Editorial

La ecología integral cotidiana

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España afronta el verano más trágico por la voracidad de los incendios que está padeciendo. A los 14 fallecidos en Almería a principios de julio, se suma ahora el fuego de mayor extensión registrado nunca en nuestro país, concentrado en Ávila, Toledo y Madrid.



La labor impagable de los equipos de extinción, el trabajo en equipo entre las administraciones públicas y la colaboración generosa de la sociedad civil ha permitido mitigar una catástrofe cuyo alcance hoy es aún difícil de calibrar. A las numerosas pérdidas económicas y al duelo por ver cómo se quema la intrahistoria de decenas de pueblos, se suma la pérdida de un pulmón más de la Casa común.

Lamentablemente, lo sucedido en nuestro país no una excepción, ya que Europa atraviesa unas olas de calor que están dejando tras de sí un reguero de cenizas lo mismo en Portugal que en Francia. Estas temperaturas extremas del verano contrastan con otros fenómenos meteorológicos como las danas, ciclones, huracanes o nevadas que se dan cada vez con más frecuencia en otras latitudes del planeta.

El cambio climático es una realidad, como demuestran también las sequías prolongadas, el deshielo de los glaciares, la subida del nivel del mar o la alteración de los ecosistemas.

Caballo

Un caballo sobre el pasto quemado de una finca de la sierra oeste. Foto: Jesús G. Feria/Vida Nueva

En este contexto, resulta cada vez más profético el concepto de ecología integral de Francisco, si bien todavía, dentro de la Iglesia, hay quien denosta esta apuesta como si se tratara de una conjura ideológica ‘woke’. Estos negacionistas católicos ignoran por completo al Dios creador y su primer encargo al ser humano en el Génesis: ser custodio de la Casa común.

La pastoral de la ecología integral, lejos de ser un anexo o una moda, entronca con las raíces del cristianismo y con una misión que, en estos días, se traduce en la acogida a cuantos han dejado sus casas, en esa escucha y atención espiritual a quienes tienen que comenzar desde cero.

Medidas ante la crisis climática

A los poderes públicos se les exige en estos días que aborden un pacto de Estado contra el fuego y destinen más recursos para afrontar esta crisis climática, pero también que no olviden a los damnificados dentro de unas semanas, cuando solo queden cenizas. La Iglesia está llamada a apagar los fuegos de la ignorancia, desde la incidencia política que debe emprender para que estas demandas no queden en el olvido.

En paralelo, a pie de parroquia, ha de apostarse por una formación ‘Laudato si’’ permanente, una catequesis troncal que aterrice las intuiciones de Francisco en lo cotidiano para que cada creyente verdaderamente se sepa custodio de la Casa común desde un consumo responsable, vivir con austeridad o apostar por el reciclaje. Y, cómo no, reconocer y contemplar la naturaleza como un don de Dios.