¿Se espera una renuncia (ya) del papa Francisco?


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La carta

El director del periódico Abc valora este domingo en su artículo en la consagrada tercera página de su diario algunas cuestiones de la entrevista que el medio ha hecho al pontífice. Aunque el abanico de temas es amplio, Julián Quirós hace llamar la atención sobre el aspecto que más titulares que generado. “El Papa Francisco no ha hecho a Abc una declaración que cambiará el rumbo de la cristiandad, pero nuestro corresponsal en el Vaticano, Javier Martínez Brocal, advirtió inmediatamente al Sumo Pontífice que nos estaba revelando una noticia importante para el futuro del pontificado: -Eso usted nunca lo había dicho. -Es la primera vez que lo digo. -Quiere que se sepa. -Para eso lo digo”.



Quirós que ha comentado en los últimos días, desde la realización de la entrevista el pasado 13 de diciembre, que los problemas de movilidad en Francisco van quedando a tras y que el Papa va recuperando agilidad a pesar de que en las audiencias y mayores desplazamientos tenga que usar la silla de ruedas. En el reportaje del periódico se ve de hecho un andador y un bastón de ortopedia tuneado con una cruz. Y es que, en estos momentos, para quienes observan el papado desde dentro o desde fuerza, la mayor flaqueza física del Papa es precisamente la imagen de la silla de ruedas –algo, se comenta, que no permitió nunca Isabel II–. Quizá por eso, en esta última entrevista, ahonda en la cuestión de la renuncia aportando datos nuevos.

Hablando de Benedicto XVI es preguntado sobre el estatuto del Papa emérito. “No lo toqué para nada, ni me vino la idea de hacerlo. Será que el Espíritu Santo no tiene interés en que me ocupe de esas cosas”, responde ante posibles novedades o matizaciones de dicho estatuto. Más adelante, abordando la cuestión de que un papa quede impedido repentinamente, Francisco hace su confesión: “Yo ya he firmado mi renuncia. Era Tarcisio Bertone el secretario de Estado. Yo la firmé y le dije: ‘En caso de impedimento por cuestiones médicas o qué sé yo, acá está mi renuncia. Ya la tienen’. No sé a quién se la habrá dado el cardenal Bertone, pero se la di cuando era secretario de Estado”. Tras comentar la primicia u confirmar que quiere que se sepa el dato, bromea el pontífice diciendo que: “Ahora alguno irá a pedírselo a Bertone: ‘¡Deme el papelito!’. Seguramente lo entregó al cardenal Pietro Parolin, el nuevo secretario de Estado. Yo se lo di a Bertone en cuanto secretario de Estado”. Parece que no hay un apego al cargo.

La(s) otra(s) carta(s)

A partir de la referencia de Francisco a los precedentes de Pablo VI y, posiblemente, Pío XII; el responsable de las narrativas comunicativas del Vaticano, Andrea Tornielli, ha respondido con un artículo explicativo en los medios de la Santa Sede rescatando el texto de la propia carta de Pablo VI que vio la luz en 2018 en un libro del gran conocedor de Montini Leonardo Sapienza (‘La barca de Pedro’, Edizioni San Paolo). La carta, fechada el 2 de mayo de 1965, contemplaba la renuncia en caso de enfermedad invalidante o impedimento grave.

La entrega de la carta por Francisco se sitúa entre su elección en marzo y el mes de octubre de 2013 cuando la secretaría de Estado fue asumida por Pietro Parolin. Para Tornielli “el gesto de Francisco es calcado al del papa Montini”. La carta incluye pasajes como: “Nos, Pablo VI… declaramos, en caso de enfermedad, que se presume incurable, o de larga duración… o en caso de cualquier otro impedimento grave y prolongado… renunciar a nuestro cargo”. El texto está escrito a mano, con buena caligrafía por un Papa que apenas llevaba dos años en la cátedra de san Pedro y todavía a unos meses de clausurar el concilio. Establecía además el proceso de que la carta, llegadas las circunstancias contempladas, fuera entregada al cardenal decano para que comunicara el contenido a los demás purpurados y procediera a declarar al pontífice inhabilitado.

La carta pretende despejar cualquier duda de su autenticidad o validez canónica: “Declaramos: en caso de enfermedad, que se presume incurable, o de larga duración, y que nos impide ejercer suficientemente las funciones de nuestro ministerio apostólico; o en el caso de que otro grave y prolongado impedimento lo sea igualmente, renunciar a nuestro sagrado y canónico oficio, tanto de Obispo de Roma, como de Cabeza de la misma Santa Iglesia Católica, en manos del Señor Cardenal Decano… Dejándole a él, junto al menos con los Cardenales encargados de los Dicasterios de la Curia Romana y nuestro Cardenal Vicario para la ciudad de Roma… la facultad de aceptar y llevar a efecto esta renuncia nuestra, que sólo el bien superior de la Santa Iglesia nos sugiere”.

