Extra omnes.

Comienza para los electores el tiempo de retiro con una primera meditación que pronuncia un religioso. Este capítulo concluye con el canto de la más antigua antífona mariana: Sub tuum praesidium.

  • 3. La elección del Romano Pontífice:

Se inicia con una serie de plegarias al Santo Espíritu y la oración Adsumus de la tradición conciliar visigótica. La jornada en el cónclave tiene como centro la Eucaristía, siendo sus goznes las dos horas principales del Oficio Divino (Laudes y Vísperas). Antes de proceder a las votaciones, se escucha la Palabra de Dios, que se responde con unas preces.

Previamente a depositar la papeleta (schedulam) en el altar, cada elector pronuncia esta fórmula: “Pongo por testigo al Señor Jesús, quien ha de juzgarme, que elijo al que, según Dios, creo debe ser elegido”. Las papeletas son quemadas por los escrutadores (fumatas). Con una acción de gracias y una invocación a la Virgen, concluye cada sesión de votaciones.

  • 4. La aceptación y proclamación del elegido:

El cardenal decano se dirige al que ha conseguido al menos dos tercios de los votos y le pide su consentimiento: Acceptásne electionem…? Con la aceptación, el elegido, si ya ha recibido la ordenación episcopal, es inmediatamente Obispo de Roma, Cabeza del Colegio Apostólico y Pastor de la Iglesia Universal como Siervo de los siervos de Dios. En ese momento, adquiere de hecho la plena y suprema potestad en la Iglesia universal.

Tras indicar el nombre con el cual ha de ser denominado, el maestro de las celebraciones litúrgicas levanta acta del evento. Se queman, entonces, las papeletas y el resto de apuntes que tienen que ver con la elección. El humo blanco es la señal tradicional del feliz resultado del cónclave.

El papa, vestido con la sotana blanca, va a la Cátedra y, desde allí, realiza su primera acción como Pastor de la Iglesia: escucha la palabra del Señor Jesús contenida en el Evangelio (Mt 16, 13-19 o Jn 21, 15-17, o Jn 21, 15-17) que proclama el cardenal protodiácono [en este caso, el cardenal Jean Louis Tauran]. Después, todos los cardenales le prestan respeto y obediencia y se canta el Te Deum.

  • 5. El Solemne anuncio de la elección y bendición ‘Urbi et Orbi’:

Desde la loggia de las bendiciones de la Basílica vaticana, el cardenal protodiácono [esta vez, el cardenal Jean Louis Tauran] anuncia al pueblo la elección del nuevo Pontífice: Annuntio vobis gaudium magnum; habemus Papam

Poco después, el mismo Romano Pontífice, precedido por el signo de la Cruz, acompañado de los cardenales, obispos, presbíteros y diáconos –en la loggia externa de la Basílica– imparte la bendición apostólica. Los dos últimos papas, Juan Pablo II y Benedicto XVI, han dirigido unas palabras al pueblo cristiano que, en la Plaza de san Pedro o través de los medios de comunicación, se alegran por este momento de gracia en la vida de la Iglesia.

En tiempo oportuno, se celebrará la solemne inauguración del pontificado: el inicio del ministerio petrino. En sus ritos iniciales tras el canto de las Laudes Regiae, recibirá el anillo del Pescador y el pallium.

El Pontífice, en los días sucesivos, peregrinará a su catedral, la Basílica Lateranense, donde se encuentra la Cátedra del Obispo de Roma.

Indicaciones litúrgicas en las diócesis

Tal como prevé la Ordenación General del Misal Romano (n. 374), los obispos diocesanos, ante “una grave necesidad o utilidad pastoral”, pueden mandar o permitir que se celebre la misa con los formularios previstos para “diversas necesidades” también en Cuaresma y Pascua. Esta posibilidad no se contempla para los domingos, los días de la Semana Santa y la Octava pascual.

Siguiendo las diversas sugerencias provenientes de la Conferencia Episcopal Italiana, las diversas diócesis del mundo han aportado sugerencias para las comunidades cristianas. Presentamos su resumen con las siguientes indicaciones:

  • 1. Durante la Sede vacante:

a) Omisión del nombre del Papa en la Plegaria Eucarística y en la Liturgia de las Horas. Desde las 20:00 h del 28 febrero (inicio de la sede vacante) hasta la elección del nuevo Sumo Pontífice, en la anáfora eucarística se omite el nombre y la mención del papa haciendo memoria únicamente del obispo. Asimismo, en las preces de la Liturgia de las Horas se suprime la intercesión por el Papa. Conviene, en su lugar, añadir una prez pidiendo la asistencia del Espíritu Santo por los padres cardenales.

b) Oración por la elección del Papa de Roma. La Iglesia recomienda que, durante el período de sede vacante, “todos los pastores y los fieles, en todo el mundo, eleven a Dios fervientes oraciones para que ilumine las mentes de los Electores y les mantenga unidos para desempeñar su oficio, a fin que la elección del Romano Pontífice sea solícita, unánime y en bien de la salvación de las almas y de todo el pueblo de Dios” (Ordo rituum conclavis, 19).

El obispo diocesano, tal como está previsto en el ordenamiento litúrgico (cf. OGMR n. 374), si lo cree oportuno, puede conceder o mandar que en la propia diócesis se celebre en los días feriales la ‘Misa para elegir un papa’ (Misal Romano, Misas por Diversas necesidades, n. 4) con vestiduras moradas: el color litúrgico del tiempo de Cuaresma (cf. OGMR n. 347).

La oración colecta de la ‘Misa para elegir un papa’ (n. 4) puede ser siempre libremente usada como oración conclusiva de la Oración de los fieles en las celebraciones eucarísticas hasta el final del cónclave.

  • 2. Después de la elección del Obispo de Roma:

Tal como aparece en la constitución apostólica Universi Dominici Gregis (22 de febrero de 1996): “Tras la aceptación, el elegido que ya haya recibido la ordenación episcopal, es inmediatamente Obispo de la Iglesia Romana, auténtico Papa y Cabeza del Colegio Episcopal; adquiere de hecho la plena y suprema potestad sobre toda la Iglesia, y puede ejercitarla” (n. 88). Por lo tanto, desde el momento de la proclamación del Romano Pontífice elegido, la Iglesia en las celebraciones litúrgicas hace mención del Papa en el modo acostumbrado (en la Plegaria Eucarística diaria y, cuando se indica, en las preces del Oficio de Vísperas).

El obispo diocesano, tal como está previsto en el ordenamiento litúrgico (cf. OGMR n. 374), si lo cree oportuno, puede conceder o mandar que en la propia diócesis –fuera de los domingos, solemnidades y la Semana Santa– se celebre la ‘Misa por el papa’ (Misal Romano, Misas por Diversas necesidades, n. 2) con vestiduras del color litúrgico del tiempo en que se celebra (cf. OGMR n. 347).

Las dos oraciones colecta de la ‘Misa por el papa’ (n. 2, A y B) pueden ser libremente usadas como oración conclusiva de la Oración de los fieles en las celebraciones eucarísticas durante los días que van desde la elección hasta el inicio del ministerio petrino u en otro momento oportuno en que se tengan celebraciones especiales.

Actualizado
08/03/2013
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