España

La Iglesia, en primera línea de fuego

| 31/07/2026 - 00:01





Los incendios que han golpeado el suroeste de la Comunidad de Madrid han dejado una imagen poco habitual en la región desde el pasado 22 de julio: miles de hectáreas calcinadas, municipios evacuados, carreteras cortadas y centenares de familias obligadas a abandonar sus hogares. La gravedad provocó que el Gobierno declarara la emergencia nacional.



Pero no solo en Madrid, pues Ávila, Castellón y Toledo también han vivido también un infierno. El papa León XIV, tras el rezo del ángelus el 26 de julio, tuvo un recuerdo especial para las “localidades de Francia y de España” y expresó su “cercanía” invitando “a todos a rezar por las personas afectadas y por el trabajo de quienes las socorren”.

La superficie calcinada en 2026 supera en 143.834,46 hectáreas a la registrada en el mismo periodo de 2025, lo que supone que el área devorada por el fuego se ha multiplicado casi por seis de un año a otro. Los datos hablan por sí solos: en Ávila se ha registrado el mayor incendio de la historia del país, con más de 50.000 hectáreas destruidas.

Asimismo, en la Comunidad de Madrid los fuegos han calcinado cerca de 28.000 hectáreas mientras que, en Vall d’Uixó, Castellón, han ardido más de 8.500 hectáreas y en Toledo unas 2.000. El despliegue de efectivos no tiene precedentes: solo para combatir los incendios de Madrid y Ávila fueron desplegados más de 2.737 efectivos, 426 medios terrestres y 21 medios aéreos.

Vista de los pinares arrasados por el incendio en el Parque Natural del Valle de Iruelas. Foto: EFE

Y se recibió ayuda de Portugal, Italia, Grecia y Turquía. La Unidad Militar de Emergencias (UME) mantuvo desplegados 1.201 intervinientes y 405 medios terrestres, mientras que la Guardia Civil participó con 1.085 agentes, 60 vehículos y dos helicópteros. Por su parte, la Policía Nacional movilizó 220 agentes y Protección Civil, 110 efectivos.

Un verano negro para toda España que vuelve a poner encima de la mesa la ineficacia de las administraciones públicas en la prevención de los fuegos y en la gestión forestal. Mientras los servicios de emergencia combatían un fuego que avanzaba con rapidez, otra red, mucho más discreta, comenzaba a desplegarse en los pueblos afectados: la de la Diócesis de Getafe. La Iglesia en el sur de Madrid ha visto como en pocos días gran parte de su territorio se calcinaba.

Los municipios más afectados han sido los de la Sierra Oeste de la Comunidad de Madrid que aglutina a Villa del Prado, Pelayos de la Presa, San martín de Valdeiglesias, Aldea del Fresno, Chapinería, Colmenar del Arroyo, Cadalso de los Vidrios, Cenicientos, Navas del Rey y Rozas de Puerto Real.

Un bombero trabajando junto al cementerio en Villa del Prado (Madrid). Foto: Jesús G. Feria/Vida Nueva

Algunos de ellos fueron evacuados, otros confinados. Tras varios días, unos 34.000 vecinos han podido regresar a sus pueblos después de que las autoridades decidieran levantar las órdenes de evacuación y confinamiento en la tarde del martes.

Sin casa ni trabajo

Ahora muchos se enfrentan a la realidad de haberse quedado sin nada tras haber sido pasto de las llamas. “Estamos viviendo momentos dramáticos por el fuego que ha desfigurado el rostro de nuestra tierra y deja mucha gente sin casa y sin trabajo”, dice a ‘Vida Nueva’ el obispo de Getafe, Ginés García Beltrán, quien desde el primer momento se mantuvo en contacto con los párrocos afectados y pendiente de la evolución de los fuegos que puso también en peligro el Seminario Menor de Rozas de Puerto Real, que tuvo que ser desalojado.

Junto al obispo, el auxiliar, José María Avendaño Perea; el vicario general, Javier Mairata; y el vicario para la Pastoral Social y Acción Caritativa, Aurelio Carrasquilla, han permanecido en vilo para socorrer a los sacerdotes afectados y sostener en lo posible a los vecinos.

José María Avendaño, obispo auxiliar de Getafe, visitando un polideportivo de una localidad de la diócesis. Foto: Vida Nueva

La Comunidad de Madrid estableció 21 puntos de acogida en 18 municipios –la mayoría también en territorio de la Diócesis de Getafe– para 2.734 personas desplazadas. Hasta Villaviciosa de Odón, Brunete y Leganés se desplazó Avendaño. Allí quiso conocer el estado de los desalojados, escuchándoles y ofreciéndoles ánimo y esperanza.

Recibido por los alcaldes de estas localidades, estuvo también acompañado de Carrasquilla y de Enrique Carrero, director de Cáritas diocesana. “Les transmití que no están solos” y “he querido que sientan que hay un corazón que sufre y late con ellos en estos momentos tan duros”, apunta Avendaño a esta revista.

Acompañamiento

En esos puntos de acogida los sacerdotes y voluntarios de Cáritas han sido fundamentales para atender a los afectados: desde el apoyo espiritual, la escucha y el consuelo, hasta la celebración de misa y el reparto de ropa y otros enseres.

En la tarde del 28 de julio, recién llegado de Honduras de una visita a los misioneros en el país, García Beltrán, presidió una eucaristía en la parroquia Santa Catalina de Alejandría, en Villamanta, y trasladó su cercanía a una población que, en los últimos días, se ha volcado con los afectados por el fuego.

El cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, también estuvo el 25 de julio visitando a los vecinos evacuados por el incendio de Navalagamella en un polideportivo de Alcobendas.

Josñe Cobo visita un polideportivo de Alcobendas donde estaban evacuados los habitantes de Navalagamella. Foto: Archidiócesis de Madrid

El párroco de Cecinientos, Juan Pablo Florez, lleva menos de un año al frente de la parroquia. Tuvo que ser evacuado junto a su madre y el resto del pueblo, que fueron trasladados hasta el polideportivo de Majadahonda preparado para la ocasión. “Al llegar me encontré con una comunidad desolada donde la gente empezaba a llorar, deprimida, y buscaba consuelo”, cuenta a este semanario. “Muchos venían a mí y me decían ‘Padre, necesito hablar con usted’. La gente venía a llorar sobre mi hombro”, recuerda. “He hecho de consejero, psicólogo, sacerdote, guía espiritual y de amigo”, remata.

Villa del Prado, por su parte, fue el primer municipio castigado por las llamas. Allí su párroco, Víctor Marmolejo, permaneció junto a los vecinos en todo momento: “Estuve acompañando, apoyando, escuchando en días de tanto dolor e incertidumbre”. Se trasladó al polideportivo municipal para acompañar a los vecinos evacuados.

Situación de vulnerabilidad

En San Martín de Valdeiglesias, el párroco Juan Manuel Vivar puso las instalaciones parroquiales y los recursos de Cáritas a disposición del Ayuntamiento y de la población antes de la evacuación total del municipio.

El obispo reconoce que “no podemos olvidar el mañana, cuando se apaguen los focos y mucha gente se vea sin nada”. “Ahí estará, y debe estar, la Iglesia”, subraya. Por eso, la Diócesis ya prepara un plan de acción en el que participan Cáritas, la vicaría para la Pastoral Social y Acción Caritativa, la delegación de Ecología Integral, así como la delegación de Migraciones, puesto que gran parte de la población de las localidades afectadas son migrantes y muchos en situación de vulnerabilidad.

Un coche arde en la localidad de Villa del Prado (Madrid). Foto: Jesús G. Feria

El plan contempla una reunión en los próximos días con los párrocos afectados, así como la organización de equipos de voluntarios que puedan colaborar en la limpieza de viviendas y espacios públicos. En definitiva, “establecer la organización, los procedimientos y la gestión de los recursos para responder en el tiempo y en la forma más adecuada a las situaciones que presenten los afectados”.

Carlos Sánchez, secretario general de Cáritas Getafe explica que “ahora toca ver qué necesidades existen a través de nuestros profesionales, de nuestros voluntarios, de nuestros sacerdotes, lógicamente en colaboración con el resto de las entidades públicas y privadas que haya en la zona”.

Pero, “nuestro trabajo será el de estar, el de hacernos presentes más allá de unos meses donde no solamente hayamos conseguido las ayudas, sino el conocer cómo les va, si siguen necesitando de algo, el de ser capaces de acompañar hasta el último proceso”.

Barcas quemadas en la orilla del pantano de san Juan en Pelayos de la Presa. Foto: EFE

Sánchez apunta que “se nos pueden ocurrir muchas cosas: desde lo más básico, como puede ser el uso de cubiertos y platos en una casa, hasta ropa o calefacción a partir de otoño”. Por supuesto, “la rehabilitación de casas, el que puedan contar con asesores técnicos, material de construcción… las posibilidades son muchas”.

La Diócesis tiene claro que un aspecto esencial será ese acompañamiento del que hablan desde Cáritas. En ello está ya inmerso el obispo. Cuando la mayoría de los desalojados pudo volver a sus municipios en la desescalada decretada por las autoridades, García Beltrán visitó a los que todavía no podían hacerlo y continuaban refugiados en el Acuartelamiento Aéreo de Getafe (ACAR).

Allí conoció de primera mano la historia de algunas familias. Escuchó sus inquietudes y necesidades. Después se trasladó hasta Villamanta. Allí se había instalado otro de los puntos de acogida, en este caso para los desalojados de Aldea del Fresno. Celebró misa y agradeció al pueblo toda la dedicación y ayuda prestada: “Es una experiencia desgarradora salir de tu casa sin nada, despojarte de todo, sin saber cuándo vuelves”.

Del verde al negro

Irene de la Fuente vive en Robledo de Chavela. Su madre es de Colmenar del Arroyo. Fue desalojada y ha permanecido varios días en el polideportivo de Las Rozas. “Es una situación muy difícil ya que ves cómo los dos pueblos en los que se divide tu corazón se ven reducidos a las llamas. Es una pena absoluta”, dice a ‘Vida Nueva’. Recuerda estremecida que “la última imagen que tuvimos” al salir del pueblo “fue el fuego saltando la montaña y bajando por la ladera dirección Robledo”.

Confiesa que “el miedo principal son las casas”, pero “no por lo material, sino por el significado de hogar que cada uno tiene de su casa. Asusta mucho salir con lo puesto y no saber cuándo será el momento de volver y si cuando vuelvas quedará algo tal y como lo recordabas”.

Sobre la acogida sostiene que “ha sido toda una experiencia que jamás pensé que viviría y solo puedo dar las gracias a todos y cada uno de los voluntarios y miembros del Ayuntamiento de Las Rozas por todo lo que han hecho”. Ahora toca acostumbrarse al paisaje desolador. El verde ha sido sustituido por el negro y los árboles y la vegetación por las cenizas.

Etiquetas: Diócesis de Getafe
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