Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Instituto de la Familia de la Universidad Pontificia Comillas

Crecer desde dentro


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Hoy he estado leyendo un par de horas sentado con la espalda apoyada en mi árbol. He leído algunas páginas en voz alta para que le llegara algo. No sé si le gustará la literatura de viajes. Por su parte, él ha estado creciendo. Si estuviera muy atento y pudiera mirarle continuamente durante meses, podría verle crecer. Sé que lo hace continuamente, así que trato de conectarme con él y sentir cómo lo hace despacito, muy lentamente, de continuo. Como nosotros, cada uno de nosotros, que seguimos creciendo aunque no nos oigamos.

Hay que estar muy atento a cómo crece un árbol, pues hay que ver su profundidad. Los árboles crecen de dentro hacia fuera. Su médula de células vivas y esponjosas va creando anillos de madera que hacen más grueso, alto el tronco, las raíces y cada rama cada vez más largas. Crecer de dentro hacia fuera debía ser una instrucción que tatuarnos en la piel para no olvidarla.

Generalmente queremos crecer desde fuera: nos ponemos vestidos y complementos, colgamos un coche de nuestro árbol como si fuésemos un abeto navideño, sumamos libros, objetos valiosos, buscamos tener muchos contactos… Crecer parece ser a veces que nuestra piel, sabor, oído y vista tengan una intensa vida sensorial. Está bien, pero no es crecer. Como un árbol, solamente crecemos desde el núcleo existencial hacia afuera.

Crecer de dentro hacia afuera requiere que vivamos conectados con lo esencial de cada cosa, que es el amor primero de cada cosa. El amor primero que habita en cada cosa, cada acción, cada sensación, cada palabra, es un don; fue recibido. Es incondicional, permanente, un regalo. No es un amor objetivo y aislado, sino un amor vivo y esponjoso, un amor de un Alguien, porque el amor solo puede ser si hay un alguien. Y eso que nos da –todo el amor sin más– es lo que nos hace crecer. De dentro hacia afuera.

Todo lo que conecta con ese amor medular nos hace crecer. Lo que no está conectado vale la pena hacerlo caer o llegará el otoño y se irá. ¿Sientes cómo estamos creciendo en este momento tú y yo que dialogamos a través de estas palabras? Quiero crecer como un árbol.