.


David contra Goliat

Los limoneros

(J. L. Celada) En tierra de olivos, otro árbol se convierte en involuntario protagonista de la penúltima aproximación al conflicto que desde hace décadas viene soportando Oriente Medio. A la sombra de Los limoneros -título que recibe esta nueva propuesta-, un realizador israelí (Eran Riklis) y un periodista palestino (Suha Arraf) han alumbrado con su cámara y su pluma una bella fábula acerca de la lucha por la supervivencia en condiciones hostiles.

Lejos de las producciones que han mostrado en toda su crudeza las consecuencias de este enfrentamiento ya enquistado, la historia que aquí se nos narra apuesta por otros “daños colaterales”, los derivados de la primacía de la seguridad sobre la libertad. Una herida que se deja sentir a ambos lados de la frontera que separa Israel de Cisjordania, escenario donde tienen lugar los hechos, pero también en los corazones de unos y otros.

Testigos mudos e indefensos de esta prolongada pugna entre David y Goliat, Los limoneros de Riklis pertenecen a una viuda palestina dispuesta a llegar al mismísimo Tribunal Supremo israelí para salvaguardar su único medio de vida. Una batalla sin bombas ni sangre, pero en la que están en juego no sólo su pan y su futuro, sino su pasado y su dignidad.

Ahora bien, aquel pasaje bíblico del joven hijo de Jesé contra el gigante filisteo es mucho más que una socorrida metáfora de los pequeños triunfos del débil ante el poderoso en la actual coyuntura política de la zona. La cruzada de esta mujer encarna la de todo un pueblo por emanciparse del yugo de sus vecinos (los mismos que invaden literalmente su propiedad en nombre de un Estado seguro), también la soledad del individuo frente a la Administración, por no hablar de la marginación y el sometimiento del sexo femenino (ya sea por motivos religiosos, en su caso, o militares, como ocurre a pocos metros de su disputada parcela).

Que Los limoneros de nuestra abnegada heroína puedan representar una amenaza para la estabilidad de un país, da cuenta del grado de sinsentido que se ha instalado en aquella sociedad. Otra cosa bien distinta es el inteligente planteamiento del que se desprende esta agria constatación. Con cierta gracia, renunciando a tópicos y maniqueísmos, el tándem Riklis-Arraf se sobrepone a los prejuicios para regalarnos una bella película en torno a los muros (de hormigón y de odio) que se interponen entre gentes llamadas a convivir en paz. Esa paz que nace de la justicia y se alimenta con la esperanza.

Lo único que cabe esperar ahora es que esta cinta -tan sólida y audaz como su aportación a una reflexión serena sobre el tema- contribuya a extender el convencimiento de que se puede trabajar juntos en pos de un objetivo común y largamente ambicionado. El cine ya ha dado el primer paso.

FICHA TÉCNICA

TÍTULO ORIGINAL: Etz limon

DIRECCIÓN: Eran Riklis

GUIÓN: Suha Arraf y Eran Riklis

FOTOGRAFÍA: Rainer Klausmann

MÚSICA: Habib Shehadeh

PRODUCCIÓN: Bettina Brokemper, Antoine de Clermont-Tonnerre, Michael Eckelt, Eran Riklis 

INTÉRPRETES: Hiam Abbass, Ali Suliman, Rona Lipaz-Michael, Doron Tavory, Tarik Copty, Amos Lavie, Amnon Wolf

En el nº 2.634 de Vida Nueva.

Compartir