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Tribuna

Los Heraldos del Evangelio se defienden: “Reafirmamos, con el favor de Dios, que no hay abusos sexuales”

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Tras la publicación en Vida Nueva del reportaje “Heraldos del Evangelio: caso abierto”, la Asociación Privada de Fieles ha remitido un escrito a esta revista que reproducimos a continuación:

 

La revista Vida Nueva ha decidido volver a la carga sobre un tema de candente actualidad para ella y al que concede numerosas páginas. “Heraldos del Evangelio: caso abierto”, es el título con que Darío Menor, haciendo gala de estratégicos e indiscretos confidentes en Roma, abre su artículo acusatorio a respecto de esta Asociación Privada de Fieles que se está volviendo famosa, aunque parezca increíble, gracias al fuego inclemente de sus detractores.



Es menester hacer un poco de memoria sobre los últimos golpes de esgrima intelectual entre un órgano de prensa católico en España y los Heraldos del Evangelio.

El primer artículo que publicaron sobre la Asociación se titulaba: “Heraldos del Evangelio: examen vaticano a fondo” (21/10/19). En él se describían los siguientes tópicos como justificativos del comisariamiento impuesto por la Congregación de Religiosos a la Institución. He aquí la catilinaria: Alienación parental, abusos de poder, práctica de exorcismos irregulares, desviaciones eclesiológicas con falta de aceptación del Papa, recogida de donativos sin autorización del obispo diocesano, deficiencias en la formación académica ofrecida en sus escuelas, intimidación a quienes pretenden abandonar la institución y culto fanático al fundador.

Los Heraldos del Evangelio fueron consultados sobre la materia y sus explicaciones fueron publicadas el mismo 21/10/2019. En un texto sencillo y claro se respondía a las acusaciones presentadas por el periodista Menor.

El debate, tras el esclarecimiento debido, debería haber cesado. Pero, por lo visto, alguno de los confidentes privilegiados del periodista, al ver desmontada pieza a pieza su ‘demoledora’ argumentación, perdió el sosiego; pues, si de hecho los motivos alegados no eran pertinentes ni aún suficientes, ¿correría la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA) el riesgo de quedar ante los lectores de Vida Nueva como inhábil o arbitraria? La respuesta se la dejamos al lector, pero, en todo caso se non è vero, è ben trovato

En el caso de que la hipótesis fuese verdad, se haría necesario, más aún, acuciante, motivar de nuevo –sería el segundo intento…– el comisariamiento ya “decretado”. En términos populares, urgía lavarse la cara. Para ello el pajarito romano abrió de nuevo su pico de oro –que nunca lo debería haber abierto por el sigilo de oficio– a fin de dar un nuevo cante contra los Heraldos. Esta vez, sus razones deberían ser más contundentes, escandalosas, definitivas. ¿De qué echar mano? La maquiavélica pluma de Menor encontró en los viejos laxistas su leitmotiv: Cum finis est licitus, etiam media sunt licita, o sea, cualquier método es bueno desde que se alcance una finalidad considerada buena. En consecuencia, incluso utilizar la máquina del fango y profetizar condenas inquisitoriales, como esas de tiempos de San Pío V, podrían servir a fin de justificar lo injustificable. ¡Y eso que estamos en plena primavera profética: en la era de la misericordia!…

Semejanza de métodos… ¿semejanza de metas?

Causa no poca perplejidad notar cierta semejanza de estilo entre el artículo escrito por Menor y la actual campaña de difamación anti-religiosa sufrida por los Heraldos en algunos países en que su acción es más patente e incómoda para ciertos poderes. Noticiar acusaciones graves, sin motivos suficientes y sin antes haber verificado su fundamentación y credibilidad –condimentando aún la narración con detalles morbosos– es un método moderno de condenar la víctima a una especie de damnatio honoris popular, aun antes que la justicia haya concluido su curso. Que eso lo haga la prensa adversa a la Iglesia ya es criticable, pero que, en buena medida, un periodista lo ponga en práctica en un medio de comunicación católico, sorprende y entristece.

