Las claves del desencuentro Iglesia-Gobierno

(Vida Nueva) La reciente “guerra” de acusaciones entre el Gobierno del PSOE y la Iglesia española a raíz del acto “Por la familia cristiana”, que tuvo lugar el pasado 30 de diciembre en la madrileña Plaza de Colón, ha puesto de manifiesto lo que para muchos era un secreto a voces: el Ejecutivo y la Iglesia tienen importantes puntos de desencuentro. Y es que la concentración ha sentado muy mal al presidente Zapatero, pues así lo avalan fuentes muy bien informadas en la revista Vida Nueva, que, en su último número, repasa las claves de este “penúltimo” enfrentamiento entre la Jerarquía eclesiástica y los socialistas.

“Hay muchos recelos, reservas y hostilidad” por las dos partes, señala una de esas fuentes, quien también sostiene que la supuesta “paz” en las relaciones Iglesia-Estado que parecía imperar en los últimos meses (con medidas aprobadas por el Gobierno como subida del porcentaje del IRPF, acuerdo sobre los profesores de religión, trato delicado en las beatificaciones de los mártires españoles del siglo XX…) era “superficial, de cara a las próximas elecciones”.

Voces eclesiales consultadas por Vida Nueva reconocen la inconveniencia de las declaraciones de los cardenales de Madrid y de Valencia durante el acto -que acusaban a los socialistas de propiciar políticas que disolvían la democracia y atentaban contra los derechos humanos-, pero justifican el espíritu de esas críticas porque existe el convencimiento de que se legisla al albur de la presión de algunos grupos sociales, “pero no de la mayoría de la sociedad”.

Las causas del malestar

Lo que para algunos es la verdadera causa del malestar del Ejecutivo es “el éxito de la convocatoria. Ha cogido al Gobierno con el paso cambiado”, pues se cree que “el debate es si los obispos y los seglares tienen derecho o no a la calle”. De hecho, tal y como señala otra fuente que fue testigo de la concentración “aquello, en un principio, era una fiesta”, mientras que fue la alocución del arzobispo de Valencia la que provocó más incomodidad.

Existe el convencimiento entre las fuentes consultadas de que el efecto provocado por el acto de la Plaza de Colón ha sido el esperado por los organizadores: “Desde fuera se iba a interpretar como el último acto de movilización de la Iglesia antes de las elecciones de marzo, y muy en línea con el PP; y, desde dentro, como una muestra de fuerza del liderazgo de Rouco dentro de la Iglesia española”. En lo que también coinciden las personas consultadas es en la necesidad de “despolitizar” la voz de la institución eclesial y en dar más protagonismo a los laicos.

En conclusión, ¿beneficia a alguien este enfrentamiento? “No beneficia a nadie”, ésa es la opinión de un obispo que no estuvo en el acto por la familia cristiana, aunque le hubiera gustado, porque asegura no estar de acuerdo con las leyes que el Gobierno está sacando. Otro prelado asistente señala: “Algunas frases tenían que haberse matizado y no era el momento de decirlas”. Y añade “no puede tacharse de intolerante todo lo que allí se dijo por unos políticos como son los del PSOE, que hablan siempre de tolerancia, pero no la aplican”.

Más información en el nº 2.596 de Vida Nueva (A fondo, páginas 8-10).

Actualizado
11/01/2008
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