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La obediencia y los consagrados

(Alejandro Fernández Barrajón– presidente de CONFER)

“La obediencia es un valor asumido en la vida religiosa de todos los tiempos. Pero cada tiempo le da a este voto un significado renovado porque la vida cambia y la manera de entender las relaciones humanas también. Algunos quisieran que el voto de obediencia fuera de sumisión, de dependencia, pero los consagrados no hacemos voto de obediencia para renunciar a nuestra libertad…”

Dice el viejo refrán castellano que “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Con motivo de la última instrucción del cardenal Rodé, firmada por el papa Benedicto XVI, titulada El servicio de la autoridad y la obediencia, dirigida a los consagrados, algunos -los de siempre- han aprovechado para lanzar titulares interesados. Algo así como “El Papa exige obediencia sin condiciones a los religiosos”. Y es que algunos confunden lo que dice la instrucción con lo que ellos mismos quisieran decir. Dando a entender que en la vida religiosa no hay obediencia y que el Papa ha tenido que salir al paso de un mal terrible.

Pues bien, he leído y meditado la instrucción y no he encontrado ninguna regañina; más bien es una instrucción motivadora y fraterna, alentadora y animadora.

La obediencia es un valor asumido en la vida religiosa de todos los tiempos. Pero cada tiempo le da a este voto un significado renovado porque la vida cambia y la manera de entender las relaciones humanas también. Algunos quisieran que el voto de obediencia fuera de sumisión, de dependencia, pero los consagrados no hacemos voto de obediencia para renunciar a nuestra libertad, sino para ser auténticamente libres al estilo de Cristo, el obediente al Padre. El voto de obediencia no es un voto ciego, sino que tiene los ojos bien abiertos para saber decir sí y no en cada momento desde el discernimiento que acompaña a la vida consagrada en la lectura de la Palabra. Un voto que es esencialmente comunitario. Ha sido muy hermoso que el Papa nos recuerde que la santidad es también comunitaria.

Los consagrados vamos a leer y a meditar esta instrucción de la Santa Sede con mucho interés y con mucho cariño, porque los primeros que deseamos vivir la obediencia evangélica somos nosotros. ¡No faltaba más!

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