🎙️ El Podcast de Vida Nueva: Ministras para la historia

  • Hoy estrenamos el cuarto episodio del Podcast de Vida Nueva que podrás escuchar ahora cada viernes
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El podcast de Vida Nueva

La portada del número de esta semana está dedicada a una noticia de la que me hacía eco en el podcast anterior: La investidura con el ministerio de la Palabra y la Eucaristía a cinco personas de comunidades quichuas asentadas en el interior de la selva ecuatoriana. Te voy adelantando que detrás de esa información se esconden varias amenazas que vamos a ir desgranando durante el episodio.



Quédate conmigo hasta el final porque repasaré las noticias más destacadas de la última semana en la vida de la Iglesia y también para que nos enriquezcamos con la escucha de otras voces diferentes a la mía.

Sustitutos

Te decía antes que este episodio iba a estar cargado de amenazas, y la primera con la que comenzamos está dirigida a ti. La noticia de que un obispo haya investido a dos mujeres y tres varones con el ministerio de la Palabra y la Eucaristía seis meses después de la reforma del código de derecho canónico, supone una llamada de atención a quienes nos hemos ido acomodando en una vida cristiana fundida con el costumbrismo cotidiano.

La osadía de este nombramiento me parece algo subversivo. Creo que si nos dejamos interpelar desde el razonamiento sosegado, esta noticia puede hace saltar las bisagras de cierta Tradición intoxicada para permitir el paso de nuevas formas de hacer Iglesia y, sobre todo, de redescubrir algo de las primeras comunidades que la pasividad adormilada nos arrebató.

Así que la primera amenaza del episodio va dirigida hacia nuestra comodidad eclesial, la que nos ha hecho transmitir durante generaciones que los laicos y laicas somos como pequeños apéndices de los presbíteros. José Beltrán lo decía así hace un momento:

Menudo repaso

Si has escuchado los episodios anteriores, habrás notado que suelo hacer un repaso de acontecimientos y hechos para poder leer el tema de portada en un contexto apropiado que permita tener una visión de conjunto. Voy a hacerlo ahora muy rápidamente.

Mayo de 2015. Se publica la encíclica Laudato si’, la primera de la historia que trata en profundidad la crisis ecológica. Se fija la atención en la degradación del medio ambiente y se relaciona con una crisis que afecta a la ética, la cultura y la espiritualidad.

Febrero de 2017. Francisco da un pequeño discurso a los participantes en el tercer foro de los pueblos indígenas.

Octubre de 2017. El Papa Francisco convoca una Asamblea Sinodal Especial sobre la Panamazonía, indicando que el principal objetivo es “encontrar nuevos caminos para la evangelización de aquella porción del Pueblo de Dios, sobre todo de los indígenas, muchas veces olvidados y sin una perspectiva de un futuro sereno”.

Enero de 2018. El pontífice aterriza en territorio amazónico, en el Perú, y anuncia la inauguración oficial del sínodo. Se proyecta para octubre del 19.

Marzo del 2019. Se publica la exhortación Christus vivit, dirigida a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios. En su punto 206 dice lo siguiente: “Animados por este espíritu, podremos encaminarnos hacia una Iglesia participativa y corresponsable, capaz de valorizar la riqueza que la compone, que acoja con gratitud el aporte de los fieles laicos, incluyendo a jóvenes y mujeres, la contribución de la vida consagrada masculina y femenina, la de los grupos, asociaciones y movimientos. No hay que excluir a nadie, ni dejar que nadie se autoexcluya”.

Octubre de 2019. Del 6 al 27 se celebra la Asamblea Especial para la Región Panamazónica, cuyo documento final se hace público y contiene las conclusiones del sínodo. Lleva por título, “Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”.

Febrero de 2020. Francisco publica la exhortación apostólica “Querida Amazonía”, un texto que recoge los ecos del Sínodo y hace algunas aportaciones más.

Octubre de 2020. Tiene lugar la primera asamblea de un organismo que se llama Conferencia Eclesial de la Amazonía, cuya creación emana del documento final del Sínodo Panamazónico.

Octubre de 2020. Se publica la encíclica Fratelli tutti. Insiste en algo ya mencionado en la exhortación Querida Amazonía; dice: “mi intención no es proponer un indigenismo completamente cerrado, ahistórico, estático, que se niegue a toda forma de mestizaje” … “El mundo crece y se llena de nueva belleza gracias a sucesivas síntesis que se producen entre culturas abiertas, fuera de toda imposición cultural”. A lo largo de todo el documento, Francisco reflexiona sobre la necesidad de transformarse en Iglesia samaritana, que se permite a sí misma desviarse del camino para atender, sanar y acompañar.

