La Iglesia brasileña pierde cada año un 1% de católicos

brasileños con bandera

Aunque según el ‘Nuevo mapa de las religiones’ aún son mayoritarios, evangélicos y no creyentes ganan terreno

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GRAZIELA CRUZ. BRASIL | El panorama religioso en Brasil está viviendo una rápida y profunda transformación, según una encuesta realizada por el Centro de Políticas Sociales de la Fundación Getulio Vargas (FGV) y publicada recientemente bajo el nombre de Nuevo mapa de las religiones. “Es un fuerte ritmo de transformación. Los cambios que han ocurrido en cien años ahora ocurren en diez”, explica Marcelo Côrtes Neri, economista-jefe en el Centro de Políticas Sociales de FGV y coordinador del estudio.

La investigación, basada en entrevistas con 200.000 brasileños, revela que el porcentaje de seguidores del catolicismo cayó al nivel más bajo registrado desde 1872, cuando el 99,72% de la población se declaraba católica. El informe recoge datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares (POF) del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) de 2009, que muestra que el 68,43% de los brasileños se declaran católicos, lo que corresponde a 130 millones de personas. Eso significa que, a pesar del descenso, el catolicismo sigue sendo la religión mayoritaria del país, seguida por la Iglesia evangélica y el espiritismo.

Según el estudio, el número de católicos se mantuvo constante a principios de la década de 2000, pero, de 2003 a 2009, se produjo un descenso de los fieles del 7,3%. Una de las razones de esta caída es el aumento de los evangélicos durante ese período (del 17,9% al 20,3% de la población), aunque, significativamente, se debe considerar el incremento del grupo de personas que dicen no pertenecer a ninguna religión. Este colectivo, integrado principalmente por menores de 20 años, aumentó del 5,13% a 6,7% del total de la población.

Otra de las novedades que presenta la investigación es la reducción del número de mujeres católicas (71,3%), con un porcentaje menor que el de los hombres (75,3%). “Por encima de todo –argumenta Neri–, creo que la causa se conoce como la revolución femenina. Pocas cosas han cambiado más en la vida cotidiana como el trabajo y la anticoncepción entre las mujeres. El hecho es que, aunque las mujeres son mucho más religiosas que los hombres, son menos católicas”.

El estudio revela también que el catolicismo está más presente entre los ricos, de la clase AB (69,07%), y entre los más pobres, de la clase E (72,76%). Entre las otras religiones, los evangélicos tradicionales se concentran principalmente en las clases sociales AB (8,35%) y C (8,72%).

La encuesta muestra que, en el período 2003-2009, hubo un aumento (del 5,13% al 6,72%) de las personas que declaran no tener religión, y que los grupos evangélicos crecieron del 17,9% al 20,2% sobre el total de población. “Todo el crecimiento provino de los evangélicos tradicionales, que subieron del 5,39% al 7,47%, con una relativa estabilidad de los pentecostales alrededor del 12,7%. Otras creencias religiosas, como los espiritistas, afro-brasileños, orientales, entre otros, también se elevan del 3,2% al 4,6%. Por lo tanto, el movimiento de la mezcla de creencias tiende a diluir el catolicismo brasileño”, concluye el investigador.

Según el estudio, el extrarradio de Río de Janeiro es el menos católico y menos religioso de todas las grandes ciudades brasileñas. En el otro extremo se encuentran la periferia de Fortaleza y Porto Alegre, respectivamente, la más religiosa y la más católica.

Preocupan los jóvenes

Los obispos fijan sobre todo su atención en las cifras relativas a los jóvenes. En un artículo publicado en la prensa del país, el arzobispo de Belo Horizonte, Walmor Oliveira Azevedo, explicaba: “Las investigaciones muestran cambios preocupantes en el nuevo mapa de las religiones en Brasil. Entre los jóvenes de 10 a 19 años, hay una reducción del 7% de católicos –del 74% al 67%–. El hecho de que la Iglesia católica pierda anualmente un 1% de sus miembros (lo que, en veinte años, podría suponer un descenso de hasta 20 puntos del actual 68% de católicos) exige un serio examen de las situaciones y respuestas apropiadas y firmes”.

Así las cosas, el prelado admite que no se trata de un problema de números, “de quién tiene más o quién tiene menos”. A su juicio, estamos ante “una cuestión más de fondo, que se refiere a la calidad de la evangelización, la característica esencial del Evangelio en la cultura y la contribución específica de la Iglesia católica, indispensable cuando se trata de la dirección de la sociedad y el futuro de la historia y de la humanidad”.

En el nº 2.776 de Vida Nueva.

Actualizado
11/11/2011
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