Domingo Amigo: “León XIV quiere que los religiosos seamos signo de comunión”

Domingo Amigo. Agustinos
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Cuando el papa León XIV se reunió con los agustinos en la Nunciatura de Madrid el pasado 7 de junio, durante su viaje a España, no les habló del gobierno de la Orden, sino de comunión. Semanas después, ese es el mensaje que Domingo Amigo, superior provincial de la Provincia de San Juan de Sahagún –que agrupa todas las comunidades de nuestro país–, sigue teniendo en la cabeza y el que ha empezado a traducirse en tareas concretas.



El máximo responsable de la congregación en España repasa para SomosCONFER la visita de Robert Francis Prevost y reflexiona sobre los retos que deja para la Vida Consagrada tras celebrar a comienzos de julio su capítulo provincial intermedio en la capital, un momento en el que, en el ecuador del cuatrienio, revisan lo aprobado y abren nuevos horizontes.

PREGUNTA.- Ha pasado ya mes y medio desde la visita de León XIV. ¿Qué palabra o qué gesto se le ha quedado grabado de aquellos días?

RESPUESTA.- Resaltaría especialmente el encuentro que tuvo con los agustinos en la Nunciatura. Nos insistió mucho en la comunión como un elemento muy característico de nuestra orden, en que la cuidásemos especialmente, y nos invitó a ser signos de comunión en la Iglesia. Me parece que esa es casi la clave y la tarea principal que nos está marcando en este momento, recogiendo también todo lo que dijo en otros lugares.

P.- ¿Qué puede aportar el carisma agustiniano a esa comunión dentro de la Iglesia?

R.- El carisma está centrado en algunos elementos principales: la búsqueda de Dios, la interioridad y, fundamentalmente, la comunión y la unidad. La gran aportación que podemos hacer es vivir la comunión, y vivirla no solo dentro de nuestras comunidades, sino con todas las personas con las que realizamos la misión. Vivirla como misión compartida con los laicos.

Y hay un hecho que para mí es muy importante ahora mismo: nuestra provincia está presente en muchas naciones. Aquí en España conviven hermanos agustinos procedentes de América, India, Filipinas, Tanzania y otros lugares de África. Poder mostrar que personas de naciones y culturas muy distintas pueden convivir juntas, desde el pleno respeto a la persona, desde la acogida, desde la colaboración mutua, es un enriquecimiento enorme para nosotros. Y puede ser un gran signo en este momento.

Domingo Amigo. Agustinos

Domingo Amigo, superior provincial de la Provincia de San Juan de Sahagún. Foto: Jesús G. Feria/Vida Nueva

P.- Del viaje a España al consistorio, se ha visto que la sinodalidad no se toca. ¿Cómo se mira desde la Orden?

R.- El Papa está trabajando en una dinámica muy clara de sinodalidad. Quizás hable menos ahora que antes sobre este tema, pero se está trabajando, y mucho. Además encaja totalmente con nuestro espíritu: con la búsqueda común, con las decisiones que se toman en los capítulos. Nosotros comenzamos ahora en Madrid el capítulo provincial intermedio.

La realidad es que celebramos capítulo cada cuatro años y, a la mitad del periodo, se celebra este otro, para reflexionar, ver cómo se van cumpliendo los objetivos aprobados en el capítulo ordinario, mirar el horizonte y plantear nuevas propuestas. En otros ambientes quizá se nota menos, pero en la vida religiosa hablar de sinodalidad es hablar de una característica muy propia de nuestra vida: reunirnos, tomar decisiones en capítulo, que esas decisiones sean las que se llevan adelante y que los superiores, el padre general, el provincial, sean los primeros que tienen que impulsarlas.

Es una manera de trabajar que conocemos bien, en la que estamos desde siempre. Sí es verdad que tenemos que seguir creciendo en otras cosas. No basta con hacerlo dentro de la orden o de la vida religiosa: hay que hacerlo con toda la Iglesia, con sacerdotes, religiosos y laicos, compartiendo la misión y compartiendo esa llamada a la evangelización que brota del bautismo.

P.- El Papa no dejó un tema por tratar: sinodalidad, diálogo, abusos, migración, tanto ante los políticos como en Canarias. ¿Cuál interpela más hoy a la vida religiosa?

R.- A la vida religiosa le interpelan todos. Nos hace tomar una conciencia especial todo lo que es atender a las necesidades de las personas que sufren, sean migrantes, sea todo lo que planteó en Canarias, sea la atención a quienes viven en situaciones difíciles o en la marginalidad. Para nosotros los agustinos tuvo una importancia muy grande su presencia en nuestra parroquia de San Agustín de Barcelona, que atiende a un mundo grande de migrantes y de marginación en la ciudad.

Fue uno de los momentos de la visita que más me impactó y que más me hizo pensar en este fenómeno. Todo lo que tiene que ver con esa presencia viva y encarnada del Evangelio es fundamental para la vida religiosa. Y también la paz, que es un tema central para el Papa: una llamada constante a buscar la paz, al diálogo, a tender puentes.

