Una tormenta y un volcán ponen a prueba a Guatemala

La Iglesia lidera la respuesta solidaria para afrontar un desastre que ya ha dejado más de 200 muertos en la región

(Pablo Romo Cedano– México DF) El 27 de mayo, el volcán Pacaya, a menos de 50 kilómetros de la capital de Guatemala, inició su actividad emitiendo una inmensa nube de humo y cenizas que alcanzó cientos de metros sobre su cráter. En cuestión de unos minutos, las calles y tejados de Ciudad de Guatemala se cubrieron de una capa negra y en muchas partes se taponó el drenaje pluvial, hasta el punto de que el presidente, Álvaro Colom, decretó a las pocas horas el “estado de calamidad”. Aníbal Anchila, periodista de la televisión guatemalteca, pereció entre una lluvia de piedras ardientes mientras narraba ante las cámaras la erupción del volcán.

Por si fuera poco, un día después de esta primera erupción, la depresión tropical Agatha se convirtió en tormenta tropical, azotando las costas orientales del país y de la vecina Honduras, al tiempo que su irrupción tierra adentro causaba graves inundaciones y deslaves de carreteras y viviendas. Agatha, que anunciaba así el inicio de la temporada de huracanes en la región, dejó a su paso por Guatemala más de 180 muertos y al menos 200.000 damnificados. En Honduras, se registraron nueve fallecimientos y, en El Salvador, 14.

Los templos y escuelas del este y centro del país se convirtieron por unos días en refugios improvisados para más de 100.000 guatemaltecos afectados por las fuertes lluvias. La Iglesia, a través de Cáritas, puso en marcha inmediatamente un programa de auxilio a las víctimas, ofreciendo techo y comida caliente para paliar los efectos del primer temporal que azota este año el Caribe. Según los expertos, está previsto que en esta temporada se formen en las costas del Atlántico entre 13 y 21 huracanes y de 20 a 30 depresiones que pueden derivar en tormentas tropicales.

El obispo de Escuintla, Víctor Hugo Palma, emitió un comunicado el 1 de junio en el que llama a la solidaridad y reflexiona desde la fe sobre esas catástrofes naturales, que “nos han hecho sentir con fuerza nuestra débil condición humana: la ruina de casas, campos de cultivo y actividades productivas, la destrucción de las vías de comunicación, pero, sobre todo, la pérdida de vidas humanas ofrece hoy un triste panorama nacional que conmueve toda conciencia, especialmente cristiana, y nos hace volvernos hacia Dios con la súplica: Líbranos, Señor de todo mal (cf. Mt 6, 13) como también con la confesión de fe [y título del mensaje]: El Señor es nuestro refugio (Sal 89, 1), Él está con nosotros (cf. Mt 28, 20)”.

El prelado lamenta también otros males, fruto del pecado humano (violencia, narcotráfico…), que “nos hacen derramar lágrimas y vivir en aflicción al punto de constatar que, junto a la urgente necesidad de reconstruir sobre el daño de los desastres naturales, sigue pendiente la tarea de lograr un ambiente de respeto a la vida y dignidad de la persona humana”.

El texto episcopal concluye reconociendo cómo, “en medio de nuestras tribulaciones y a pesar de que ningún guatemalteco se ha librado de los efectos directos o indirectos de estas calamidades, volvemos a encontrar en los rostros de los fallecidos, de los heridos, de los empobrecidos en su casa y posesiones, de los confundidos con el sentido de los acontecimientos, el rostro mismo del Señor que sufre”. E invita a hacer “llegar los medios materiales de la vida a quienes lo han perdido todo”.

Aunque no es la primera vez que las tormentas y huracanes azotan la región, las medidas adoptadas han sido escasas, quizá porque “la cultura de prevención de desastres está relegada en el olvido”, afirma el secretario ejecutivo del Centro de Coordinación para la Prevención de los Desastres Naturales en América Central.

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DAÑOS Y AYUDAS


Los municipios más afectados por Agatha son Palín y Amatitlán, con su famoso lago, que elevó más de dos metros su nivel normal en cuestión de horas. En su recuento de daños, Cáritas de Guatemala da cuenta de que colapsaron totalmente varios puentes en Sololá (Jutiapa) y en El Quiché. En Sololá se desbordaron los ríos Las Lajas y San Francisco, a su paso por Panajachel.

Mientras tanto, por lo que respecta al volcán Pacaya, en los últimos días disminuyó la intensidad de su erupción, pero no se descarta que reanude en cualquier momento su actividad con el riesgo de movimientos telúricos.

Caritas de Guatemala ha emitido un SOS pidiendo donativos a nombre de ‘Cáritas de Guatemala-Emergencia’, a su cuenta nº 01-0020088-1 del G&T Continental.

promo@vidanueva.es

En el nº 2.710 de Vida Nueva.

Actualizado
04/06/2010
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