Castel Gandolfo se reinventa sin el Papa

  • El Palacio apostólico de las afueras de Roma mantiene su actividad como proveedor de productos agrícolas del Vaticano y como destino de turistas
  • La apertura al público de la segunda planta permite conocer las estancias en la que los pontífices han pasado muchos veranos

En la puerta de la parroquia de Santo Tomás de Villanueva en la plaza principal de Castel Gandolfo, al lado del ayuntamiento y de la pequeña oficina de correos, figura el horario de las misas. Hasta ahí todo normal. Pero el horario distingue entre las funciones litúrgicas cuando el papa está presente en la villa y cuando no. Algo útil durante años, pero convertido ahora en vestigio desde que Francisco decidiese abrir el Palacio al público y renunciase a tomarlo como residencia estival.

Entrada principal del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo (Foto: Mateo González).

El cambio de costumbres veraniegas de Francisco ha posibilitado que los visitantes que cada día llegan al Palacio Apostólico de Castel Gandolfo puedan acceder a la segunda planta, al apartamento papal. Los peregrinos que acudían al rezo del Ángelus en el mes de agosto, han dado paso a los visitantes de las salas del palacio que recogen algunos de los recuerdos de quienes han pasado por la villa papal.

Desde hace apenas año y medio, se puede visitar la habitación papal, las dependencias de los secretarios, la capilla en la que encontraron por primera vez Francisco con el papa emérito Benedicto XVI, la biblioteca en la que se ha recibido a tantos mandatarios y personalidades, el estudio privado de los papas, la sala del consistorio o la del trono… Además de los jardines, abiertos al público desde hace cuatro años, que en un tren ecológico, permiten durante una hora contemplar los vestigios romanos, las viñas papales, los invernaderos, la granja, el helipuerto…

Habitación papal en el planta superior del Palacio Apostólico (Foto: Mateo González). 

Las posibilidades de visita son múltiples y los Museos Vaticanos ofrecen un tour que incluye el trayecto en tren, cada sábado, desde la propia estación ferroviaria del Vaticano. Sin embargo, a pesar de que el movimiento de turistas no cesa ni siquiera más allá de la temporada estival, los vecinos y las autoridades locales no disimulan que no les gusta la opción de Francisco por no pasar el verano a orillas del lago Albano. Mientras una gran reluciente placa en el ayuntamiento recuerda la estancia de Benedicto XVI como emérito.

Alivio del ferragosto romano

Las crónicas más antiguas vinculan al emperador romano Diocleciano, del siglo I, con el terreno que hoy ocupan las villas pontificias. En una colina desde la que se divisa el lago Albao y el mar Tirreno, a 18 km de Roma, el lugar parecía el adecuado tanto para huir de los calores húmedos del calor romanocomo para pasar la estación invernal. Muchos emperadores después de Diocleciano siguieron acudiendo a la colina.

Durante la Edad Media, como tantos lugares de Roma, la villa fue expoliada hasta que a partir del siglo XIII, papas y nobles volvieron a recuperar poco a poco la antigua villa imperial. Urbano VIII y Alejandro II en el siglo XVII o Clemente XIV en el XVIII contribuyeron al desarrollo de lo que hoy son el palacio y los jardines pontificios. Es tal la vinculación con los papas de Castel Gandolfo que con la toma de Roma y la pérdida de los Estados Pontificios, en 1870, la propiedad volvió pronto al Vaticano. Los Pactos de Letrán, en 1929, ratificaron la propiedad papal del Jardín del Moro, la Villa Cybo y la Villa Barberini. En 1934 se situó en la villa el Observatorio Astronómico vaticano.

Un rincón de los jardines pontificios por los que tanto ha paseado Juan Pablo II (Foto: Mateo González).

Dice la tradición que el primer papa en pasar sus vacaciones en Castel Gandolfo fue Urbano VIII, siguiendo la costumbre iniciada en su época de cardenal. Aunque los sucesores inmediatos no eligieron la villa para el veraneo, pronto otros papas visitarían y pasarían temporadas en la colina. Pío XI comenzó a acondicionar y modernizar las instalaciones para pasar una temporada.

Algunos de los llamamientos de Pío XII en la II Guerra Mundial se hicieron desde la villa papal. Es más, el palacio y los jardines se convirtieron en hospital para los refugiados y heridos de la guerra. La habitación del papa se reservó para ser el paritorio, unos 40 niños nacieron en ese tiempo. En Castel Gandolfo se les llama aún hoy los “niños del papa”.

En esa misma cama murió Pío XII el 22 de agosto de 1946. Juan XXIII comenzó la tradición del rezo del Ángelus y la misa del 15 de agosto en la parroquia, algo que continuó Pablo VI –que también murió en la villa–, Juan Pablo II –quien además de su estancia veraniega, reposaba tras algunos de sus viajes– y Benedicto XVI, que se trasladó a Castel Gandolfo la tarde del 28 de febrero de 2013, al hacerse efectiva su renuncia. Aquella tarde el portón del palacio parece que se cerró para siempre para los papas, al menos por ahora.

La granja y los jardines sirvieron de refugio para cientos de familias durante la II Guerra Mundial (Foto: Mateo González).

Actualizado
08/08/2018
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