La meta de la prensa laicista es, sin duda, desprestigiar a la Iglesia, sus valores, su fe. Séanos permitido preguntar: si en el caso que nos ocupa hay semejanza de métodos, ¿habrá también semejanza de metas? ¿Estamos ante la enésima tentativa de católicos, movidos por una especie de esquizofrenia suicida, de auto-demoler el sagrado edificio que les cobija con su materna protección? Los Heraldos son Iglesia tanto cuánto la comunidad periodística de Vida Nueva, entonces, ¿cómo explicar el uso de métodos dignos del volterianismo aggiornato en páginas que deberían presentarse ante el público honestas y regadas con agua bendita? Sí, en este triste juego de esgrima que vulnera y mata, vemos a un miembro de la Iglesia que traspasa a otro… Finalmente, la herida es la misma Iglesia.

Tanto más que la vida consagrada, sobre todo en Europa, desciende en caída libre. Las órdenes antiguas, que poblaron el firmamento de la Esposa de Cristo con las glorias de sus santos, hoy en día sufren grave crisis vocacional. Duele decirlo, pero es la verdad conocida como tal. En este contexto, si una publicación católica se dedica a destruir ramas que dan flor y fruto, ¿qué será del árbol, en buena parte ya seco?

Haciendo constar que la iniciativa del ataque ha sido hasta ahora siempre por parte de Vida Nueva, permítasenos rebatir con franqueza y sin medias tintas el reciente golpe. En primer lugar, respondemos a las acusaciones que se concentran en dos grandes grupos temáticos: los supuestos abusos contra menores y la devoción que los miembros profesan al fundador.

“Quien declara la verdad, descubre la justicia; el testigo mentiroso, la falsedad” (Proverbios, 12, 17)

Al respecto de las acusaciones de supuestos abusos de menores, la Institución, por respeto al sigilo judicial y a la integridad moral de las personas involucradas, debe ser cautelosa. En todo caso, se reafirma que “con el favor de Dios, no hay abusos sexuales”. Sin embargo, ciertas observaciones genéricas tienen cabida:

  1. Algunas denuncias mencionadas por la Revista han sido ya analizadas por las autoridades judiciales, con la plena y transparente cooperación de los supuestos implicados, y consideradas impertinentes o incluso falsas. Una de ellas ha constituido ipso facto reato de difamación y calumnia para el/la demandante. Las autoridades eclesiásticas han sido puntualmente avisadas.
  2. Las otras dos denuncias están ya bajo la jurisdicción del tribunal penal. Las acusadoras han sido denunciadas ante la justicia y sus procesos corren ya por las vías legales. De ello se dará también cuenta a las autoridades eclesiásticas competentes.
  3. Es necesario notar que han sido características bastante generales de las crónicas acusatorias la contradicción interna del propio relato o de las diversas declaraciones a órganos de prensa por parte de los acusadores; y, así mismo, la contradicción de los datos proporcionados en las denuncias en relación a los hechos que emergen de documentos debida y prudentemente guardados en archivo por la Institución. A su tiempo se informará a la opinión pública. Por ahora, ni siquiera el derecho a la buena fama – menoscabada por la violación del sigilo profesional del informante romano de Menor – nos consiente brindar mayor número de detalles, aunque hablarían todos a nuestro favor. A los Heraldos les gusta ser serios.
  4. Por último, hay que llevar en consideración que la reducida ola de denuncias no ha sido espontánea como quizás se pretenda presentar. Ya hay suficientes pruebas que apuntan a la existencia de un grupo delictivo organizado con intención de destruir la obra de los Heraldos. Este grupo recluta miembros en las redes sociales, llega a ofrecer dinero y adapta o modifica los relatos enviados por las supuestas víctimas. Según registran diversos testimonios, tal grupo, cuyo radio de acción es principalmente Brasil y otros países de las Américas, podría ser coordinado a modo de marioneta por una mano misteriosa localizada en la caput mundi. Será deber de los Heraldos presentar in tempore opportuno los resultados de estas perquisiciones que se están llevando a cabo con rigor profesional, para que la verdad nos haga libres.

