Rafael Salomón
Comunicador católico

Eternas filas


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Estaban ahí, haciendo fila, esperando un documento y por su color de piel y fisonomía eran de algún país de Centroamérica, podría decir que muy probablemente haitianos. Todos tenían esa actitud de cansancio, horas esperando ser atendidos en la oficina de inmigración, tal vez por tanto tiempo de hacer filas por días enteros, la mirada de muchos de ellos se perdía con cualquier objeto y persona.



Su objetivo un documento, se forman con la tan anhelada esperanza, esa que en la mayor parte de las veces nunca llega y nunca llegará, son trámites que prometen ser sencillos, nunca lo son, promesas que difícilmente se cumplirán. En todos los países es lo mismo, largas filas de personas que desean “regularizar” su situación migratoria y que serán horas perdidas, días infructuosos, espera interminable.

Nada más desalentador para quien está formado y quien desea permanecer de forma legal en el país. Estando de viaje por algunos lugares, me he percatado que esa situación se repite frecuentemente, tal vez la razón, es que el verdadero objetivo es acabar con la paciencia, el dinero y hasta de las esperanzas de las cientos y miles de personas que desean un sello o ser parte de la fuerza productiva del país.

Los documentos que no llegan…

Seguramente una gran cantidad de ellos, perderán todas sus esperanzas, declinarán por muchas razones y abandonarán sus objetivos, regresando al lugar de donde salieron, esperando una mejor calidad de vida. Desafortunadamente, así sucede, es una constante verlos en todos los lugares del mundo pidiendo, implorando y hasta mendigando un documento, que por causa de la burocracia y la falta de sensibilidad en muchas ocasiones no llegará.

migrantes

Foto: EFE

Es triste reconocer la inhumanidad con la que se les trata y la falta de sensibilidad, es más triste ver y no poder hacer casi nada por ellos y es que las leyes y reglamentos están en su contra. Mientras avanzaba viendo esa línea interminable de personas, pude percatarme que, entre ellos, surge como una necesidad o como respuesta ante lo que están viviendo, es la venta de alimentos típicos de la nacionalidad y bebidas.

La vida continúa en cualquier lugar del mundo, sean cuales sean las condiciones y la parte comercial no se detiene tampoco.

“Por eso, todo cuanto quieran que los hombres les hagan, así también hagan ustedes con ellos, porque ésta es la Ley y los Profetas”. Mateo 7,12

Esta reflexión pretende ser un llamado a la parte sensible de la humanidad, quienes tienen la oportunidad de ayudar que lo hagan, que hablen con la verdad y no permitan que los migrantes acaricien un sueño que será difícil de lograr, documentos y sellos que nunca llegarán, promesas sin cumplir y al final, esas eternas filas de personas con ganas de integrarse y tener una vida diferente.

Elevemos nuestras oraciones por quienes sí pueden y no se deciden, quienes tienen la facultad de hacer la diferencia en la vida de los migrantes, pero, sobre todo, que puedan enfrentar con verdad y sinceridad cada situación. Todos somos migrantes y un día haremos alguna fila esperando ser atendidos con dignidad.