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Nicolás Maduro “no puede hacerse el sordo” con los venezolanos

El presidente aduce un problema de otitis para cancelar su audiencia con el Papa

Vigilia de oración  por los opositores en huelga de hambre

Vigilia de oración por los opositores en huelga de hambre

MIGUEL ESTUPIÑÁN (BOGOTÁ) | El domingo 7 de junio estaba programada una reunión en el Vaticano entre el papa Francisco y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Sin embargo, un día antes, el sucesor de Hugo Chávez en el gobierno del país latinoamericano anunció durante una entrevista que no asistiría al encuentro debido a un “gripón” y a “una otitis fuerte”.

La expectativa en torno a la reunión entre Maduro y el obispo de Roma había crecido por la atención que, progresivamente, ha adquirido la situación de los encarcelados por motivos políticos en Venezuela. Muchos esperaban que, durante la reunión prevista con el Papa, su anfitrión abogara por estas personas e hiciera algo para restablecer la concordia, la paz y la armonía entre los venezolanos. Precisamente, estos fueron los términos empleados en una carta que Andrés Pastrana, expresidente de Colombia, y Jorge Tuto Quiroga, expresidente de Bolivia, enviaron al Pontífice el 3 de junio.

En ella afirmaban compartir la posición de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), según la cual el país enfrenta un problema sistémico que tiene su origen en la destrucción del aparato de producción. De igual modo, con la misiva esperaban tener alguna injerencia en el desarrollo de la cita. “La comunidad hemisférica y los organismos multilaterales miran, contemporizan y callan. Ese silencio es cómplice y por eso recurrimos a usted”, recuerdan los firmantes.

Explica un miembro del Episcopado venezolano que, desde las manifestaciones de inicios de 2014, el ensañamiento contra algunos políticos, universitarios, periodistas o directivos de medios de comunicación, activistas o manifestantes ha ido en aumento. Las autoridades niegan la existencia de presos políticos con el eufemismo de que lo que hay son políticos presos. Mientras, se multiplican las denuncias sobre dolencias y enfermedades que aquejan a los detenidos, catalogadas ya por muchos como una consecuencia de las formas de tortura que llevan al deterioro físico y mental.

Como reacción a estos hechos, la Comisión ‘Justicia y Paz’ de la CEV ha hecho un llamamiento para que se permita la visita de organismos de carácter humanitario a quienes se encuentran en dicha situación: “Entre los objetivos específicos de estas visitas humanitarias están constatar el estado de reclusión de las personas detenidas, recibir directamente sus inquietudes y comentarios al respecto y observar de manera independiente el cumplimiento de las condiciones de detención que estas personas tienen, siguiendo los estándares de derechos humanos establecidos en nuestra Constitución y en la normativa internacional vinculante para la República en esta materia”.

Pese a todo, algunos visitantes como el expresidente español Felipe González se han visto obligados a abandonar el país, después de que el chavismo les impidiera visitar a los opositores encarcelados.

Huelga de hambre

A finales de mayo, Leopoldo López y Daniel Ceballos, miembros de la oposición detenidos, iniciaron una huelga de hambre con el objetivo de exigir al Gobierno la definición de una fecha para las elecciones parlamentarias, previstas para este año en Venezuela. Su decisión, que aún hoy mantienen, ha afectado su salud y ha llevado a que nuevas personas se sumen a esta forma de ejercer presión sobre el Ejecutivo.

También en huelga de hambre, a la causa de López y Ceballos se han sumado desde el Vaticano José Vicente García y Martín Paz, concejales de San Cristóbal, capital del estado Táchira, quienes esperan ser recibidos en audiencia por el Papa para exponerle sus denuncias sobre lo que ocurre en Venezuela y pedirle ayuda, con el fin de que los presos políticos sean liberados. Tal es, al mismo tiempo, la petición que hacen a Maduro las esposas de López y Ceballos, así como las familias de otros detenidos en ellas representadas.

“El hecho de que un venezolano tenga que hacer huelga de hambre para ser escuchado no tiene sentido en un país democrático”, ha lamentado, por su parte, monseñor Diego Padrón, presidente de la CEV. Según el también arzobispo de Cumaná, “el país no quiere presos políticos, el Gobierno no puede hacerse el sordo”. “Que no sea otitis para escuchar al pueblo”, desea el prelado.

En el nº 2.945 de Vida Nueva.

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