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Una justa recompensa

El Papa mantuvo un último encuentro con los voluntarios de la JMJ 2011

Benedicto XVI con los voluntarios el domingo 21

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA | Antes de montar en el avión que le llevaría de nuevo a Roma, Benedicto XVI quiso encontrarse con los voluntarios. La cita, que tuvo lugar en el Pabellón 9 de IFEMA, tuvo un carácter eminentemente festivo, pese al cansancio acumulado tras pasar los jóvenes la noche previa en Cuatro Vientos. El Papa, en su discurso, se mostró vivamente agradecido, en “un deber de justicia y una necesidad del corazón”: “Cuántos sacrificios, cuánto cariño. Todos, cada uno como sabía y podía, puntada a puntada, habéis ido tejiendo con vuestro trabajo y oración el maravilloso cuadro multicolor de esta Jornada. Muchas gracias por vuestra dedicación. Os agradezco este gesto entrañable de amor”.

Lo cierto es que, en gran medida, los voluntarios han sido quienes han hecho posible la celebración de un encuentro mundial de esta envergadura. Gente como Alfonso, madrileño de 28 años y que, desde Roma 2000, ha estado presente en todas las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ). Ahora que se celebraba en Madrid, quiso ser uno de los 30.000 voluntarios, aun sacrificando su propio disfrute: “Lo vives con mucho ánimo. Sabes que hay mucho lío, pero lo haces por los demás, como antes lo hicieron otros por ti, y sientes una gran alegría, porque ves cómo aquí se muestra a un Cristo y a una Iglesia vivos. Algunos quieren destruirla, pero esta llama no se apaga”. Con Alfonso, 200 jóvenes de su parroquia han sido voluntarios.

Otro caso es el de Álvaro, de Barcelona. Tras ser voluntario en la visita que el Papa realizó en noviembre a la Sagrada Familia, sintió que debía hacer lo mismo en Madrid: “Me hace mucha ilusión poder ayudar a las personas. Este era un acontecimiento muy grande y quise poner mi granito de arena para que saliera adelante”.

El trabajo de los voluntarios ha sido realmente agotador. Algunos, responsables de centros donde dormían peregrinos, debían estar las 24 horas del día pegados al teléfono. Como Félix y Laura, quienes llevaban meses ultimando todos los detalles para la acogida en un recinto tan grande como en el que se celebra, cada dos años, el festival Rock in Rio, en Arganda del Rey. Sabían que en cualquier momento les podían avisar para que atendieran a 1.500 italianos, 300 franceses o 40 congoleños que les esperaban, en el momento menos pensado, en la puerta. O como Jesús, quien a sus 71 años ha dormido alguna noche en un colegio al cargo de 100 estadounidenses y 200 ecuatorianos.

O como Sergio, quien valora mucho la responsabilidad adquirida: “Aunque participo en la parroquia, nunca he sido catequista ni he desarrollado ninguna labor organizativa. Estar aquí me ha hecho ver todo el trabajo que hay detrás para que una fiesta así haya podido vivirse sin ningún problema”. Y si lo ha habido, se ha solventado al momento. Como le ocurrió a él mismo, cuando, en plena medianoche en Cuatro Vientos, le pidieron que ayudara a dar de cenar a toda la gente que se había quedado sin poder entrar al recinto. Agotado y mojado por la tormenta, no dudó un instante en repartir hasta 500 comidas.

Regalo de bodas

También es destacable el caso de Juan Bautista y Rocío. A un mes de su boda, han vivido estos días de duro trabajo como “un preámbulo muy especial”. No les han pesado “las dificultades y el no haber podido asistir apenas a ningún acto en Madrid”. Tienen claro que ha merecido la pena: “Lo mejor es que hemos llegado al final contentos y todos unidos”.

Juan y Rocío, voluntarios de Madrid 2011

Una historia parecida a la de Juan y Yoli, que se casaron semanas atrás. Han agotado sus últimos días de vacaciones en servir a los demás, pero no les ha importado: “Te pasas todo el año pensando en que te gustaría hacer algo por los demás. Esta era la ocasión perfecta, y en nuestra casa”. La gran recompensa se la han dado los peregrinos, “simplemente con sus sonrisas agradecidas”.

A veces ocurre que un voluntario pueda apuntarse solo por querer ayudar a los demás. Aunque algo le ocurra luego en un encuentro así. Eso le ha pasado a Asun con su novio, quien la acompañó como colaborador: “No es nada practicante. Pero al ver estos días a tanta gente feliz y cómo esa felicidad se manifestaba en la calle, se ha ilusionado mucho y se interesa por todo. Hasta me ha pedido que le explique cómo puede confesarse”.

Algo parecido le ha ocurrido a María Jesús. Rodeada de los voluntarios de su parroquia y ante la vista de los peregrinos cansados y felices en Cuatro Vientos, se cuestionaba: “No entiendo del todo lo que veo, pero me gusta ese sentimiento de unidad y compañerismo entre personas que no se conocen de nada”.

En el nº 2.765 de Vida Nueva.

NÚMERO ESPECIAL de Vida Nueva

ESPECIAL JMJ 2011 MADRID en VidaNueva.es

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