Me parece muy importante, además, la acogida que tuvo en todos los lugares donde estuvo. Llama la atención. Lo comentan quienes estuvieron en unos sitios y en otros: les ha sorprendido muchísimo. Como si hubiera mucho interés en la Iglesia en España por tener una visita del Papa y por sentir su presencia.

Espíritu misionero

P.- Quienes participaron en la organización hablan de la visita como un revulsivo. ¿Lo vivió también así?

R.- Sí. Lo vivimos en la cercanía que ha tenido con algunas personas, no solo acercándose continuamente a bendecir a los niños, sino con las personas necesitadas. En el primer encuentro que tuvo en Madrid, en la parroquia de San Agustín de Barcelona, en la cárcel, en Canarias… han sido momentos de una cercanía grandísima.

Su espíritu misionero viene de vivir tantos años la misión en Perú, primero como agustino, en el vicariato que llevaban los agustinos de la provincia de Chicago a la que él pertenece y, después, como obispo de Chiclayo. Eso le ha dejado muy marcado. Por otra parte, el carácter misionero es muy propio de la Orden de San Agustín. Tanto en América como en Filipinas la tarea misionera de la orden ha sido inmensa, y se retomó en muchos lugares de América a comienzos del siglo XX.

P.- ¿Hay algo de orgullo en formar parte de la misma familia que el Pontífice?

R.- Es una alegría muy grande. La elección del cardenal Robert Francis Prevost como Papa, con el nombre de León XIV, fue una alegría grandísima para los agustinos. Más que orgullo, diría alegría, porque somos conscientes de que ha sido elegido Papa, de que es él quien tiene la tarea de dirigir a la Iglesia en este momento y de estar en el ministerio petrino.

Y diría también que es un gran estímulo para el trabajo. Cuando nos habla directamente o cuando llega cualquier documento suyo, recibimos una invitación a profundizar en los temas, una invitación a la autenticidad en nuestra respuesta de vida religiosa y de vida cristiana. Es para nosotros una mayor exigencia, sin lugar a duda, aunque la exigencia debería ser la misma, porque es Cristo quien nos llama.

Domingo Amigo. León XIV

Domingo Amigo con el papa León XIV. Foto: Archivo Vida Nueva

P.- En un mundo secularizado, la llamada agustiniana a la interioridad y a la búsqueda de Dios suena casi a contracorriente. ¿Es una de las urgencias de la vida religiosa hoy?

R.- Creo que sí, aunque no solo ahora: son urgencias continuas de la vida religiosa y de la propia Iglesia. La búsqueda de Dios, descubrirlo en nosotros mismos, descubrirlo como ese misterio que está en nosotros. A veces buscamos por fuera, decía san Agustín, hacemos grandes viajes, visitamos montañas, y nos olvidamos de lo más importante, que es entrar en nosotros mismos y descubrir ahí la presencia de Dios.

Estamos viviendo una etapa difícil en la Iglesia, por la secularización y por muchos problemas que hay en ella. Pero es muy importante que cada cristiano descubra la presencia de Dios en su vida y descubra que esa llamada es también una llamada a vivir la vida compartida con los hermanos, en comunión, en toda la Iglesia.

Profundizar

P.- Pasada la visita, ¿qué tarea concreta le queda a la vida religiosa en España?

R.- Tareas se pueden señalar muchas. La primera, profundizar en el contenido del mensaje que nos ha ido dejando, que han sido muchos y algunos de gran calado. Y luego, que esta visita y estas palabras nos animen a cada uno a profundizar en nuestra fe cristiana. Una fe que tiene que manifestarse, sobre todo, en la cercanía a las personas, en el servicio y en la atención especial a los más necesitados.

P.- Por último, ¿dónde ve signos reales de esperanza en la vida consagrada española hoy?

R.- Se ven muchos. Para mí, un gran signo de esperanza es la relación y la colaboración que se está dando ahora mismo entre muchos institutos de vida consagrada en España. En la familia agustiniana, sin ir más lejos, la visita del Papa nos ha servido para unirnos un poco más y trabajar juntos los agustinos, los agustinos recoletos, las agustinas contemplativas, las agustinas misioneras, las agustinas del Amparo.

Distintos grupos de la familia agustiniana trabajando de forma mucho más conjunta. Eso es muy bueno y es una gran ayuda. Y está ese despertar que se está descubriendo en la juventud, que puede ser muy bueno para la Iglesia en toda España y que para la vida religiosa puede suponer un aumento de vocaciones. Supone un mayor conocimiento de Jesucristo por parte de los jóvenes, llegar a descubrirle cada día más, descubrir el sentido que tiene encontrarse con Cristo. Y desde ahí, dar una respuesta de generosidad y de fidelidad.

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