Enero 2021. El 10 de enero se publica una carta en forma de MOTU PROPRIO que lleva por título Spiritus domini. Con ella, Francisco modifica un único número del Código de Derecho Canónico. El libro II del Código de Derecho Canónico habla sobre El Pueblo de Dios en su conjunto, y sus títulos y capítulos son del tipo: “de los derechos y deberes de todos los fieles”, “del sínodo de los obispos”, “de las parroquias, de los párrocos y de los vicarios parroquiales”. Así, tema por tema va diciendo lo que está permitido y lo que no en el seno de la Iglesia Católica. La carta Spiritus domini vino a modificar el número 230 para que el ministerio que se llama del lectorado y del acolitado estuviese abierto también a las mujeres. Hasta ese momento, se reservaba a los varones.

¿Qué importancia puede tener ese pequeño número, si en la práctica ya había miles de mujeres repartidas por todo el planeta realizando esas tareas? Ah, pues es un gesto que puede ser interpretado de muchas maneras. En vidanuevadigital.com hay un artículo estupendo escrito por la teóloga Mª Cristina Inogés Sanz que nos habla precisamente de pequeños gestos con grandes significados. Un fragmento del artículo dice lo siguiente: “Han pasado ya unos días desde que se hiciera público este documento, ‘Spiritus Domini’, fechado, como para que no quedara duda de dónde viene y hacia dónde va, en la fiesta del bautismo del Señor, y que pone en valor -que no es que lo necesite, pero es una forma de hablar- el sacramento del bautismo, porque nos muestra y nos guía hacia una muy amplia diversificación del sacerdocio común. Esto, al parecer, ha pasado muy desapercibido, y eso que como símbolo es tremendo”.

Junio de 2021.En el vicariato de Puyo, que se encuentra en Ecuador, el obispo Rafael Cob confiere el Ministerio de la Palabra y la Eucaristía a cinco personas, dos mujeres y dos varones. Esta es justamente la noticia que ocupa la portada de Vida Nueva de esta semana. Descanso la voz un momento y continuamos.

Misioneros ardientes

¿Recuerdas de qué estábamos hablando? Resulta que en Puyo, en el centro de Ecuador, el obispo Rafael Cob celebró hace unos días un rito litúrgico mediante el que confería el ministerio del lectorado y el acolitado a cinco personas, dos mujeres y tres varones.

Que este hecho se haya producido en un pequeño lugar de Ecuador, ya es un gesto absolutamente valiente. Pero que además durante la liturgia se ponga en práctica la reciente reforma del Código de Derecho Canónico, a mí me parece de una importancia tremenda.

Estamos hablando de las dos primeras mujeres en la historia de la Iglesia en recibir este ministerio. No es que los otros tres varones investidos cuenten menos o deban ser dejados al margen. Qué va. Se trata de que este gesto reconoce oficialmente una labor que miles de mujeres llevan realizando de manera entregada sin que nadie se lo reconociera.

El rito en cuestión se celebró durante la visita pastoral anual del obispo. Lo leo en la página 9 de la revista y pienso en esas otras visitas pastorales en las que el obispo se sienta, escucha sin interés, si acaso da algún discurso desencarnado, dice lo maja que es la comunidad parroquial y se marcha de regreso al obispado.

De hecho, este es un rito con en el que el Obispo viene a decir lo siguiente: “Conozco el ardor misionero en vuestros corazones y como os considero personas de fe sobradamente reconocida, os envío en mi nombre y, por tanto, en el de la Iglesia Universal”. Evidentemente no son esas las palabras que aparecen en el Pontifical Romano, pero el hecho es que la Iglesia reconoce públicamente la madurez de esos laicos y laicas para el ejercicio de sus ministerios. Se trata de personas que han recibido una formación adecuada y que llevarán vestimentas específicas

¿Qué otra amenaza aparece con este rito celebrado en el corazón de Ecuador? Una que se dirige a quienes siguen solo pueden concebir una Iglesia europeizada, repleta de rostros caucásicos.

Cuando estaba leyendo este tema en la revista un fragmento de la página 11 me llamó poderosísimamente la atención. El presbítero Mauricio Espinosa fue profesor de estos cinco nuevos misioneros y dice lo siguiente: “La formación de estos hermanos indígenas será permanente, puesto que el ministerio no se confiere para toda la vida, sino por un tiempo determinado, a fin de revisar cómo se ha vivido el don recibido”.

Sacerdocio laical

No quiero extenderme mucho más con el tema de portada de esta semana en Vida Nueva. Voy a esbozar algunas pinceladas de lo que trae la revista en sus páginas.

De un lado, otra amenaza. Ahora dirigida a los propios ministros recién investidos, estas cinco personas del Ecuador. Tendrán que enfrentarse a dos barreras. De un lado, la de los presbíteros que tratarán de ningunearlos por el hecho de ser laicos y laicas, al considerarlos como en escalones inferiores en el seno de la Iglesia. Además, las dos mujeres tendrán frente a ellas a un modelo de sociedad en el que la discriminación por sexo está fuertemente arraigada. Dice Mauricio Espinosa sobre ellas que se han demostrado como mujeres de temple y empuje. Pues ojalá eso les permita minimizar o eliminar esta amenaza.

