IRPF: 5 razones para marcar la X en la casilla de la Iglesia

  • “La Iglesia es un bien social que ayuda a curar heridas profundas”, afirma Miguel Ángel Jiménez, responsable de la campaña ‘X Tantos’
  • “Si el Estado tuviese que hacer frente a toda la tarea social que realiza la Iglesia, no podría asumir sus costes económicos”, asegura el sacerdote

Declaración de la Renta X IRPF

Del 2 de abril al 1 de julio. Ese es el calendario del contribuyente diseñado por la Agencia Tributaria para la declaración de la renta correspondiente al ejercicio 2018, en el que se prevé que se presenten 20.350.000 de declaraciones. De ellas, en el ejercicio anterior, 8,5 millones de personas (el 33,3%), sumando las declaraciones conjuntas, marcaron la X en la casilla de la Iglesia, gesto que se tradujo en 267,83 millones de euros (6 millones más que en 2017) en lo que es la cifra más alta desde que comenzó el actual sistema de la asignación tributaria en 2007.

Un año más, la Iglesia en España, a través de la campaña ‘X por tantos’, este año con el lema “X un mundo mejor”, vuelve a apelar a la generosidad de los españoles, sean o no creyentes, convencida de que con el gesto de marcar la X en la casilla de la Iglesia “se beneficia toda la sociedad”. Por este motivo, Migue Ángel Jiménez, director de la Oficina para el Sostenimiento de la Iglesia, ofrece 5 razones para que los contribuyentes valoren la posibilidad de marcar la X de la Iglesia en su declaración del IRPF.

1.- Porque repercute en el bien de toda la sociedad

Un creyente debe marca la X sencillamente porque hay que apoyar la labor de la Iglesia. Pero esa labor también vale también para un no creyente: hay que apoyar una tarea que le está reportando muchísimo bien al conjunto de la sociedad española, en muy diversos ámbitos, e independientemente de la política y la ideología de cada uno, porque la Iglesia es un bien social que ayuda a curar heridas profundas que se mantienen vivas en nuestra sociedad. Hay que ir más allá de la política y de las ideologías de situaciones concretas que se pueden estar viviendo e un momento dado.

2.- Porque sirve para dar visibilidad a los marginados

Con la X, la Iglesia le pone rostro a las personas que viven procesos de marginalidad. Cuando se encuentran situaciones de depresión, de vulnerabilidad, sufriendo drogadicción o enfermedad, como en el caso del sida, de trastornos mentales, ahí está la Iglesia, ahí están esos cuatro millones de personas atendidas durante 2108. Son cuatro millones de rostros y situaciones concretas.

3.- Porque ayuda a cuidar un patrimonio que pueden disfrutar todos

Cuando alguien contempla la catedral de Burgos, por ejemplo, a nadie se le pregunta si es o no creyente. Y poder contemplarla casi ocho siglos después de su construcción, es posible también gracias a la X, a la aportación que a través de ella se hace al campo del patrimonio y de la cultura. Es una aportación que la Iglesia lleva haciendo a lo largo de los siglos, porque ella ha ayudado a que perviva la cultura occidental cimentada desde la Edad Media. ¿Por qué Medina Azahara, por ejemplo, está tan deteriorada y no lo está, sin embargo, la mezquita catedral de Córdoba? Porque la Iglesia no se ha tendido que preocupar de su cuidado.

4.- Porque la religiosidad popular repercute también económicamente

Más allá del aspecto fundamental de la fe que desarrolla la Iglesia, en torno a la religiosidad popular existe una gran movilización turística, como acabamos de ver por ejemplo en la romería de San Isidro, en Madrid. Pero hay muchos más casos. Un movimiento que repercute económicamente y que se cifra ya en el 3% del Producto Interior Bruto. Eso mueve una gran riqueza económica, como acabamos de ver con la Semana Santa.

5.- Porque la labor de la Iglesia supone un ahorro para el Estado

Por ejemplo, lo que las arcas del Estado se ahorran gracias a la enseñanza concertada (10.700 millones de euros anuales), a la tarea de los voluntarios de Cáritas, de Manos Unidas, en la pastoral penitenciaria… Si el Estado tuviese que hacer frente a toda esa tarea, no podría asumir sus costes económicos. De esta manera, esa labor que realizan las entidades eclesiales, además de salir más baratas, se hacen de una manera vocacional, con el corazón. No se ficha cuando se hacen.

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