.


José Lorenzo, redactor jefe de Vida Nueva
Redactor jefe de Vida Nueva

Destete laicista


Compartir

José Lorenzo, redactor jefe de Vida NuevaJOSÉ LORENZO | Redactor jefe de Vida Nueva

No falla tampoco en los representantes de los partidos emergentes surgidos del 24-M. Meterle el dedo en el ojo a la Iglesia es como un rito iniciático, una especie de destete tras la lactancia ideológica, la prueba del fuego del dogmatismo laicista. Está sucediendo con ardor renovado incluso en aldeas y pueblos, donde un cargo público, si asiste a una procesión, es bajo su entera responsabilidad, como fumar o beber. Acabarán advirtiendo por bando que acompañar los pasos de Semana Santa puede perjudicar gravemente la salud e ilustrándolo con llagas de costaleros o moratones de penitentes.

Llegar al sillón y ponerse a desbautizar calles, remover huesos, reclamar propiedades y escaquearse de ofrendas en donde no se invita a título personal, sino como representante de una comunidad todavía con fuerte sensibilidad religiosa, es todo uno. Es cierto que presentadas estas credenciales, el sarpullido remite. Se trata de marcar el territorio, de restregar el lomo en la puerta del Obispado, como para recordar quién manda cuando se sale por ella a la calle…

Le pasó a un prelado al que fueron a visitar las nuevas fuerzas vivas. Nada de crucifijos en edificios públicos. ¿Pero todavía hay? Nada de asistencia a procesiones ni ceremonias religiosas. Pero si el pueblo es muy devoto de sus tradiciones…

Eso sí, de vez en cuando, nos gustaría contar con su consejo y colaboración. Por supuesto, como siempre. De alguna manera le pasó también a Rita Maestre, aunque en su caso, el destete fue previo a tocar poder. La montó en un asalto a una capilla. Luego, ya ella con cargo público, acto de contrición recordando las “millones” de misas a las que había asistido.

Por fortuna, la Iglesia no entra hoy a las provocaciones y sigue con su tarea en un país que se ha convertido en un reducto decimonónico de anticlericalismo. Ni siquiera Tsipras, el azote de toda ortodoxia, se atreve a tanto y tuvo que contentarse con un “pues yo no me santiguo” en la jura de cargos de sus ministros ante las barbas de un puñado de popes… Y si consideramos a Grecia un ejemplo también sui géneris en esto, porque es verdad que igual se pasan por el lado contrario, mírese en cualquier país de nuestro entorno para ver hasta qué punto España se está convirtiendo en el parque temático del anticlericalismo más rancio.

En el nº 2.951 de Vida Nueva

Más columnas de José Lorenzo