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Editorial

Un curso especialmente difícil

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EDITORIAL VIDA NUEVA | Como cada año por estas fechas, bullen ya los colegios tras meses de silencio, de descanso y de vacío, meses sin docencia pero con importantes decisiones que afectan a ella. Comienza el curso 2012-2013 para millones de alumnos con un denominador común, la crisis económica. Una situación que, según decían casi un año atrás nuestros actuales gobernantes, no iba a afectar a la educación.

Pues bien, los recortes han llegado también a lo que parecía intocable y se han reducido los recursos económicos dedicados a todos los centros, a los públicos y también a los concertados, que sufren especialmente las consecuencias de los ajustes y que sobreviven gracias, sobre todo, al apoyo de la institución que tienen detrás.

En el caso de la concertada, la supervivencia económica es uno de los principales retos a afrontar. Ya lo manifestó el pasado mes de julio Escuelas Católicas cuando alertó de que había dudas en torno a la viabilidad de algunos de sus centros por las medidas de ajuste del Gobierno.

Todo esto, se suma a una demanda histórica de estos colegios: que el concierto se ajuste al coste real por alumno. Distintos costes –la pública cuesta el doble– pero el mismo ajuste.

A toda esta incertidumbre, hay que añadir una nueva reforma educativa que, aunque pueda ser necesaria, quizá no es el mejor momento para llevarla a cabo. Sin recursos, recortando en profesorado, no se puede poner en marcha un cambio de modelo; sin los que tienen que ser protagonistas en esa tarea, no habrá resultados ni a corto ni a largo plazo.

Y, finalmente, se suman los viejos problemas, como la autonomía del centro, la libertad de elección de los padres y cuestiones más burocráticas, además de los debates ideológicos.

¿Por qué una plaza en un centro público
cuesta el doble que en un centro concertado?
¿Por qué muchos padres siguen confiando la educación
de sus hijos a colegios concertados de titularidad religiosa?

En esta lucha partidista es habitual el ataque a la escuela concertada, sobre todo de iniciativa religiosa, aunque quien la ataque –sea un político o se haga a través de un informe– sepa lo que un centro de estas características ahorra al Estado, además de dar cumplimiento a la Constitución.

Se intenta hacer creer que los conciertos son un privilegio de instituciones de la Iglesia, cuando se trata de un servicio a los ciudadanos; o se difunde que tienen beneficios a costa del erario público, cuando debieran ser modelo de gestión para tantos y tantos centros públicos ahora en tiempos de recortes.

Hay muchas preguntas que debiéramos hacernos y hacer a quienes nos gobiernan: ¿por qué una plaza en un centro público cuesta el doble que en un centro concertado? ¿Por qué son muchos los padres que siguen confiando la educación de sus hijos a colegios concertados de titularidad religiosa?

Preguntas que pocas veces salen a la luz del debate político y cuya respuestas sería de gran utilidad. Lo importante es la educación de nuestros hijos, una educación que nos convierta en una sociedad mejor y nos ayude a salir de esta situación.

Con menos educación, no dejaremos la crisis atrás. Por eso, es importante que el Gobierno y las administraciones agoten todas las vías antes de tocar la educación, rectifiquen y así apuesten por el futuro, la educación.

En el nº 2.814 de Vida Nueva. Del 8 al 14 de septiembre de 2012.

 

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