Tribuna

La crisis de la píldora es feminista

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Cuando una mujer estadounidense, ahora madre de familia y ecologista militante, discutió por primera vez con su esposo acerca de cómo imaginaban a su futura familia, descubrió que estaban en la misma línea sobre el número de hijos que esperaban tener. Pero no en los métodos de regulación de los nacimientos.

“El método más común entre las jóvenes era la anticoncepción oral, y todavía lo es hoy, además de otros anticonceptivos hormonales químicos como el DIU, las inyecciones, los parches y los anillos vaginales”, cuenta en su blog. “Mi marido pensaba que esos métodos no serían un problema para mí, pero estaba muy equivocado. Entonces no intentaba llevar una vida natural o ecológica, pero sabía cien por ciento que no tomaría hormonas ni anticonceptivos químicos. No habría introducido esas cosas en mi organismo y tratado mi cuerpo de esa manera”.

El suyo no es un testimonio aislado. “Hace un tiempo decidí detener la píldora porque la regulación química de mis ciclos me daba la sensación de perder el control de mi cuerpo”, dice Laure, una joven activista francesa de 35 años. “Es paradójico, porque había elegido esta forma de anticoncepción, precisamente para tener un mejor control de mi vida… Y en cambio sentí lo contrario: me sentí separada de mí misma, de mis sensaciones, y, de cierta manera, cortada fuera del mundo”. Laure afirma que esta decisión no se debió a una razón religiosa, sino a una sensación de falta de coherencia con su estilo de vida y con una cierta concepción del respeto de su organismo.

“Yo como comida orgánica, privilegio la comida de las cadenas de suministro cortas, la agricultura de proximidad, uso solo detergentes naturales, evito todo lo que es químico en mis productos de belleza, solo tomo medicamentos cuando estoy realmente enferma. Así que recurrí a los métodos naturales de observación del ciclo y desde entonces tengo la sensación de haber redescubierto una armonía con el entorno que me rodea”.

Métodos naturales, cada vez con más adeptos

Durante mucho tiempo etiquetados como “católicos”, los métodos naturales de observación del ciclo son cada vez más seductores en los ambientes ecologistas, como la madre de familia estadounidense (que luego eligió someterse a la esterilización) o personas que, como Laure, tienen una conciencia ambiental más aguda.

“En mi estudio  –afirma Pauline de Germay, consultora de métodos naturales residente en París– recibo cada vez más mujeres y parejas que quisieran pasar a los métodos naturales porque rechazan todo lo que es químico. ¡Recientemente una señora me ha hablado de su hija vegana que empezó con un chico y se encontró frente a un caso de conciencia ecológica! En la sociedad, un número creciente de personas piensa que la anticoncepción química bloquea los procesos, que las mujeres experimentan menos deseo cuando toman la píldora. El despertar de la conciencia ambientalista hace que las personas presten más atención a lo que ingieren y que los métodos naturales les parezcan como una puerta de entrada para redescubrir su naturaleza profunda”.

En Francia, la crisis de la píldora 2012-2013 se debió precisamente a esto. A finales de diciembre de 2012, un joven que utilizaba una píldora de tercera generación presentó una denuncia contra un laboratorio farmacéutico después de sufrir un ictus que la dejó discapacitada, suscitando un fuerte debate sobre los riesgos de trombosis venosa relacionados con el uso de las píldoras de terceras y cuarta generación.

Cuestión de riesgo

La Agencia Nacional para la Seguridad de los Productos Sanitarios estima los riesgos en 2 de cada 10.000 para las mujeres que no toman anticonceptivos orales, de 5 a 7 de cada 10.000 para aquellas que toman una píldora de segunda generación, y 9 a 12 de 10.000 para aquellas que toman píldoras de tercera y cuarta generación. El Ministerio de Sanidad decidió no reembolsar más la píldora de tercera y cuarta generación.

La gran cobertura mediática del caso de 2012 llevó en Francia a otras 130 denuncias por “lesión negligente a la integridad de la persona”, que se refería a una treintena de marcas de píldoras de tercera y cuarta generación, ocho laboratorios y la Agencia nacional por la seguridad de los productos de sanitarios (Ansm). La investigación se cerró en junio de 2017, pero el impacto fue profundo.

Según una encuesta publicada en 2014 por el Instituto Nacional de Estudios Demográficos (Ined), titulada ‘La crisis de las píldoras en Francia: ¿hacia un nuevo modelo anticonceptivo?’, aproximadamente una mujer de cada cinco declaró que había cambiado su método después de lo sucedido en 2012- 2013.

