Tribuna

Solo desde los niños

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La Congregación para la Educación Católica acaba de publicar una instrucción titulada La identidad de la Escuela Católica para una cultura del diálogo. Es un documento importante y necesario, que aborda uno de los grandes desafíos de la Educación Católica desde una perspectiva muy concreta: el diálogo con un mundo plural y en profundos cambios. Quisiera ofrecer una sencilla reflexión sobre este importante tema, que está sobre la mesa de todas las instituciones religiosas que nos dedicamos a la tarea educativa.



La Escuela Católica es una escuela promovida por la Iglesia que trata de educar desde las claves del Evangelio e intenta que sus alumnos descubran el secreto de la plenitud de la vida humana, haciéndoles capaces de vivir en un mundo en cambio para hacerlo mejor.

Punto a punto

  • El punto de partida. La identidad de la Escuela Católica nace del Evangelio, y se nutre de esta extraordinaria afirmación del Señor: “El que acoge a uno de estos niños en mi nombre, me acoge a Mí” (Mc 9, 37). Para el maestro católico, para las instituciones educativas católicas, la Educación es una Misión encomendada por el Señor y sostenida por Él.
  • Identidad e identificación. No podemos hablar de ‘identidad’ sin hablar, correlativamente, del proceso de ‘identificación’. Nuestra identidad es abierta porque es misionera, y está en proceso de enriquecimiento. No está en el congelador, porque si así fuera, dejaría de servir a lo que debe servir. Pero, siendo misionera, es clara, no necesita ser reinventada. El desafío es saber combinar bien ambos dinamismos: la claridad y consistencia de la identidad, y su capacidad de apertura y de diálogo acogedor.

Ilustracion Escuela Catolica

  • La construcción de la identidad
    • Creer en el propio proyecto, sin rebajarlo ni disolverlo en el mercado educativo, por responder a las expectativas, y convocar a todos a un proyecto común, liderándolo en la medida en que sea necesario.
    • Crear procesos generadores de identidad, desde una propuesta de misión compartida.
    • Trabajar para generar escuelas con alma. Estamos hablando de la sostenibilidad integral de la escuela.
    • Evangelizar. La Escuela Católica es una plataforma privilegiada para evangelizar. Una escuela es una escuela, y sirve a la tarea educativa. Pero una escuela católica, haciendo escuela, sirve a la evangelización.
    • Los pobres, las periferias, la transformación social. La Escuela Católica no puede olvidar nunca que nace preferencialmente para ellos, y que debe trabajar para que todos crezcamos en una convicción: hay que educar para crear otra sociedad y promover otro modo de entender el ser humano en el que prime la fraternidad.
  • Identidad y conversión. Me atrevo a decir que el esfuerzo por vivir de modo certero y honesto la identidad de la Escuela Católica nos llama –siempre– a una actitud de conversión. La identidad es un mecanismo de conversión, de cambio. Nos recuerda el horizonte, y nos provoca autenticidad, esfuerzo por ser dignos de la identidad de la que somos portadores.

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