Josetxo Vera: “Una Iglesia que no comunica, no es Iglesia”

Josetxo Vera, director del secretariado de medios de comunicación social cee

Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social

Josetxo Vera, director del secretariado de medios de comunicación social cee

FRAN OTERO. Foto: LUIS MEDINA | El sacerdote y periodista navarro José Gabriel Vera, o Josetxo Vera, como se hace y deja llamar, llegó a Madrid hace unos meses para ocupar la dirección del Secretariado de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española (CEE) con el mismo sentido de servicio con que desempañaba su actividad pastoral –que, en parte, sigue realizando–, docente (en la Universidad de Navarra) y periodística en su tierra natal. [Entrevista con Josetxo Vera – Extracto]

Y es que Josetxo lo tiene claro: está al servicio de la Iglesia allá donde le envíe. Lo reconoce entre risas: “Si la Iglesia me manda a Alaska, me voy a Alaska”. Y aunque no le ha enviado a esta parte del mundo, sí que le ha encargado tareas pastorales que, en su momento, requirieron una preparación y dedicación específica, como la Pastoral del Sordo, para lo que tuvo que aprender la lengua de signos. También aprendió el euskera para celebrar la Eucaristía en este idioma, y por eso insiste: “Si hay que ir a Rusia, aprendo ruso”.

Para Josetxo, esta libertad es propia de los que sirven a la Iglesia, porque “uno está en las mejores manos, las de Dios”. “Da mucha libertad el servir, porque no tienes que estar pensando si esto conviene o no conviene. La vida de la Iglesia es sencilla: servir, obedecer, tratar bien a la gente y amar. Por eso ser cristiano es posible para todos los hombres, porque es propiamente humano. Si la Iglesia fuera para los listos o para los ricos sería un rollo”, añade.

Pero antes de descubrir su vocación sacerdotal y de lanzarse al mundo del servicio en la Iglesia, quiso ser periodista. Fue en 3º de Periodismo cuando descubrió su vocación sacerdotal y, mientras acababa, empezaba a estudiar Filosofía. Luego empezó el Seminario.

“En el tiempo, primero fue mi deseo ser periodista; en la cabeza de Dios, sacerdote. Creo que las dos cosas son un regalo y tienen muchísima relación. Y es que están muy unidas, porque, en el fondo, la Iglesia se dedica a comunicar una noticia, como hacen los periodistas; es una misma misión, contar la verdad”, afirma.

Ante su nueva tarea, el sacerdote navarro vuelve a referirse al servicio, al acompañamiento pastoral de los periodistas en el camino hacia la verdad más profunda del hombre. “Nuestro trabajo (en el secretariado) no es periodístico –para eso está la Oficina de Prensa–, sino pastoral, la pastoral de las comunicaciones sociales. Los periodistas son un campo de acción pastoral muy bonito y apasionante”, añade. Recalca que esta tarea pasa por la unión y la comunión; por abrir puertas, tender puentes y preparar caminos. También por el servicio de los delegados de cada diócesis.

En la esencia de la Iglesia

Josetxo Vera no tiene mayor pretensión que la de continuar la “importante labor” de su predecesor, José María Gil Tamayo, aunque se marca un objetivo a largo plazo: la promoción de una pastoral integral de la comunicación en la Iglesia.

“Porque la comunicación no es un medio, es un fin que tiene su raíz en el Evangelio. La comunicación para la Iglesia no es una cuestión de medios, está en la esencia de su identidad. Una Iglesia que no comunica, no es Iglesia”, continúa.

Y aunque cree que tiene mucho que aprender en este ámbito, también dice que es “maestra de comunicación” por su experiencia en la transmisión de la Buena Noticia y porque siempre que ha aparecido un medio nuevo –imprenta, radio, Internet…–, la Iglesia se ha hecho presente.

Por cierto, cree que es legítimo que la Iglesia tenga medios de comunicación propios, como es legítimo que tenga colegios. “Son legítimos y pueden ser necesarios, sobre todo, si no hubiese cauces para mostrar la vida de la Iglesia. La voz de la Iglesia no está silenciada, pero está bien que sea potenciada”, concluye.

EN ESENCIA

Una película: Gladiator.

Un libro: El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl.

Una canción: My way, de Frank Sinatra.

Un deporte: béisbol.

Un recuerdo de la infancia: la catequesis en casa.

Un rincón del mundo: la foz de Arbayún.

Un sueño: la unión con la Ortodoxia para el 2054.

La mayor tristeza: la crítica destructiva en la Iglesia.

La última alegría: la Misa, esta mañana.

Un valor: autenticidad.

Un regalo: un rato con los amigos.

Una persona: mi madre.

Que me recuerden por… haber servido bien.

En el nº 2.789 de Vida Nueva.

Actualizado
17/02/2012
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