Las mujeres jóvenes, las más concienciadas

Así el recurso a la píldora pasó del 50 al 41 por ciento entre 2010 y 2013. Luego continuó disminuyendo. “La disminución en el uso de la píldora observada en mujeres de los 15 a  los 49 años en 2013, tras la ‘crisis de la píldora’, continuó en 2016, con una disminución significativa de 3,1 puntos entre 2013 y 2016″, se lee en otro informe. Una disminución que se ha agregado a la de 5 puntos observados a mediados de los años 2000 y en 2010.

El fenómeno afecta a mujeres de todas las edades, pero es particularmente marcado entre las más jóvenes, especialmente entre las menores de treinta años.  Por lo tanto, los métodos naturales, aunque siguen siendo marginales en la población en su conjunto (lo usa un poco menos de una de cada 10 personas en Francia), se benefician de esta crisis de confianza en la píldora, al igual que el preservativo y el DIU, cuyo uso está aumentando.

Aquellos que todavía piensan en el método Ogino-Knaus y su 25 por ciento de embarazos anuales no planificados, corren el riesgo de ser sorprendidos. ¡En el siglo XX, la anticoncepción puso fin a la fecundidad incontrolable (porque todavía desconocida) de las mujeres; ahora abierto al siglo XXI, donde los métodos de observación del ciclo han puesto fin a la hiper-medicalización (porque se ha vuelto inútil) de su cuerpo! “¿Qué? ¿Feminista? ¿Yo?”, escribe una francesa de treinta años en su blog ”Ciclo natural’.

Una señal de esta renovación, a principios de año, un grupo (no confesional) de un centenar de trabajadores de la salud, incluidos ginecólogos-obstetras y matronas, publicó un foro abierto instando a una mejor formación de los trabajadores de la salud sobre el tema. Invitó a no confundir los métodos de observación del ciclo con otras prácticas llamadas naturales, cuya fiabilidad es insuficiente: coito interrumpido, predicción de la fecha de ovulación con el “cálculo”, aplicaciones para smartphone o el método de la temperatura basal.

Necesidad de conocer más

Además pidió que durante los estudios universitarios se dedique más tiempo a la fisiología del ciclo para que los trabajadores sanitarios estén mejor formados sobre el tema: “¿Todavía es normal que en el siglo XXI se concluyan nuestros estudios médicos sin conocer los aspectos funcionales de la fisiología del ciclo? Sin conocer exactamente los beneficios para la salud de la mujer aportados por las hormonas producidas de forma natural durante el ciclo fisiológico?” se han preguntado.

Bajo su punto de vista, la cuestión de la formación es crucial para poder responder a la recrudescencia de preguntas: “Estas preguntas surgen del deseo de conocimiento y apreciación de la feminidad (y no del antifeminismo o del oscurantismo, ni de un simple ‘miedo a las hormonas sintéticas’), son mucho más que todo esto”.

Se está presenciando un movimiento de ‘reapropiación’ del cuerpo. “Las mujeres quieren recuperar la posesión de su cuerpo y ser autónomas en esta gestión”, observan los autores del artículo. “Es lo que llaman ‘empowerment’. Nos lo dicen durante las visitas, cuando hay un espacio para el diálogo”.

Las mujeres toman posesión de su cuerpo

En este movimiento de reapropiación del cuerpo, también existe el deseo de una verdadera responsabilidad compartida en materia de sexualidad y fertilidad, áreas cuya gestión recae en exceso sobre las mujeres solamente. “Después de una fase de aplicación que siempre es un poco compleja, especialmente en la etapa posterior a la píldora, las parejas notan que esto crea o renueva el diálogo porque estos métodos implican una escucha y atención particulares. Las mujeres perciben variaciones en sus deseos, que cambian según el momento del ciclo. Los hombres a la escucha ven estas variaciones, lo que los involucra más”, afirma Pauline de Germay.

Quienes han llegado a los métodos naturales por razones ecológicas a menudo experimentan un momento de redescubrimiento de sí mismos ya que la observación del ciclo es un proceso exigente, al que se necesita dedicar más tiempo para formarse y observarse.

Es un cambio de paradigma para muchas de las mujeres que tomaron la píldora de facto desde el comienzo de su vida íntima, hacia el final de la adolescencia, sin una propuesta alternativa real o un diálogo con el ginecólogo, y a menudo sin conocer su propio ciclo. Un camino de autoconocimiento, con dificultad, fases de desaliento, pero también con descubrimientos sobre sí mismas.

Criticadas a menudo como retrógradas, incluso por otra parte de los ecologistas donde no solo tienen seguidores, los métodos naturales ahora están acompañados de una toma de conciencia feminista, que la joven autora del blog ‘Ciclo natural’ expresa así: teniendo el conocimiento del cuerpo femenino y los mecanismos naturales de reproducción ha realizado progresos extraordinarios en los últimos cincuenta años, “es imposible llamar aún ‘dinosaurio’ a lo que se ha convertido en una gacela”.