Vista De la Torre de la Mare de Deu del templo de la Sagrada Familia de Barcelona. Foto: EFE
En la Sagrada Familia no hay fronteras entre arquitectura y espiritualidad. “Antoni Gaudí lo que hace es aunar arquitectura y símbolo; es decir, las piedras y la fe. Es una característica esencial de la basílica. No es solo una iglesia, sino toda ella atravesada por la simbología cristiana. Las torres son apóstoles, o son evangelistas, o son Jesucristo, o son la Virgen. Las fachadas son más que fachadas. Son retablos abiertos a la calle, donde se representan, respectivamente, la Natividad de Jesús, la Pasión y la Gloria”, explica el presbítero Armand Puig, miembro de la Comisión Teológica de la Sagrada Familia y autor de Antoni Gaudí, vida i obra (Pòrtic, 2024).
“Lo espiritual y lo arquitectónico están tan íntimamente unidos que es todo uno. Y aquí está la gracia –prosigue–. No es que haya una construcción en la que añades elementos simbólicos, sino que toda ella está impregnada de símbolos: desde la estructura hasta la luz, desde la forma de las columnas hasta la organización del espacio, está atravesado por esa intención simbólica. Eso singulariza más a la Sagrada Familia: esta fusión de arquitectura y símbolo”.
Y “todo esto –destaca Armand Puig– en un espacio muy pequeño, porque son dieciocho torres en un rectángulo de unos 80 por 110 metros, que recoge la idea de una gran verticalidad”. De ahí que sostenga: “Entonces, la impresión que da la Sagrada Familia es que es un gran macizo montañoso y, en este sentido, se parece mucho a Montserrat”.
“Es un santuario en el centro de la ciudad –describe el sacerdote catalán– y, como tal, es un faro de luz evangelizadora, porque Gaudí la concibió así: como una gran construcción, una gran iglesia, que sirviera como punto de referencia de la trama urbana y, por lo tanto, de los ciudadanos que viven en ella”.
En 140 años, y aún en construcción, ha crecido y se ha multiplicado: “La basílica se ha convertido en una iglesia que va más allá del entramado urbano de Barcelona. Se expande hacia Cataluña, hacia España, hacia Europa y hacia el mundo. Digamos que la Sagrada Familia ha ido ampliando su vocación, inicialmente local, y se ha convertido en una vocación global. Y, de hecho, el papa León XIV, con su presencia y con su apostolicidad como pastor de la Iglesia, confirmará esta proyección universal de la Sagrada Familia”.
León XIV inaugurará y bendecirá la Torre de Jesús. “Junto a la de la Virgen María, son las dos torres mayores desde el punto de vista arquitectónico. La de Jesús tiene 162 metros y medio. La de la Virgen, 138. Si la de la Virgen está coronada por una gran estrella, que indica el hecho de que es madre del Mesías, la de Jesús culmina en una cruz enorme de cuatro brazos, que, naturalmente, indica la dimensión cósmica de la Redención. Esto es una parte de la dimensión antropológica. Es decir, es una cruz de 17 metros que se puede ver desde toda Barcelona. Y, por lo tanto, simboliza la salvación en su totalidad”.
Armand Puig, actual presidente de la Agencia de la Santa Sede para la Valoración y la Promoción de la Calidad de las Universidades y Facultades Eclesiásticas, resalta la presencia papal el 10 de junio. “Para la Sagrada Familia, es un momento de particular relevancia. Porque, además, es una iglesia que se está haciendo en este momento. No está totalmente construida. Es una metáfora de la Iglesia católica”, expone.
“Es una iglesia de grandes fundamentos apostólicos, pero la estamos construyendo. Es decir, la Iglesia es siempre fiel y siempre nueva. Vive de la gracia de Dios, del Evangelio de Jesús –continúa–. Pero esto es un don y es una tarea al mismo tiempo. Entonces, esta metáfora de la Iglesia en construcción tiene mucho interés porque representa algo que nosotros estamos viviendo continuamente”.
Y de hecho sostiene: “Con el pontificado de Francisco y ahora con el de León XIV, estamos viviendo esta Iglesia que se construye con la sinodalidad, con la comunión, con el amor fraterno, con la paz, con la justicia. Es decir, la Sagrada Familia contiene todos estos elementos. Sería prolijo exponerlos. Pero puedo asegurar que los grandes ejes de la vida cristiana están presentes”.
Espiritualmente, la Sagrada Familia es un himno a la Trinidad. “Hay dos espacios: la cripta, donde se impone la trinidad Jesús, María y José, la Trinidad de la familia en su sentido más estricto. Pero luego aparece, en la iglesia superior, la Trinidad divina en tres ejes: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y cada uno desarrollado de forma distinta y con métodos simbólicos distintos”, relata.
Gaudí quiso reflejar su propia visión de la fe: “Conceptualmente, en la basílica están todos los misterios de la fe. Están los artículos del Credo. No falta nada. Incluso el purgatorio está. Por lo tanto, está el agua del bautismo, está la Virgen, están los santos, está todo”, enumera. “Uno la ve desde fuera, luego entra dentro y se encuentra con que tiene desplegada toda la fe cristiana en sus elementos fundamentales”.
Armand Puig llama la atención, por ejemplo, sobre cómo Gaudí “tuvo la inteligencia suficiente para representar a Dios Padre”. Y lo define: “Dios es manto y es trono –manto, Isaías, 6; y trono, libro del Apocalipsis–, y el Espíritu es luz y es fuego, y son dones también. Los dones del Espíritu Santo también están allí. No estamos ante el viejo de las barbas blancas, sino ante una modernidad enorme”. Y más vigente que nunca: la fe de Gaudí.