¿Por qué la ecología integral no es una prioridad compartida por todos?


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La cumbre

Parece que por fin ha acabado este domingo la Cumbre del Clima organizada por Santiago de Chile en Madrid, la COP25. Lo ha hecho con un par de días de retraso por lograr un acuerdo que, sin lugar a dudas, no parece dejar muy satisfecho a nadie. Las expectativas, en este momento de la historia, era muchas sobre la cita ya que la sensibilidad ecológica ha ido cobrando formas más integrales; ahora bien, parece que es necesario seguir insistiendo para que el mensaje de la ecología integral vaya calando aún más.



La prórroga de dos días ha llevado a la aprobación de documento final: “Chile-Madrid, tiempo de actuar”. Aunque el nombre no está mal, las metas concretas del acuerdo pasan por “la necesidad urgente de mantener el aumento de la temperatura media global a muy por debajo de 2°C por encima de los niveles preindustriales” o por “realizar esfuerzos para limitar el aumento de temperatura a 1,5ºC”.

Analizando el compromiso de los dirigentes, parece que Estados Unidos, China, Rusia o la India no van a darse muchas prisas en lo que a reducción de los niveles de contaminación y de emisiones se refiere. Con razón todo el mundo se ha referido a la conclusión de la cita como un “acuerdo de mínimos”.

La sociedad civil

El último número de Vida Nueva da buena cuenta de cómo los católicos han estado bien representados en el encuentro de la sociedad civil que se ha celebrado de forma paralela a la cumbre. Para ello ha hecho falta el decisivo impulso de Bergoglio con su encíclica Laudato Si’ y la defensa de la ecología integral y el cuidado de la Casa Común como un compromiso irrenunciable de quienes se proponen llevar adelante el plan de Dios.

El Sínodo de la Amazonía ha vuelto a ser para los católicos un nuevo aldabonazo de todo lo que implica una sensibilidad ecológica que no deja de ser la misma preocupación de quien pone a los más indefensos en el centro. La primera página de la Biblia continúa reclamando a la persona de hoy en día la dignidad necesaria de quien es continuador de la obra creadora de Dios.

Para los que la voz de Greta no tiene credibilidad, que escuchen al Papa… o para quienes como católicos les parece superficial el discurso ecológico de Francisco, que lean los Evangelios.