Más allá de esta carta, la reveladora fue una segunda carta dirigida al Secretario de Estado que acompañaba este primer escrito jurídico. A ambas reaccionó en el mismo libro el propio papa Francisco con un comentario, que también rescata Tornielli, en el que aseguraba: “Leo con asombro estas cartas de Pablo VI que me parecen un humilde y profético testimonio de amor a Cristo y a su Iglesia; y una prueba más de la santidad de este gran Papa… Lo que le importa son las necesidades de la Iglesia y del mundo. Y un Papa impedido por una grave enfermedad no podría ejercer su ministerio apostólico con suficiente eficacia”.

La de Pío XII, a la que se refiere Francisco y explica brevemente Tornielli, viene del testimonio de algunos testigos autorizados ante los que habría presentado una renuncia preventiva en caso de secuestro por Hitler en plena Segunda Guerra Mundial. Un gesto que permitiría a los cardenales reunirse en un cónclave para elegir nuevo Papa previsiblemente en un país neutral.

Los hechos

La carta parece confirmarse en este caso como un elemento que aleja un posible final inmediato del pontificado de Francisco. No es inocente que Francisco responda siempre abiertamente a la posibilidad de una renuncia. Una normalización que los analistas de brocha gorda siempre llevan al extremo para regocijo de un heterogéneo grupo de personas y grupos de poder. Un análisis más pormenorizado de los temas de la entrevista y las reflexiones del Papa, especialmente en cuestiones intraeclesiales, nos desmienten mejor esta posible renuncia inmediata. Y es que cada vez que el Papa habla abiertamente de una renuncia papal esa posibilidad parece posponerse un poco más. 

Y es que Francisco opina de todas las cuestiones que los entrevistados le proponen, incluso se lee en la fotogalería que el periódico ha colgado en su página web que “el Santo Padre compartió su encíclica sobre la guerra de Ucrania” en referencia a un reciente libro del periodista italiano Francesco Grana (TS Edizioni) en el que se recogen un centenar de intervenciones del Papa sobre la invasión. Consciente de las repercusiones de sus palabras y hechos, Francisco se presenta como alguien que ha acogido en el Vaticano a gente de un lado y del otro del especto ideológico sin dejar de ser consciente que en la historia han existido y existen conductas que demuestras “un auténtico odio a la fe”. Pero, dice francamente: “Si yo a priori empiezo a seleccionar gente, voy listo. Soy pastor de todos”.

Un pastor de los catalanes donde la Iglesia debe encarnarse pero sin “hacer propaganda por un lado o por otro sino acompañar al pueblo para que encuentro una solución definitiva” a sus tensiones; un pastor de América Latina donde la migración española llegó “taconeando en el buen sentido”, frente a rencores del pasado colonialista; pastor de quienes viven hipnotizados por un populismo que olvida al pueblo para convertirse en una maquinaria de “limpieza étnica”; pastor de los fieles del Opus Dei, entre los que cita a algún amigo personal, y a los que explica el revuelo mediático de los últimos tiempos como “una cosa serena y normal” de organización canónica que se hizo “dialogando con ellos” (se lee en concreto: “Algunos por una parte decían ¡Por fin el Papa les dio a los del Opus…!’ ¡No les di nada! Y otros, de otra parte, decían ‘¡Ah, el Papa nos invade!’. Nada de eso. La medida es una reubicación que había que resolver. No es correcto agigantar la cosa, ni para hacerlos víctimas, ni para hacerlos reos que recibieron castigos. Por favor. Soy muy amigo del Opus Dei, los quiero mucho y trabajan bien en la Iglesia. El bien que hacen es muy grande”); pastor de los seminaristas –como los de Cataluña que recientemente ha saludado y “no eran tontitos”– o los formadores que van a recibir una “visita” de la Congregación del Clero “con ánimo de ayudar siempre, no de inspeccionar para jorobar” hecha por “dos uruguayos que valen oro, de los mejorcito de América Latina”; un pastor para los alemanes a quienes invita a reflexionar y remite a la carta escrita al respecto tras un mes de reflexión y oración; un pastor de los nicaragüenses, de los venezolanos, de los brasileños de Lula y Bolsonaro, de las víctimas ucranianas… Un pastor de todos.