“In sanctos, qui sunt in terra, inclitos viros, omnis voluntas mea in eos” (Sal 16, 3)

“En los dicasterios vaticanos preocupa especialmente la devoción que los miembros profesarían al fundador”, así reza una de las llamadas del artículo de Menor. A propósito de este asunto se trató con suficiente claridad en la anterior respuesta dada a Vida Nueva. En efecto, desde el punto de vista doctrinal, canónico y litúrgico, este tema también se abordó en el dossier de 572 páginas que los Heraldos presentaron a la CIVCSVA. Nada hay en ello contrario a la sana doctrina católica. La dulía en su sentido teológico está expuesta en la Suma de Santo Tomás. Es una virtud derivada de la justicia, y no constituye un monstruo de siete cabezas. Quien desee profundizar sobre ella tiene a su disposición la sabiduría del Aquinate que hace siempre bien a la mente y al corazón.

El hecho de que Menor repita una imputación ya respondida con anterioridad quiere decir una de dos: o estamos en un diálogo de sordos, improductivo desde el punto de vista intelectual; o el sólo hecho de presentar los abusos sabía a poco, y hubo que rellenar la bandeja con lo sobrado de ayer… Pero, para darle un toque de recién cocido, además de recalentarlo, se hizo necesario echarle algo de sal. Sí, según una de las supuestas víctimas, el culto al Fundador sería… ¡fanático! Aquí llamamos en causa a Pilatos y, parafraseando uno de sus diálogos con Jesús, preguntamos: ¿Qué es ser fanático? El término fanático es muy usado, pero pocos conocen su origen etimológico latino que hace referencia a los adeptos a un solo templo o Dios en tiempos de politeísmo. Una especie de monoteísmo avant la lettre. En ese sentido, los judíos han sido siempre fanáticos, y los católicos también al adorar a un único Dios.

Pero, volviendo a nuestro caso: Los Heraldos, por ejemplo, en algunas de sus casas mantienen la adoración eucarística perpetua, ¿culto fanático? Recitan el Santo Rosario completo, ¿devoción mariana fanática?… Entre ellos, el papel del fundador y de los inspiradores de la propia espiritualidad es de enorme importancia, pero justamente porque conducen a una práctica de piedad eucarística y mariana rebosante de vida, así como al sincero amor a la Iglesia.

Heraldos del Evangelio/ArchiMadrid

Por otra parte, séanos permitido resaltar que, en la hodierna coyuntura eclesial, sabe a escándalo farisaico por parte de Menor sentir escalofríos por el respeto y la deferencia dedicadas a un fundador en la Institución por él erigida, y permanecer neutro ante otros tipos de pseudo-culto por lo menos extraños y ajenos a lo católico a los que hemos asistido recientemente. Delante de un panorama católico tan trastornado por los pecados de los hijos de la Iglesia, ¿es necesario enumerar actitudes bizarras y escandalosas que rayan, por decir poco, en la idolatría? Por tanto, cabe preguntarse: ¿no hay cuestiones más graves, urgentes y perniciosas de que preocuparse antes de apresurarse a quitar una sospechada paja del ojo de los Heraldos? En ese caso, ¿por qué no poner en práctica el Santo Evangelio?

Otras acusaciones múltiples y genéricas…

La pluma de Menor aún enumera otras acusaciones relativas a “práctica de exorcismos irregulares y a la alteración de los contenidos de la fe para conseguir manipular a las personas”. También, afirma aún el periodista Menor, “se estudiará algún episodio de presunto suicidio inducido”.

En su mayoría estas cuestiones fueron esclarecidas en nuestra anterior respuesta. Por amor a la verdad, sin embargo, expondremos algunas consideraciones puntuales a este respecto.

