Cristóbal López Romero, SDB, cardenal arzobispo de Rabat
Cardenal arzobispo de Rabat

Musulmán, hermano en la Fe


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“Querido hermano en la Fe, con ocasión de las oraciones del nuevo año, permítame desearle y desear a cada miembro de su comunidad la felicidad como él la imagina.

Para los gestores del hecho religioso, el año nuevo es otro momento para recordarse y recordar a la gente la felicidad que les espera cuidándose desde el interior, cuidándose por la fe sincera, por el amor y por las buenas obras.

¡Que Dios le bendiga!”.



Cada año, ya desde hace unos cuantos, el arzobispo de Rabat recibe en torno a las fiestas navideñas una solemne carta, en este o parecido tenor, proveniente del ministro de Asuntos Islámicos, el Sr. Ahmed Toufiq. Me complace mucho que se dirija a mí llamándome “querido hermano en la Fe”, y escribe Fe así, con mayúscula. Y siento que sus palabras son sinceras, porque me lo ha demostrado las varias veces que me ha recibido en su despacho: ¡Qué delicadeza, qué deferencias, qué atenciones!

Y me complace el contenido, la invitación que me hace y nos hace a cuidarnos desde el interior, porque es de ese manantial interno de donde manará la felicidad. Y me convencen los medios a utilizar para ese cuidado de nuestra interioridad: la fe sincera, el amor y las buenas obras.

Llegar a tiempo

Ciertamente, no habla en su carta de la Navidad, aunque tiene mucho cuidado en que me llegue antes del 25 de diciembre; no trae citas bíblicas ni utiliza nuestras manidas expresiones de felicitación navideña. Pero, ¿no rezuma Evangelio todo el texto y el hecho mismo de tomarse el tiempo y la molestia de enviarme esta carta? Yo así lo interpreto.

Y el hecho de referirse al Año Nuevo, ¿no es una forma implícita de dar importancia a ese Niño que, con su nacimiento, dividió la historia en un antes y un después de Él?

Como obispo, tengo muchas ocasiones para bendecir a las personas que encuentro; y lo hago con gusto, en abundancia y con generosidad, porque creo en mi bendición, que no es mía, sino de Dios. Pero más gusto me da cuando alguien me bendice o pide la bendición de Dios para mí; por eso me emociona que el ministro de Asuntos Islámicos, de un país musulmán casi al cien por cien, acabe su mensaje con un “Dios le bendiga” que me llega al corazón.

Yo también deseo, queridos lectores, que, en este 2023, Dios les bendiga. ¡Feliz Año Nuevo!

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