El Camino de Santiago conduce a una tumba, pero, para el arzobispo compostelano, no termina ahí. “Santiago el Mayor, como todo verdadero apóstol, no quiere que nos detengamos en él. Nos señala a Cristo”. Desde esa convicción, Francisco José Prieto ha aprovechado la solemnidad del patrón de España y la tradicional Ofrenda Nacional al Apóstol para lanzar una reflexión sobre el papel de los cristianos en una sociedad cada vez más polarizada.
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Durante la celebración, presidida en la catedral compostelana y con el presidente del Parlamento de Galicia, Miguel Ángel Santalices, como delegado regio, el prelado ha reivindicado la presencia pública de los creyentes sin complejos, pero también sin ánimo de imposición.
“Una sociedad verdaderamente libre y plural no puede temer la presencia pública de la fe”, ha afirmado. En este sentido, ha defendido que los creyentes están llamados a participar en la construcción del bien común “desde sus convicciones, respetando las de los demás y ofreciendo las propias con libertad y humildad”. “La Iglesia no busca imponer. Quiere proponer, dialogar, servir y dar testimonio”, ha añadido.
Frente a la polarización
Recogiendo algunas de las principales intervenciones de León XIV durante su reciente viaje a España, Prieto ha advertido del riesgo de convertir al adversario en enemigo y ha reclamado sustituir “la cultura del enfrentamiento” por “la cultura del encuentro”.
“Cuando las diferencias legítimas se convierten en trincheras irreconciliables y dejamos de escucharnos, se deteriora la convivencia y todos salimos perdiendo”, ha lamentado. A su juicio, dialogar no significa renunciar a las propias convicciones, sino reconocer que “el otro, antes que adversario, es una persona”.
Para ilustrar esa propuesta, el arzobispo ha vuelto la mirada al propio Camino de Santiago, recorrido por miñes de peregrinos cada año, hablando lenguas distintas, procedentes de culturas diferentes y con motivaciones muy diversas. “El Camino nos enseña que podemos caminar juntos sin renunciar a nuestra identidad y que nadie llega lejos completamente solo”, ha señalado.
Desde esa experiencia ha invitado a “tejer redes”: “redes de encuentro frente a la polarización, redes de solidaridad frente a la indiferencia, redes de hospitalidad frente al rechazo, redes de diálogo frente al enfrentamiento, redes de verdad frente a la manipulación y redes de esperanza frente al desaliento”.
Una sociedad que no descarte a nadie
El arzobispo también ha defendido que el valor de una sociedad se mide por el trato que dispensa a quienes son más vulnerables. “La dignidad humana no se concede; se reconoce”, ha afirmado, enumerando a los niños, los ancianos, las personas con discapacidad, los enfermos, quienes viven en pobreza o soledad y quienes migran buscando un futuro mejor.
“El cristiano no puede mirar al ser humano como un número, como un problema, como una carga o simplemente como alguien útil o inútil”, ha advertido. Por ello, ha reclamado una sociedad “en la que nadie sea descartado”, donde las diferencias no conviertan a las personas en enemigas y donde la libertad religiosa y de conciencia sean plenamente respetadas.
El arzobispo compostelano preside la misa de la Celebración del Día De Santiago. Foto: Diocesis De Santiago de Compostela
Una Iglesia que sirva
Prieto ha concluido su homilía recordando cómo el discípulo que aspiraba a ocupar los primeros puestos terminó entregando su vida por Cristo. Ese itinerario, ha explicado, sigue siendo el modelo para la Iglesia de hoy: “una Iglesia que no tenga miedo de dar testimonio; humilde, consciente de que lleva su tesoro en vasijas de barro; cercana a quien sufre; defensora de la dignidad de toda persona y capaz de tender puentes, tejer redes y servir”.
De esta manera, desde la tumba del Apóstol, el arzobispo ha concluido pidiendo por Galicia, España, Europa y el conjunto de la humanidad, para que renazca “la esperanza que nunca decae y que siempre nos sostiene”.
El valor del Camino de Santiago
En esta ocasión, el presidente del Parlamento de Galicia, Miguel Ángel Santalices, actuó como delegado regio y oferente ante el Apóstol.
En su mensaje subrayó el valor universal del Camino de Santiago como patrimonio espiritual que une a miles de peregrinos. También reclamó la responsabilidad política, ética pública y cooperación institucional para afrontar retos como la transformación digital, la protección de los derechos fundamentales y la lucha contra la desigualdad.
