Raquel Lara, secretaria de la JOC
Secretaria de la JOC

¡Vivir al aire de Jesús!


Compartir

La espiritualidad cristiana es la forma concreta, el talante, el estilo de vida que tenemos los cristianos de afrontar la realidad desde los valores del Evangelio, movidos por el Espíritu de Jesús.

Ser personas de Espíritu significa por tanto ser personas con capacidad de ponerse a la escucha de Aquel que dentro de nosotros susurra incansablemente que Dios es Amor y que la vida está habitada por un “Misterio acogedor” a quien Jesús llamó “Abba-Padre”.

Significa experimentar que somos incondicionalmente amados por el “Padre-Madre-Dios”, antes y más allá de nuestras buenas o malas obras, y que ese Amor es el que posibilita dentro de nosotros el amor, el gozo y la entrega.

Reconstruir la vida

Significa también estar convencidos de que la muerte no tiene la última palabra, sino que la primera y la última palabra es de ese Misterio de Amor revelado en Jesús. Ser personas de Espíritu es confiar y esperar que, en su día, ese Misterio de Amor reconstruirá la vida y el sentido de todos/as, también de aquellos/as que en este mundo se les ha despojado de ambas cosas.

Significa vivir sin angustia el presente comprometidos en la promoción del “proyecto humanizador del Reino” con la confianza puesta en el “Padre-Madre-Dios”.

Jesucristo es la “humanidad de Dios”, en Él Dios asume todo lo que de verdaderamente humano hay en la historia, es el lugar por excelencia de la apertura y el encuentro del ser humano con Dios, por Él hemos recibido el regalo del Espíritu que actualiza continuamente en nosotros la novedad de Jesús y mantiene vivo en nosotros su recuerdo.

Recrear la buena noticia

Y es que hay recuerdos que paralizan, pero hay recuerdos que dan vida y que nos hacen vivir creativamente. El recuerdo de Jesús, “hacer memoria de su vida”, es la posibilidad de vivir desde el Espíritu que lo movió a Él, hacer su camino y “recrear” su buena noticia, por eso, “fijar nuestros ojos en Jesús” es condición sin la cual no es posible la vida cristiana.

Mirándolo, siguiéndolo descubrimos que Él realiza su humanidad en actitudes y comportamientos tales como: salir al encuentro de los alejados, acogiendo a los excluidos, rehabilitando a los descartados, sanando a los enfermos, procurando el consuelo a los tristes y abatidos, compartiendo la mesa con los marginados y los pecadores, liberando a los oprimidos, siendo buena noticia para los empobrecidos.

Implicarse en los problemas

En este contexto de globalización “neoliberal-capitalista” en el que las relaciones entre los pueblos adquieren un carácter planetario y en el que todos estamos causalmente implicados en los problemas de los empobrecidos, en un momento en el que además el individualismo y la indiferencia es una amenaza continua en nuestra sociedad, el seguimiento que configura la espiritualidad cristiana tiene que ser el resultado de nuestra “identificación con Cristo”, y por lo mismo debe de asumir la opción por los empobrecidos y la causa justa de su liberación integral y, por lo mismo, debe contemplar el ejercicio de la caridad política.

En el mundo actual, marcado por la injusticia estructural y la globalización capitalista, el seguimiento de Jesús nos está urgiendo a la encarnación en el mundo de los pobres, la inserción real y verificable, no solamente intencional, y a la práctica liberadora del proyecto humanizador del Reino en la lucha por la justicia que sigue siendo buena noticia para los empobrecidos y excluidos del sistema.

Opción por los pobres

Por tanto, “Encarnación” en el mundo de los pobres, “solidaridad activa” con su causa y “participación” en su destino, son los tres elementos fundamentales de la opción por los pobres. Opción que es para todos los creyentes, también para los que son pobres.

Ellos no tendrán que encarnarse en el mundo al que ya pertenecen por origen, pero tendrán que asumir libre y conscientemente su causa y participar en la lucha por su liberación desde el Espíritu de las bienaventuranzas, pero además el seguimiento de Jesús tiene también una inevitable dosis de conflictividad que nos permite participar en su destino crucificado que es también el de los empobrecidos de la tierra.

Actualizar en nosotros las actitudes y sentimientos de Jesús -las bienaventuranzas- es obra del Espíritu que nos permite entrar en relación con Él, tarea esta que se alimenta y sostiene en el “ejercicio de la contemplación” y en el “compromiso militante” y que es posible tener en cuenta y cuidar también en el tiempo de vacaciones, que para muchos militantes cristianos se convierte en una buena ocasión para avivar el “aire fresco del Evangelio”, para vivir “al aire de Jesús”.

Signo de esperanza

Porque “todo contribuye para bien de los que creen” siempre es momento oportuno para ejercitarnos en la conversión del corazón y en la praxis liberadora, también las noticias que nos llegan de los/as hermanos/as que emigran poniendo sus vidas en peligro buscando unas mejores condiciones de vida son una invitación a comulgar con la vida de Jesús, con su talante, con sus actitudes y sentimientos, con su causa liberadora, incluso con su destino si queremos ser buena noticia para los últimos y excluidos, si queremos ser signo de esperanza y germen de la humanidad nueva y no ser cómplices de la injusticia estructural que extiende sus tentáculos de muerte por todo el planeta.

Necesitamos militantes con Espíritu, pues estamos convencidos de que solo si nos mantenemos abiertos al Espíritu podrá surgir una espiritualidad liberadora, ya que solo esta “fuerza divina” tiene poder para identificarnos con Jesús, el profeta de los pobres que vino de parte de Dios y constituirnos en germen del “cielo nuevo y la tierra nueva” que Cristo ya ha inaugurado para todos/as, solo este Espíritu puede convertirnos en soplo de aire fresco, en signo de esperanza.

Feliz descanso al “aire de Jesús”.