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Enrique Lluc
Doctor en Ciencias Económicas

En el templo (centro) comercial


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Estaba alucinado. Era una de las primeras veces que le llevaban allí sus padres. Dejaron el coche en un gran garaje lleno de automóviles. El ambiente era gris pero pronto rebasaron unas puertas de cristales tras las cuales unas escaleras automáticas los elevaban sin dificultad hacia un espacio más iluminado y alegre.

Allí todo era grande. Escaleras mecánicas que subían y bajaban alrededor de un gran espacio abierto y alto. Gente que subía y bajaba por ellos contenta, con bolsas de papel llenas de productos: niños, mayores, jóvenes, adultos… Unos iban de la mano y se regalaban besos furtivos, otros iban enfadados discutiendo por alguna compra, otros corrían alrededor de sus padres…

Llegó a la zona de tiendas y vio esos grandes espacios abiertos, llenos de productos… Ropa y vestidos colgados de interminables filas de perchas, carcasas de móviles de fantasía, cientos de zapatillas de colores en estantes interminables… Y gente, otra vez gente, probándose, comprando, mirando, paseándose… Y la mayoría parecían felices, lucían una amplia sonrisa.

Centro Comercial

Así que le entró un deseo irreprimible, tiró de la mano de su padre de la que no se había separado desde que había llegado. “Papá, cómprame algo”… Se lo dijo así por vez primera. El padre no se dio por aludido a pesar de la fuerza de su hijo tirando hacia abajo de su mano y siguió andando por el lugar como si esa frase no hubiese salido de su boca…

“Papá, cómprame algo”, repitió insistiendo. Y el padre esta vez le contestó que no, que no necesitaban nada. Pero él sabía no que era problema de necesitar o no, sino de comprar así que volvió a la carga: “Papá, cómprame algo”. “Déjalo, no te voy a comprar nada”, contestó esta vez.

El niño pensó que ya lo tenía ganado y volvió a la carga: “Papá, cómprame algo”. Y esta vez el padre le contestó: “Pero, ¿qué quieres que te compre?”. El niño se dio cuenta que su padre no comprendía nada, no era cuestión de qué, sino de comprar. ¿Acaso no era lo que todos estaban haciendo allí? Así que le contestó sin ningún tipo de complejo: “No sé, algo…”.