¿Puede haber una Navidad sin villancicos?


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Un ‘Adeste fideles’

Son tantas las historias, leyendas y relatos que reflejan hasta donde alcanza el poder y el sentido de la Navidad… Seguramente una de las más repetidas es la navidad que vivió en 1886 un joven de 18 años llamado Paul Claudel. Este dramaturgo y diplomático francés es capaz de situar el origen de su conversión en los oficio de Navidad en la Catedral de Notre-Dame de París. Unos años después rememorará aquel instante: “Entonces empezaba a escribir y me parecía que en las ceremonias católicas, consideradas con un diletantismo superior, encontraría un estimulante apropiado y la materia para algunos ejercicios decadentes. Con esta disposición de ánimo, apretujado y empujado por la muchedumbre, asistía, con un placer mediocre, a la Misa mayor. Después, como no tenía otra cosa que hacer, volví a las Vísperas”.



Es en el oficio de la tarde de aquel 25 de diciembre de 1886 cuando el joven Claudel recuerda una experiencia imborrable: “Los niños del coro vestidos de blanco y los alumnos del pequeño seminario de Saint-Nicholas-du-Cardonet que les acompañaban, estaban cantando lo que después supe que era el ‘Magnificat’. Yo estaba de pie entre la muchedumbre, cerca del segundo pilar a la entrada del coro, a la derecha del lado de la sacristía”, relata. “Entonces fue cuando se produjo el acontecimiento que ha dominado toda mi vida. En un instante mi corazón fue tocado y creí. Creí, con tal fuerza de adhesión, con tal agitación de todo mi ser, con una convicción tan fuerte, con tal certidumbre que no dejaba lugar a ninguna clase de duda, que después, todos los libros, todos los razonamientos, todos los avatares de mi agitada vida, no han podido sacudir mi fe, ni, a decir verdad, tocarla”.

Prosigue el escritor: “De repente tuve el sentimiento desgarrador de la inocencia, de la eterna infancia de Dios, de una verdadera revelación inefable. Al intentar, como he hecho muchas veces, reconstruir los minutos que siguieron a este instante extraordinario, encuentro los siguientes elementos que, sin embargo, formaban un único destello, una única arma, de la que la divina Providencia se servía para alcanzar y abrir finalmente el corazón de un pobre niño desesperado: ‘¡Qué feliz es la gente que cree! ¿Si fuera verdad? ¡Es verdad! ¡Dios existe, está ahí! ¡Es alguien, es un ser tan personal como yo! ¡Me ama! ¡Me llama!’. Las lágrimas y los sollozos acudieron a mí y el canto tan tierno del ‘Adeste’ aumentaba mi emoción”. La música y la oración de la Navidad hicieron que Claudel pasase de ser un espectador de una ceremonia cultual a un protagonista de su propia historia de amor con Dios.

La novedad

Antes del de este villancico entonado con las afinadas voces de los ‘pueri cantores’ la vida del intelectual francés buscaba de escapar de un racionalismo extremo que volvió al joven Claudel en una persona taciturna en busca de emociones que llegaran al alma ahogada entre los postulados laicistas que llegaban incluso a los estudios teológicos o de la Biblia.

“No soy prisionero de mi razón. He dicho: ¡Dios! Yo quiero la libertad en la salvación: ¿cómo alcanzarla?… Si Dios me concediera la calma celestial, del aire, la oración –como los antiguos santos–. ¡Los santos!, ¡qué fuertes!, ¡los anacoretas, artistas como ya no los hay!”, es el lamento que Claudel retrata en su libro ‘Una temporada en el infierno’. La sencillez y profundidad del mensaje de la encarnación que trae la Navidad marcó el corazón de un joven en búsqueda. Incluso años después escribiría un poema ‘Chant du marche de Noël’ (canción del mercado de Navidad), compuesto en Praga, en el que añora no pasar las navidades en Francisco o que ser padre de familia para llevar a sus hijos a la Misa del Gallo.

La pandemia

Esta Navidad de 2020 no habrá grandes coros ni complejas armonía polifónicas en los oficios litúrgicos de las iglesias como medida preventiva ante la situación sanitaria. Este 2020, como el año pasado, no habrá misa en la catedral de Notre-Dame ni el cabildo rezará unas vísperas solemnes –algo que no interrumpieron ni las guerras mundiales o la ocupación nazi– mientras el templo se debate entre las diferentes propuestas de restauración. En las familias las tradiciones tendrán que reinventarse en cuanto a números, distancias, traslados o allegados.

Sin embargo, el mensaje de Niño que viene a ser ‘Dios-con-nosotros’ se podrá reinventar y colar en un momento de silencio y oración, en la nostalgia de los buenos deseos por quienes están lejos o en el recuerdo de quienes nos han dejado. En un tiempo de celebraciones comprimidas y simbolismo rebajado, si el joven Paul Claudel hubiese vivido la Navidad de 2020 podría haberse topado aquel sublime ‘Magníficat’ y aquel irrepetible ‘Adeste fideles’ entre las sugerencias de YouTube.

¡Feliz Navidad!