Whiplash

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Una descarga de 570 segundos

Charlie Parker (1920-1955) se convirtió en uno de los mejores músicos de la historia después de sobreponerse a la humillación por la manera como el baterista Jo Jones lo hizo callar con un platillo por haber metido la pata durante una jam session. Habiendo sido corrido entre burlas y risotadas, aquella noche el saxofonista se durmió llorando. Pero siguió practicando hasta demostrarle a la escena del jazz de qué estaba hecho.

Con algunas variaciones, la historia sirve de referencia e inspiración en Whiplash, una película sobre la obsesión de éxito de Andrew Neiman (Milles Teller), un joven baterista de primer año en el conservatorio Shaffer, y sobre su relación con Tenence Fletcher, director de la Orquesta de Estudio.

Formar parte del grupo de Fletcher es motivo de orgullo, pero una posibilidad entre mil, solo abierta a los mejores. Andrew ensaya desmesuradamente, atendiendo a una frase que siempre tiene a la vista: “Si no tienes habilidad acabarás tocando rock”. Las paredes de su habitación están cubiertas con imágenes de Buddy Rich y de otros grandes del jazz. Caravan y otras canciones del legendario baterista sirven de banda sonora; bajo la dirección del Fletcher, su interpretación por parte del protagonista profundiza aspectos de un drama musical de alta tensión.

Sudor y sangre

Fletcher quiere empujar a la gente más allá de lo esperado, sueña con que de su sala de ensayo surjan las nuevas glorias del jazz. Sus métodos son heterodoxos y la gente le teme. Víctima del rigor sádico del director, Andrew se enfrenta a una encrucijada: rendirse o seguir en la brega. Como en la vida, en el ámbito de la percusión, la belleza está asociada al dolor. Una de tantas exigencias consiste en sostener a alta velocidad el golpe doble sobre el redoblante sin perder el tempo señalado por el director.

Hay dos palabras que nunca saldrán de la boca de Fletcher: “Buen trabajo”. Según el músico, si algo está haciendo morir al jazz es la falta de disposición de los músicos para alcanzar la excelencia, yendo más allá de sí, superándose sin rendirse por causa de las derrotas. Una metáfora para toda disciplina que quiere constituirse en expresión de las más densas posibilidades del espíritu humano. Una imagen necesaria en tiempos de mediocridad.

La película se resuelve en 570 segundos. Una descarga que quita el aliento. También el corazón es un instrumento de percusión. El espectador habrá de sostenerlo entre su pecho para que no corra la misma suerte de Rich, autor de la canción que da nombre a la película.

Miguel Estupiñán

Actualizado
03/05/2015
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