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Portada Donne_Chiesa_Mondo_nº 79

Familia

Este número de Mujeres, Iglesia, Mundo es una invitación a dejar de lado estereotipos sobre la familia como que es perfecta e intocable, que está destruida, que es un refugio, que no merece la pena, que ‘gracias a Dios que siempre está’ o que ‘ya no es lo que era’.



Podemos explicar qué es la familia con una imagen de Chiara Giaccardi en diálogo con Marco Girardo. La familia es una danza, una coreografía imperfecta, frágil, pero siempre en movimiento, que es la esencia de la vida.

En esta danza, los personajes se transforman, se unen nuevos y otros desaparecen para después volver de otra forma. Los abuelos, ahora casi sustitutos de unos padres ocupados, se dividen entre su papel tradicional y el que les ha tocado asumir ante la falta de una red estatal articulada para ayudar. Los tíos y las tías ofrecen “instrucciones para la vida”. Los animales domésticos tienen una nueva importancia y, en consecuencia, invitan incluso a repensar su rol desde el punto de vista teológico.

Matisse

Sí, la familia es una danza, impredecible y fantasiosa, no siempre festiva y a veces trágica, en la que se mezclan las raíces con la vida cotidiana, la tradición con la modernidad y la religión con la historia. Veremos qué es la familia para el judaísmo y para el islam, en qué se ha convertido para la Iglesia católica después del Concilio de Trento, si es posible pensarla como entonces o requiere un paso dado que hoy, en Occidente, las cunas están cada vez más vacías por el miedo y la incertidumbre de cara al futuro o si la familia es aquella que para existir necesita importar el amor y el cuidado de personas que vienen de lejos y que deben, por ello, abandonar a los suyos. El amor en el mundo moderno se mueve, se importa y se exporta de una familia a otra.

Invitación a la paz

La danza se vuelve trágica cuando la guerra nos muestra familias que viven entre las bombas. Son imágenes de familias rotas, de eternas esperas en las estaciones ucranianas, de despedidas de mujeres y niños a esposos y padres que se quedan para combatir. Todo ello sin ninguna certeza de que volverán a encontrarse. La guerra separa a jóvenes y a adultos, quién sabe cuántos nietos no volverán a ver a sus abuelos, cuántos niños se separarán para siempre de sus padres o cuántas parejas dejarán en suspenso una vida en común.

Aquí la música cesa y la danza expresa solo dolor, solidaridad y una urgente y necesaria invitación a la paz. (DCM)

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