Otra reflexión de Mauricio Espinosa dice así: “La novedad se abre en la Iglesia con el fin último de hacer corresponsables de la tarea misionera a todos los bautizados”. Se nos olvida mucho, pero con el bautismo adquirimos tres condiciones: La de rey, la de profeta y la de sacerdote. Es un buen momento para que vayas al Catecismo de la Iglesia Católica y busques el número 1591. El sacerdocio bautismal no anula en nada ni sustituye al sacerdocio ministerial; ambos se complementan.

Las páginas 14 y 15 traen una entrevista a la misionera Zully Rojas Quispe, una religiosa que pertenece a la congregación de las Dominicas del Rosario. En relación a las dos mujeres de las que hemos venido hablando hasta ahora, Zully Rojas ve en ellas sus años de lucha por la pastoral indígena. Ella está convencida de que el Sínodo panamazónico fue un kairós para la Iglesia, algo que se da en el momento adecuado, y se muestra esperanzada en que después de este vendrán otros cambios positivos en relación a la figura de la mujer. Ella dice expresamente que son muchos siglos de ocultamiento de la presencia femenina. Como punto importante de su entrevista, me quedo con esta frase: “Mi temor y el de varias hermanas de camino, es que se otorguen nuevos ministerios y sigamos replicando los mismos modelos, dentro de las mismas estructuras”. ¿Alguna vez has escuchado algo sobre un vino nuevo colocado en odres viejos? Seguro que sí, es del Evangelio según San Lucas. Pues algo de eso hay en el fondo de esta entrevista, fíjate bien cuando la leas.

Para cerrar con el tema de portada, un pequeño comentario sobre el artículo de las páginas 16 y 17. Lleva por título “Puertas abiertas”, ¿y sabes quién lo firma? Pues Nathalie Becquart, que fue nombrada subsecretaria para el sínodo de los obispos hace unos meses. Ella afirma que estamos llamados a fortalecer y desplegar la sinodalidad en todos los niveles de la Iglesia. Y esa sinodalidad no se expresa solo en el Sínodo de los Obispos, sino que también encuentra su expresión cotidiana en los consejos parroquiales o los capítulos religiosos. Me encanta una frase que escribe: “No basta con tener un sínodo, hay que serlo”.

Repaso semanal

Vamos a continuar ahora con un rápido repaso a las noticias que más me han llamado la atención de todas las que he ido leyendo en vidanuevadigital.com a lo largo de la última semana.

Sábado. Llega la paz a Medjugorje, 40 años después. Esta información aparecía en el número anterior de la revista Vida Nueva y nos decía que la Santa Sede había seleccionado en mayo al santuario de Medjugorje como uno de los lugares “oficiales” en los que rezar por el fin de la pandemia.

Domingo. Vida Nueva recibe el premio Arcoíris. Esta casa, la revista Vida Nueva ha recibido un premio de manos de la organización Crismhom. Se trata de una organización de Cristianos Homosexuales de Madrid y reconoce la labor de quien ha colaborado a normalizar el hecho cristiano dentro del colectivo LGTBI.

Lunes. Relacionado con lo que acabo de decir. El papa Francisco envía una carta al presbítero James Martin respaldando su ministerio LGTBI y le dice: “Quiero agradecerte tu celo pastoral y tu capacidad de estar cerca de las personas, con esa cercanía que tenía Jesús y que refleja la cercanía de Dios”.

Martes. En el día de San Pedro y San Pablo, el papa Francisco dice: “Solo una Iglesia libre es una Iglesia creíble”.

Miércoles. Muy en la línea del episodio de la semana pasada, el vídeo del Papa de julio advierte de los populismos que destruyen la amistad social.

Jueves. El secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolín, ha ido de visita a Alemania. Allí, ha dicho: “El deseo del Señor es que caminemos juntos”.

Otras voces

Entramos ahora en la sección de “otras voces”. Muy en relación con el tema de portada de esta semana, voy a rescatar un blog de Fernando Vidal en el que nos habla sobre un fenómeno geológico muy curioso, los hidrolacolitos.

Me parece que Fernando Vidal hace una excelente comparación. En la vida de la Iglesia, ¿cuántas veces nos hemos encontrado con explosiones repentinas de hechos que se venían gestando en lo secreto y lo escondido?

Evangelio y despedida

Vamos a terminar el episodio con un comentario al Evangelio realizado por el padre Ángel Moreno de Buenafuente.

A propósito de los cinco nuevos ministros de la Palabra que decíamos al comienzo, ¿acaso no dirán de ellos que solo son “el hijo del carpintero”? Termino el episodio con sus nombres, para que no pasen desapercibidos en la Iglesia Universal como laicos menores. Rito Franklin Manya, Flavio Andrés Manya, Juan Leonardo Gualinga, pero sobre todo recordemos los nombres de Susana Martina Santi y Aurea Imerda Santi; ojalá ellas sean paso firme y decidido de una Iglesia que apuesta por caminar juntos y no unos sobre otros.


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