Misioneros argentinos, a la Amazonía peruana

  • Los seis misioneros se formaron en el marco del proyecto misionero de la Iglesia argentina
  • Fueron destinados a dos comunidades del vicariato de Puerto Maldonado: Chirumpiari y Mantaro

El próximo 24, domingo de la Misericordia, se puso en marcha el Proyecto Misionero de la Iglesia argentina promovido por las Obras Misionales Pontificias. Seis misioneros de distintas diócesis del país fueron enviados a la Amazonía peruana.



La misa de envío fue este domingo en la Catedral Metropolitana. Presidió la celebración Oscar Ojea, obispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Estuvo acompañado por el arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik; el obispo de Azul, Hugo Salaberry SJ: Jorge Torres Carbonell, obispo de Gregorio de Laferrere; Alejandro Giorgi, auxiliar de Buenos Aires, y el director nacional en la Argentina de las Obras Misionales Pontificias (OMP), padre Jerzy Faliszek SVD, entre otros.

Rumbo a la misión

Los seis misioneros  realizarán su misión en el vicariato Puerto Maldonado, que en sus orígenes tuvo la atención pastoral de los dominicos. Actualmente, son varias las congregaciones y asociaciones que trabajan en esta región. Se trata de 150 mil kilómetros cuadrados, donde habitan aproximadamente 350 mil hermanos.

La Iglesia, desde su cercanía y acompañamiento, dejó una imborrable huella a través de la cual se crearon comunidades campesinas, de formación y de oración. Es muy fuerte hoy el trabajo solidario encarnado por Cáritas Puerto Maldonado en iniciativas de salud y educación, infraestructura y construcción, promoción humana.

Los nuevos misioneros tienen como destinos dos comunidades del vicariato: Chirumpiari y Mantaro. Ellos son:

  • Claudia Novarino, enfermera con amplia experiencia en el ámbito de salud. Laica misionera adgentes (diócesis de Río Cuarto);
  • Hna. Sara Rosa Dalzotto, religiosa del Instituto Terceras Mercedarias del Niño Jesús. Con experiencia en el campo educativo (profesora de Filosofía y Pedagogía) y en animación pastoral;
  • El matrimonio Alejandra Aqueveque y Néstor Edgardo Castro. Ella es profesora de educación inicial con experiencia en gestión y conducción educativa. El es técnico en construcción. Ambos son miembros del equipo diocesano de misiones, catequistas de iniciación y confirmación. Estuvieron un año en las misiones rurales en Angola.
  • Flavia Cuadro, de la arquidiócesis de Córdoba. De amplia experiencia pastoral en grupos misioneros. Catequista. Tiene formación en psicopedagogía y en asistencia a víctimas del delito, familias ensambladas y divorcio, prevención de riesgos y emergencias, trata de personas, y violencia de género.
  • María Celeste Pereyra, licenciada en trabajo social. Es misionera permanente en San Roque, donde vive en comunidad y acompañó a comunidades de jóvenes y niños aborígenes wichi.

Discípulos misioneros

Durante la homilía, Ojea recordó que en la misa crismal, en el evangelio de Lucas, Jesús expresa su vocación: “El Espíritu del Señor está sobre mí y me envió a evangelizar a los pobres, a liberar a los cautivos, a dar la vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos, y a anunciar un año de gracia del Señor”. Allí expresa públicamente su vocación misionera.

“Ustedes han vivido un encuentro profundo con Jesucristo, y eso hizo posible que el Señor le contagiara a cada uno de ustedes su ardor misionero”, reconoció el obispo y validó la misión de cada uno de los misioneros. Agregó que, como señala Aparecida, la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y en la comodidad.

Les pidió a los enviados: “Nosotros vamos con ustedes, llévennos”. Les aseguró, además, el respaldo de toda la Iglesia argentina, que quiere enriquecerse con ustedes, porque sabemos que al enviar misioneros, obtenemos una enorme riqueza para nuestras diócesis y para nuestras Iglesias particulares.

Teniendo en cuenta la propuesta del papa Francisco en Evangelii gaudium a los discípulos misioneros, les deseó de corazón ejercitarlas allí donde les toque misionar:

  • Primerear, ofrecer misericordia como el Señor la ofreció. “Primerear, involucrarse, achicar distancias, comprometerse lavando los pies a los hermanos”, especificó.
  • Acompañar y respetar procesos, y paciencia ya que van a integrarse a un pueblo que evangeliza. La finalidad de la misión es potenciar el tesoro escondido de los miembros de la comunidad que los recibe.
  • Fructificar, cuidar el fruto, no perder la paz por la cizaña que puede surgir, con la convicción de que el Señor desea que haya fecundidad.
  • Celebrar, hacer fiesta, como Jesús hace ante un pecador que se arrepiente o por la oveja perdida. El talante de la Iglesia es la fiesta, decía san Pablo VI.

Asimismo, Oscar Ojea aludió al lugar de misión y lamentó el maltrato del hombre hacia la naturaleza creada: la contaminación del agua, la extinción de especies, el extractivismo sin límites, la crisis social y  la migración forzada de las comunidades originarias sufren la falta de adaptación y son avasalladas por las costumbres de la sociedad de consumo.

“Sean felices”

“Al enviarlos a esa región, que es como un pulmón del mundo, pero que se encuentra en una crisis gravísima, la Iglesia argentina sabe que va a recibir a través de ustedes, que responden valientemente a este llamado del Espíritu, muchos bienes”, aseveró el presidente de la CEA.

Y, en nombre de la Iglesia, les deseó “de todo corazón, que sean muy felices respondiendo a este llamado, que puedan experimentar aquella alegría de la que nos hablaron nuestros obispos en Aparecida”. Aseguró que conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir una persona, y darlo a conocer con palabras y obras es un inmenso gozo.

Finalmente, pidió que la Virgen misionera, que guardó en su corazón la Palabra de Dios y la puso en práctica, llevándola a su prima Isabel para dar testimonio del amor de Dios, “los acompañe en cada paso que van a dar” y puedan vivir este inmenso intercambio de bienes que sólo la Iglesia es capaz de dar.

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