Ella no abandona al rebaño ni en las malas. Su teléfono echa humo. Tanto atiende a ‘Vida Nueva’ como conversa para conseguir paja para los ganaderos que la llaman desesperados. Belén Barbero es la alcaldesa de Colmenar del Arroyo. Una mujer a la que sus 2.000 vecinos han podido sentir muy cerca en medio de la desgracia.



El 24 de julio se confirmaba la peor noticia: hay que desalojar el pueblo. Tras cuatro noches durmiendo en un polideportivo de Las Rozas, el 28 de abril, horas después de esta entrevista, Barbero le podía dar la mejor noticia a sus vecinos: la vuelta a casa. No hay víctimas mortales ni daños en viviendas. ¿La culpable? La Virgen de Navahonda, a la que ella le pidió antes de dejar el pueblo que extendiera su manto sobre Colmenar del Arroyo. Súplica escuchada.

PREGUNTA.- ¿Recuerda el minuto a minuto de ese 24 de julio?

RESPUESTA.- La noche anterior habíamos recibido a más de cincuenta personas procedentes de una residencia de mayores de Pelayos de la Presa porque nuestro pueblo se consideraba un lugar seguro. Y, de repente, al día siguiente, recibimos la orden de evacuar nosotros. Todo ocurrió muy deprisa. La gente estaba trabajando, muchos vecinos ni siquiera se encontraban en casa y tuvieron que marcharse sin poder recoger ropa ni pertenencias.

Fue una evacuación precipitada. Recuerdo ver llegar más de cincuenta ambulancias para sacar a los residentes del centro de mayores. Había que salir inmediatamente. Por eso nuestra forma de vivir esta tragedia ha sido muy distinta a la de otros municipios que tuvieron más tiempo para prepararse. A nosotros nunca se nos pasó por la cabeza que pudiera ocurrir algo así.

“Tenemos pueblo”

P.- ¿Es duro volver cada día a un pueblo desierto?

R.- He llorado mucho, muchísimo. Es una sensación difícil de explicar. Cuando me fui, la imagen que vi no se nos va a olvidar nunca. Ver ese color sepia avanzando hacia el pueblo, el calor, la sensación de que todo podía desaparecer… Eso se queda grabado para siempre. Por eso, cuando vuelvo cada día, lo primero que pienso es: “Tenemos pueblo”. Nuestra gente, gracias a Dios, puede regresar a sus casas. Es verdad que el campo ha quedado arrasado y habrá que luchar mucho para recuperarlo, pero, al menos, el pueblo sigue ahí.

P.- A pesar de todo, sus palabras transmiten esperanza. ¿Cómo ha intentado reconfortar a los vecinos en un momento tan duro?

R.- Lo primero era no mentirles. No podía decirles cosas que no sé o alimentar expectativas que no dependen de nosotros, porque eso solo hubiera generado más tensión. La prioridad de las autoridades es proteger a las personas. Desde el primer día me dijeron que lo más importante era salvar vidas y salvar los pueblos. En nuestro caso, lo han conseguido.

Belén Barbero, alcaldesa de Colmenar del Arroyo. Foto: Jesús G. Feria/Vida Nueva

P.- Nunca ha escondido su fe. En momentos como este, ¿esa relación con Dios cambia?

R.- Nunca he perdido la fe, ni la perderé. Personalmente he pasado por muchas cosas y siempre he sentido que Dios está ahí. Soy creyente porque sé que Él está. Cuando nos detuvimos antes de salir del pueblo, le hice una promesa a la Virgen. Le dije: “Sales en procesión y bendices el pueblo, pero, por favor, que tu manto permanezca sobre él”. Y ese manto estuvo, porque mi pueblo está bien.

P.- ¿Ha sentido cerca a la Iglesia?

R.- Nuestro párroco, Álvaro Cárdenas, me llamó enseguida. En cuanto pudo vino a vernos a Las Rozas y ha seguido pasando por el polideportivo y estando cerca de todos nosotros. Ese acompañamiento se agradece mucho.

Cooperación absoluta

P.- En las tertulias se habla de la buena o mala coordinación entre las administraciones. ¿Se ha sabido tender puentes?

R.- La Comunidad de Madrid está haciendo todo lo que tiene que hacer. He visto una cooperación absoluta. Los consejeros se están dejando el alma, han estado presentes permanentemente y la presidenta Isabel Díaz Ayuso ha acudido allí donde hacía falta. Personalmente no he percibido deslealtad entre administraciones. Como alcaldesa mi experiencia ha sido esa.

P.- Mientras los bomberos trabajan contra el fuego, las redes también arden…

R.- Entiendo perfectamente el nerviosismo de la gente. Pero no ayuda que cada uno utilice las redes sociales para contar únicamente su punto de vista. Las opiniones son personales y no siempre reflejan lo que realmente está sucediendo. Al final uno cuenta su versión, otra persona la amplía, otra añade algo más y se termina generando un enorme enfado colectivo.

Todos deberíamos ser mucho más responsables e inteligentes a la hora de utilizar las redes. Y no lo digo porque molesten las críticas. Quienes nos dedicamos a la política sabemos que vamos a ser criticados. No soy perfecta. Lo único que pido es que la información que circule sea lo más rigurosa posible.

Etiquetas: Diócesis de Getafe
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