¡Basta de tanta violencia en Mozambique!

Tras la muerte de un misionero, religiosas y religiosos denuncian la oleada de asaltos a sus casas

J. L. CELADA | Las religiosas y religiosos de Mozambique han alzado su voz, “junto con la mayoría del pueblo mozambiqueño, que busca su sustento honestamente, día a día, sol a sol”, para decir “¡basta!” al clima de violencia e inseguridad que vive el país. [¡Basta de tanta violencia en Mozambique! – Extracto]

Una situación que se pone de manifiesto en la oleada de asaltos que vienen sufriendo las casas religiosas, y que el pasado día 3 se cobró su primera víctima mortal: el misionero de la Consolata Valentim Camal. El religioso falleció camino del hospital a consecuencia de un traumatismo craneoencefálico, tras ser agredido durante el robo perpetrado por varios desconocidos en la parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús, en la misión de la congregación en Liqueleva (Matola).

En una carta conjunta dada a conocer el pasado 7 de mayo en Maputo por la Conferencia de los Institutos Religiosos de Mozambique (CIRM) y la Conferencia de las Religiosas de Mozambique (CONFEREMO), los firmantes expresan públicamente su “indignación y protesta” por toda esa “violencia que asola al país de diversas formas, asesinando a personas inocentes y segando vidas”.

Y mencionan algunas de esas manifestaciones: “El tráfico de órganos y de personas, la violencia sexual, los recientes casos de secuestros, los homicidios, los latrocinios…”. Se trata –afirman– de “diferentes caras de la violencia en nuestro país, que hacen del ciudadano de bien un rehén en su propia tierra y en su propia casa”.

Más adelante, los representantes de la CIRM y la CONFEREMO defienden que, en el desarrollo de un país, “la vida humana es más valiosa que cualquier megaproyecto o inversión financiera”. Por lo que instan a que la seguridad pública establezca como elemento prioritario la defensa de “la dignidad de la persona, y no el lucro”.

En este sentido, quieren llamar la atención de los poderes públicos y el “deber constitucional” que tienen de “promover la seguridad de su pueblo”. No solo con carácter paliativo. A tenor de los hechos ocurridos recientemente, entienden que se debería apostar, sobre todo, por la prevención y la investigación, lo cual requiere “un mayor compromiso de las autoridades para minimizar esta situación beligerante que la sociedad civil está viviendo”.

Llamamiento a la sociedad

Todo ello pasaría, entre otras cuestiones, por mejorar la formación de los oficiales de seguridad, asignarles salarios más justos, contar con equipamientos actualizados y adecuados, y disponer de un mayor contingente de personal y brigadas ubicadas estratégicamente en los barrios. “Elementos –se dice en la misiva– que han de ser tomados en cuenta para mejorar el servicio de los agentes de policía en favor de la población”.

Aunque “nada de esto será suficiente si no tenemos un sistema penitenciario y judicial más eficiente y realmente justo, incluyendo al ministerio público”, advierten las religiosas y religiosos mozambiqueños.

Desde la CIRM y la CONFEREMO, exhortan también a la sociedad civil en su conjunto a que adopte “una actitud proactiva” con respecto a su seguridad personal y a la de sus familias, para así “romper el ciclo de la violencia”. Eso significa que “la omisión, la complicidad y el tomarse la justicia por su mano solo empeoran la situación”, y son comportamientos que “deben ser evitados”. Sin embargo, recuerdan que, como ciudadanos, han de exigir de los poderes públicos “el cumplimiento de su mandato constitucional”, pues “el Estado debe servir a la gente, y no al revés”.

Las religiosas y religiosos que entregan su vida al servicio del pueblo mozambiqueño, “tanto a nivel material como espiritual, y con especial atención hacia los más desprotegidos de la sociedad”, concluyen su carta lanzando un llamamiento a los diferentes sectores de la sociedad civil, organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación y todas las personas de buena voluntad, para “sumar fuerzas en la reflexión y el debate sobre las causas de la violencia, en la fiscalización de la acción del Estado, y en la creación de mecanismos y estrategias destinadas a concienciar a la sociedad sobre su papel en la defensa de la dignidad humana en Mozambique”.

“Que la muerte del P. Valentim y de tantas otras personas, padres y madres de familia, jóvenes y niños víctimas de la violencia en nuestro país –concluye el texto–, nos motive en la búsqueda de nuevas soluciones a viejos problemas, para construir una sociedad más justa y mejor, donde reinen la fraternidad y la paz verdadera”.

En el nº 2.801 de Vida Nueva.

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