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Juan Luis Caballero: “La libertad más profunda no tiene que ver con hacer lo que a uno le de la gana”

  • El coautor del libro ‘Son tus huellas el camino’ explica a Vida Nueva el concepto de vocación divina que se expone en el texto
  • “Hay una gran crisis sobre como se mira a Dios, incluso de personas con fe, que muchas veces le miran con recelo”

Juan Luis Caballero

Juan Luis Caballero es uno de los coautores, junto a José Manuel Fidalgo y Raquel Lázaro, del libro ‘Son tus huellas el camino. Reflexiones sobre vocación y libertad’ (Ediciones Cristiandad). Un texto en el que se profundiza, desde tres perspectivas distintas, sobre lo que se entiende por vocación o vocación divina y, relacionado con esto, profundizar en cómo se conjuga este término con la realidad fundamental de la libertad. Es decir,  “un proyecto eterno de Dios sin caer en que nuestra vida está diseñada de antemano”.

De esta manera, y saliendo al paso también de las posibles dudas que pudieran surgir, se presenta al hombre como una criatura realmente libre cuando dialoga y responde a Dios, reconociendo en Él el máximo exponente de su propia libertad. 

PREGUNTA.- En el mismo título del libro se destaca la idea de libertad, ¿cómo se vive esta libertad dentro del camino vocacional?

RESPUESTA.- La idea fundamental de la libertad es que Dios nos ha hecho libres pero al mismo tiempo Él es el garante de que seamos realmente libres. Por otra parte, que el hombre de por sí tiene la necesidad de un ‘señor’, pero no con la idea moderna de alguien que manda, sino de un creador. Entonces, en el momento en el que ese señor ya no es Dios, uno sin darse cuenta en el poder de otros señores. Por esto, quien realmente nos hace libres es Dios porque nos muestra quienes somos en realidad, y cualquier otro ente no lo hace. La libertad más profunda no es la de hacer lo que a uno le de la gana. No tiene que ver con la actuación sino que tiene que ver con el corazón. Y quien ve nuestro corazón libre de ataduras es Dios. Otra idea es que la vocación a la que Dios nos llama está inscrita en nuestro corazón desde el principio, y si realmente lo viéramos así sabríamos cómo nos ama y no habría tanta gente que mira a Dios con recelo. Hay una gran crisis sobre como se mira a Dios, incluso de personas con fe, pero que le miran como si fuera una especie de intruso que nos pide hacer cosas que no nos gustan. Una de las soluciones fundamentales es volver a tomar esa figura de Dios como padre, para poder confiar en lo que nos ofrece. Dios nos pide algo en beneficio del cuerpo de Cristo, pero esto nunca va a ser algo que no esté ya en nosotros porque es quien mejor nos conoce.

P.- ¿Habla el libro de la vocación a la vida religiosa o de la vocación a la santidad en cuanto a elegir un camino de vida a la luz del evangelio?

R.- Es la primera idea del libro. Dios llama a todas las personas a la santidad, pero este término tiene distintas traducciones. Como diría San Pablo, la vocación es saberse hijo de Dios, participar de ello. Esta es la llamada a la felicidad, compartiendo la vida, hablando a Dios de tú a tú como a un padre. Por eso en el libro queríamos entroncar la vocación que todo el mundo tiene, pero que por el hecho de ser persona los caminos son distintos.

P.- ¿Escuchan los jóvenes hoy su vocación? ¿Lo tienen fácil a la hora de seguirla?

R.- No lo tienen fácil dependiendo del entorno. Fuera de la cultura europea conozco a mucha gente con una enorme sensibilidad espiritual. Conozco a mucha gente de África y Asia con una apertura a la religión increíble. En la cultura occidental europea se ha metido mucho el individualismo, el utilitarismo y la gente va más a su aire. Le cuesta mucho más el ver a la humanidad como una familia. Todo se basa en el utilitarismo, en hacer algo a cambio de otra cosa.

P.-Con la celebración del Sínodo de los Obispos hace apenas unos meses, este ha sido un año especialmente importante para los jóvenes en la Iglesia, ¿hace falta buscar nuevas maneras de comunicar a los jóvenes qué es la vocación?

R.- Me ha gustado mucho la dinámica del Sínodo porque ha habido mucho diálogo y testimonios. En cuanto al documento final, creo que se ha estructurado de forma más o menos homogénea todas las propuestas que se hicieron. Es una base de trabajo, un marco, y la idea es que se traduzca en cosas concretas en parroquias, colegios… Ver como se va haciendo la pastoral vocacional, seguir dialogando. El Papa quiere que este Sínodo sea una cosa que se prolongue en el tiempo. Estoy convencido de que se en cada contexto las necesidades son distintas, y por eso hay que ver cómo ilusionar a la gente y explicar las cosas que no han ido bien.

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