Antonio Heredia: “Estoy orgulloso de ser sacerdote y gitano”

Director nacional de Pastoral Gitana

(Texto y foto: Miguel Ángel Malavia) Antonio Jesús Heredia Cortés es desde hace un par de semanas el primer sacerdote gitano de la historia de la Iglesia en España que dirige un departamento nacional: en este caso, la Pastoral Gitana. Nacido hace 38 años en un pueblecito de la Alpujarra granadina, Órgiva, es el mayor de tres hermanos. Recuerda su infancia con un poso de felicidad, incidiendo en que su casa lo era “de puertas abiertas”: “Nunca olvidaré los veranos, cuando mi familia venía a visitarnos. Mis hermanos y yo dormíamos en el suelo, para dejarles sitio. Pero no nos importaba nada”.

Por sus padres siente un cariño reverencial, destacando que son gente “sencilla, trabajadora, sacrificada y hospitalaria”. Además de religiosos. Desde que alcanza su memoria siempre hubo una imagen del Cristo de la Cruz presidiendo su hogar, en lo que fue un modelo de familia cristiana.

Un episodio determinante en su vida acaeció cuando, a los 14 años, Serafín, un sacerdote amigo suyo, le regaló el libro Francisco el Buenagente. El ejemplo de san Francisco le hizo ver que “Dios está en las cosas pequeñas, como una flor o la brisa de la tarde”. Cualquiera que hable dos minutos con Antonio comprobará que es un amante apasionado de la naturaleza. Y de Dios. Y de los hombres. Fruto de todo ello, con 19 años se fue a vivir con Manuel Vilches, un sacerdote ermitaño en la sierra de Dúrcal que se dedicaba a ayudar a las víctimas de la droga y el alcohol. Fue tiempo de “contemplación, paz y compromiso”. El mismo que también demostró dos años después cuando el cantautor Carlos Cano y el sacerdote Diamantino García, ambos fallecidos, le pidieron que dirigiera en Órgiva una casa de atención a niños saharauis. Lo que él hizo de mil amores. Aunque sin esquivar (jamás lo buscó) los sinsabores de tal tarea. En una visita a campos de refugiados de Argelia pudo ver de cerca “el rostro del sufrimiento, la pobreza y la injusticia”. En esos días, un anciano saharaui le dijo una de las frases que marcaron su vida: “Antonio, gracias por respetar a nuestros niños. Tú eres cristiano y rezas a Jesucristo, pero respetas que nuestros hijos recen a Alá”.

La diversidad como don

Poco después, “tras no dejar nunca de buscarse a sí mismo”, dio el paso de ingresar en el seminario de Granada para entregarse por completo a Cristo. Allí compaginó sus estudios en Teología con la acción pastoral en un departamento “comprometido”: la Pastoral Penitenciaria. Además, también se fue un verano de misionero a Panamá con el IEME.

Ya como sacerdote jamás ha renunciado a lo que es: un cura gitano. Sabedor de que algunos de sus compañeros de vocación y que comparten su misma etnia tratan de esconderlo, él siempre lo muestra con orgullo. “Cada vez que me presento en una reunión, digo: ‘Hola, me llamo Antonio Jesús Heredia Cortés y soy sacerdote y gitano'”, afirma sonriente. Por desgracia, muchos no le han aceptado a causa de su etnia: “Ha habido gente con la que me llevaba muy bien, pero que cuando les he dicho que soy gitano ya me han mirado de otra forma. Por mi aspecto externo, no lo parezco. Y lo mismo sucede con mi comportamiento. Como soy trabajador, responsable y puntual, jamás piensan que puedo ser gitano. Pero esto es así porque permanecen aún muchos falsos estereotipos”. Aun así, lo que más le duele es que eso suceda también en ambientes cristianos, pues “no hay nada más alejado de Cristo”.

De esto habló en un libro que escribió en sus primeros años de sacerdote y que se titulaba Gitano de padre y madre. En él narró una bella parábola: “La naturaleza consta de cuatro estaciones, cada una con su aroma y su colorido. Un jardín con una única flor es muy aburrido, porque cuando se pasa su época se marchita. En cambio, en un jardín con muchas flores, rico, siempre habrá color y belleza. Pues bien, éste es nuestro mundo. Dios, el gran jardinero, ha puesto muchas flores, diferentes. Cada una tiene un sabor, un olor propio y único. Entonces, ¿por qué vamos nosotros a rechazar ese regalo?”. Antonio no se queda con lo homogéneo, con lo gris. Él apuesta por la riqueza de la diversidad. Y da un consejo: “Ahora que se acerca el otoño, hemos de podar los brotes malos, como el racismo. Sólo así disfrutaremos de una primavera nueva”.

En esencia

Una película: La Misión.

Un libro: Francisco el Buenagente, de José Luis Cortés.

Un deporte: pasear.

Un rincón: Las Alpujarras.

Un recuerdo de la infancia: una flor, el mirto.

Una persona: san Juan de Dios.

La última alegría: una puesta de sol.

La mayor frustración: la política.

Un valor: la libertad.

Que me recuerden: por estar, por acompañar.

En el nº 2.631 de Vida Nueva.

Actualizado
10/10/2008
Compartir