¿Limosna o publicidad?


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La limosna es una obra de misericordia corporal que se encuadra en nuestro amor al prójimo. Deseamos el bien de la otra persona y ello nos lleva a dar algo de lo nuestro para mejorar la posición de quien tenemos al lado o de quien está alejado de nosotros. Por ello la limosna nos lleva a salir de nosotros mismos, a tener nuestro corazón con el pobre, con el mísero (miseri-cordia). Compartimos lo nuestro con el otro, se lo damos porque lo queremos, porque creemos que así vamos a colaborar en el alivio de sus penurias.



Es por ello que la limosna tiene una dimensión oculta. No importa lo que doy o a quien lo doy porque lo importante no es que yo dé, sino que el otro reciba. La limosna bien entendida debe tener dos cualidades sencillas. La primera es que sea secreta y la segunda que sea desinteresada. Cuando damos no es necesario que nadie lo sepa, es mejor que quede oculta porque eso supone que se da para el otro, no para uno mismo. Esta confidencialidad conlleva también el desinterés.

Poner el corazón en el pobre

Solamente nos impulsa la mejora del otro, pero no tenemos nada que ganar. La limosna no se hace para dominar al otro o para recibir una compensación, sino tan solo porque ponemos nuestro corazón en el más pobre. Solo la confidencialidad puede garantizar el desinterés y viceversa, porque quien tiene algún interés quiere que se sepa que ha dado para recibir beneficios de su acción.

En una sociedad que se considera solidaria como la nuestra vemos, con frecuencia, que los actos de solidaridad no cumplen estas dos características. Hay eventos públicos que buscan recaudar grandes cantidades para causas justas, vemos en los medios de comunicación a grandes chefs, empresas, famosos y empresarios que donan parte de su dinero a obras de caridad laudables. Algunas personas o empresas no están dispuestas a dar su dinero a una ONG si esta no les permite publicitar que han realizado esa donación, lo que provoca debates éticos en el seno de algunas organizaciones y hace que algunas renuncien a cantidades sustanciosas de dinero.

¿En qué se ha convertido la limosna? En una solidaridad que busca la publicidad, el lavado de cara. Lo importante deja de ser el otro, quien lo recibe, para pasar a ser quien lo da, quien hace la labor humanitaria o solidaria. La limosna deja de ser una obra de amor en la que lo principal es el receptor, para ser un enaltecimiento personal de quien la realiza. Ya no miramos al otro, sino que nos miramos a nosotros mismos. Así, deja de ser limosna, para pasar a ser una actuación no impulsada por la misericordia sino por la autocomplacencia o la publicidad.