  1. No hubo práctica de exorcismos irregulares como ya se explicó. Además la gran mayoría de las personas beneficiadas por las bendiciones de cura y sanación dadas por los sacerdotes de los Heraldos han dejado su testimonio de gratitud. Tales documentos, numerosos, han sido enviados a la CIVCSVA. Aquí cabe una cuestión: ¿si los frutos han sido buenos, no ha de serlo también el árbol? El Evangelio nos enseña que sí.
  2. No tuvimos ninguna noticia de alteración en los contenidos de la Fe por parte de la Institución o por alguno de sus miembros a lo largo de todos nuestros años de existencia, ni aún apareció el mínimo atisbo de ello durante la Visita Apostólica. Por desgracia, otras órdenes han visto incluso a alguno de sus miembros afirmar en público cosas contrarias al Dogma, ¿el periodista Menor se ha preocupado en escribir alguna materia a respecto? Si la respuesta es negativa: ¿Por qué dos pesos y dos medidas? ¿No estaremos ante una versión sacralizada del cinismo de Somoza, el dictador nicaragüense que decía: “a mis amigos plata, a mis enemigos plomo”?…
  3. El supuesto caso de suicidio inducido, que en realidad no pasa de ser una triste muerte accidental, ya fue analizado y tipificado por las autoridades civiles. El testimonio del padre de la hermana fallecida, publicado en internet con más de trescientos mil accesos, desmiente todo género de sospechas. La documentación relativa al caso fue entregada in tempore opportuno a los Visitadores Apostólicos. En este punto, surge otra duda: ¿habrán leído en la CIVCSVA la respuesta de los Heraldos con 572 páginas sobre estos y otros asuntos levantados por un pequeño grupo hostil a los Heraldos?

La “vexata quaestio” de un “decretum infectus”…

Menor sigue haciendo volar su pluma con una capacidad excepcional de pintar en colores surrealistas la verdad de las cosas. Asegura el periodista de Vida Nueva que los Heraldos “rechazaron el comisario”. Incluso su fuente vaticana, el pico de oro, vuelve al cante con la señalación de que “los Heraldos no quieren obedecer”. Por eso desde Roma manifiestan querer hacerse con las riendas de la Institución cueste lo que cueste, a fin de “reformarlos desde dentro”.

Lo interesante es que Menor reconoce, citando a Baura, que la autoridad eclesiástica competente no tiene poder para comisariar una Asociación Privada de Fieles. Queda, entonces, manifiesto el golpe de puño sobre la mesa de quien detenta el poder nominor quia Leo, pues, según Menor, “en la Santa Sede hay pleno convencimiento de que existen herramientas jurídicas para hacerse con las riendas de los Heraldos”. Y no importa si es Asociación Privada o Pública: “la intervención va a seguir adelante”…

Según el dicho de Nasón: “inde datae leges, ne fortior omnia posset – las leyes están para que el poderoso no pueda todo”… Los Heraldos, como queda meridianamente claro en su comunicado de prensa, no han rechazado al Comisario, incluso lo han acogido con veneración y respeto en cuánto eminentísimo cardenal de la Santa Romana Iglesia. Sin embargo, han observado un lamentable traspié en el Decreto que lo invalida por grave error de persona jurídica y han apelado al derecho. La Institución no tiene culpa de la mala praxis ejercitada por la Congregación.

De otra parte, tan fuera de lugar no ha debido ser tal actitud de los Heraldos, basada en una sólida argumentación jurídica, cuando hasta el mismo auxiliar del Comisario – durante años secretario del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos – les ha confirmado que la objeción es admisible. He aquí sus palabras: “En cuanto a la situación de la Asociación Heraldos, voy a preparar una carta [para la Santa Sede] a fin de explicar que efectivamente existe una objeción admisible, referente a la naturaleza jurídica de la Asociación y al tipo de intervención posible por parte de la autoridad competente. La cuestión de la naturaleza privada de la Asociación es la verdadera y pertinente objeción sobre el tema”.

Para concluir…

La Asociación Heraldos del Evangelio está aún a la espera de una concreta y objetiva presentación de esa temible serie de “presuntos delitos, pecados e irregularidades” mencionada por Vida Nueva en la pluma de su periodista Menor. Mientras tanto, el Comisariamiento de los Heraldos sigue siendo una incógnita…