Ianire Angulo Ordorika
Profesora de la Facultad de Teología de la Universidad Loyola

Cuaresma en la nieve


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Me gusta el cine y el cine español, así que suelo ser muy aficionada a seguir los premios Goya y conocer un poco los entresijos de las películas, actores y actrices nominados. El caso es que este año, como los premios y sus previos me han pillado fuera del país, no he podido seguir ese ritual personal de recorrer los trailers, leer los comentarios de quienes saben del tema y ver, al menos, algunos de los momentos más relevantes de la gala. Lo que sí he podido saber es la avalancha de premios que ha recibido la película de Bayona, la misma que a una servidora le ha obsesionado un poco desde que la vi hace un mes. ‘La sociedad de la nieve’ es mucho más que una película bien hecha sobre el drama que experimentaron unos jóvenes uruguayos en Los Andes. No quiero hacer spoiler, pero más allá del respeto, de la delicadeza y de la fidelidad a lo que sucedió, la película devuelve la palabra a todos aquellos cuyas voces se apagaron en la montaña y sin los cuales es probable que ninguno hubiera sobrevivido.



“Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13)

La película, además, tiene algo de cuaresmal. A modo de gran inclusión, hay dos referencias bíblicas que marcan su inicio y el comienzo del desenlace. La primera, que puede pasar más desapercibida, se sitúa durante una eucaristía. Mientras intentan convencer a uno de los protagonistas de que se anime a viajar a Chile con el equipo de rugby, el sacerdote está proclamando el evangelio de las tentaciones de Jesús. Por otra parte, lo que parece provocar el inicio de la expedición con la que dará final a la tragedia también tiene que ver con la Biblia, pues el detonante parece ser haber encontrado en la mano de uno de los jóvenes fallecidos un papel con la cita joánica: “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13).

La Sociedad de la Nieve, de J. Bayona

La Sociedad de la nieve, de J. Bayona

Como en la película, nuestra cuaresma también se inicia siempre con el pasaje de las tentaciones el primer domingo y culmina con esa convicción de que el Señor nos amó hasta el extremo y se entregó a la muerte por nuestro bien. Salvando la inmensa distancia entre nuestro día a día y lo que vivieron estas personas, quizá podamos trazar nuestro recorrido cuaresmal entre una y otra escena y, como ellos, aprender en este tiempo a cuidarnos unos a otros, a poner humanidad incluso en las peores situaciones, a alentar esperanza cuando todo anima a lo contrario o a apostar por la vida aunque todo parezca apuntar en dirección contraria. Sin duda, no vamos a tener que nutrir y sostener con nuestra carne física la existencia de otros, pero sí podemos entrenar en eso de hacerlo de otro modo ¿no? Quizá entonces podremos también ser testigos de cómo la vida se hace paso misteriosamente en medio de situaciones de muerte y celebrar así la Pascua con otro regusto.