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Del convento a Internet: ¿quiénes ayudan a las monjas a vender sus productos artesanales?

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En 2007 había 864 conventos de clausura femeninos en España. Hoy son 748 (hay 35 masculinos). Ya lo contó Vida Nueva: cada mes cierran dos monasterios en nuestro país. Ante esta alarmante situación, empezaron a aparecer organizaciones impulsadas por laicos que volvieron su vista hacia los monasterios para ayudarles en sus necesidades materiales. Así surgió, por ejemplo, hace cinco años la Fundación Declasura (www.declausura.org) para, en palabras de su secretario general, Agustín de Asís Orta (en la foto), “acercar la vida contemplativa, su razón de ser y su belleza a la sociedad; ayudarla en cualquier necesidad material y contribuir a su sostenimiento económico vendiendo sus productos, porque las ventas en los tornos han caído vertiginosamente; y también para canalizar donaciones de particulares y de empresas, así como las peticiones de oraciones que llegan desde todo el mundo, 145 en total en lo que llevamos de año”.

La comercialización de sus productos es continua, aunque la mayor parte –el 70%– se concentra en la campaña de Navidad, con ventas a particulares, parroquias y empresas a través de su web. En 2019 han ayudado a 42 monasterios. En 2018, apoyaron a 48. Un total de 480 clientes particulares adquirieron los productos conventuales de manera online. Entre los clientes había 39 empresas durante el ejercicio pasado.

Hacerse cargo de la ‘parte mundana’

Alejandra Salinas, directora de la Asociación Contemplare, otra organización nacida para echar una mano en todo lo que necesiten las comunidades de vida contemplativa, y que comenzó a rodar hace un año, está en contacto con un centenar de monasterios. “Las monjas de clausura son el pulmón de oración para la Iglesia y la sociedad, piedras vivas que hay que conservar. Pero han de tener una ‘parte mundana’, en la que tienen que relacionarse con las cosas cotidianas del mundo. Y esa es la parte que desde Contemplare queremos facilitarles, para que puedan dedicarse a la contemplación. Nosotros nos encargamos del márketing de sus productos y de contarle al mundo que ellas se han retirado de él para rezar por todos nosotros. Lo que necesitan es que se vendan sus productos para que puedan estar tranquilas. Y nosotros, en Contemplare, tenemos ese perfil empresarial”, señala.

Alejandra Salinas (a la derecha), con Laura Candela, también de la Asociación Contemplare

Alejandra Salinas (a la derecha) y Laura Candela, de la Asociación Contemplare

A través de la web de Contemplare (www.asociacioncontemplare.org), comercializan un millar de productos de artesanía, figuras religiosas, ropas de bebé, productos gourmet… Uno de sus clientes es la Universidad Francisco de Vitoria. “Conocimos la situación de los monasterios a través de la Asociación Contemplare y quisimos poner nuestro granito de arena encargándoles los regalos de Navidad que entregamos anualmente a la comunidad educativa. Para nosotros es una oportunidad fantástica de contribuir a su sostenibilidad y de dar a conocer la riqueza de la vida contemplativa. Encargamos 750 regalos con un presupuesto de 25.000 euros”, confirma Macarena Botella, directora de Comunicación y Relaciones Externas de esa universidad.

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